Por: Carlos Santamaría Ochoa12/11/2011 | Actualizada a las 14:20h
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Muchos de nosotros
optamos por conseguir música, videos, fotografías o textos en forma gratuita,
sin pensar en que, independientemente que son obras universales, a alguien le
costó trabajo hacerlas, plasmarlas y de eso viven muchas personas. La industria
del arte es inmensa en el mundo y da de comer a millones de personas en el
orbe, por lo que, cualquier agresión a sus ingresos y forma de subsistencia es
una agresión a una buena parte de la humanidad.
En ese sentido, la palabra “pirata” toma una connotación distinta a la que
concebimos cuando niños: hace algunos calendarios no había más pirata que
Morgan o el Capitán Garfio, aquel que afanosa e inútilmente buscaba a Peter Pan
para vengar el que se hubiera quedado sin mano y utilizara un garfio. Otros
piratas han aparecido en la historia, como los delincuentes de Somalia y otros
países que zurcan los mares secuestrando, robando, matando, como otros tantos
delincuentes en el mundo.
El término nos ocupa con un significado distinto: decía David en una ocasión:
“imagina que tomas un foto única, la subes a una página y alguien la copia y la
imprime para exhibirla en casa… ¿cómo te caería?” Fue cuando decidí no comprar más
música pirata, es decir, sin el pago correspondiente de los derechos de autor,
al igual que películas y obras literarias.
Pagar por lo que se tiene es lo más justo. No concebimos no pagar porque
seríamos como aquellos delincuentes que toman lo que no es suyo para hacerlo
propio, y de los que la impunidad ha hecho que proliferen en nuestros días… y
nuestras calles.
2 de cada cien piezas musicales en España son legales, contra las 98 que se
bajan por Internet y otras opciones sin el pago correspondiente, lo que implica
una pérdida aproximada de 2 mil 746 millones 400 mil euros; en el caso de las
películas, un 73.9 por ciento es ilegal, y supone una pérdida de mil 401
millones 600 mil euros. En cuanto a video juegos, 61.7 por ciento hace que se
pierdan 288 millones 200 mil euros y, finalmente, en libros digitales, 793
millones 200 mil euros significan el 49.3 de las obras que se roban a través de
la red. Esa es la realidad de lo que ocasiona la piratería en el país ibérico;
hay que imaginar lo que cuesta en el mundo entero.
La piratería costó en el primer semestre de 2011 a España 5 mil 229 millones
400 mil euros, pérdida que se transfiere a casas impresoras y productoras,
autores, agentes y todas esas personas que viven de este tipo de actividades.
Nada justo, sin lugar a dudas.
Y todavía nos quejamos de la ilegalidad de los gobiernos o de que se hacen las
cosas inadecuadamente, pero seguimos bajando música “gratis” o películas sin
coste. Entendamos de una vez por todas que todo tiene un coste, y en ocasiones
es demasiado elevado, porque la gente que está involucrada en estas industrias
no gana y no lleva pan a su casa. Así de claro y sencillo.
Motivados por la Coalición de Creadores e industrias de contenidos, se presentó
el llamado Observatorio de Piratería y Hábitos de Consumo de Contenidos
Digitales que arrojó los datos espeluznantes que presentamos; hoy, estos
significan crisis en una industria o serie de industrias que nos hacen pasar la
vida más fácil y olvidar el gran coste que significa para la sociedad.
Nada sale sin coste, lo tenemos más que cierto.
¿Qué se puede hacer? Muchos países tratan de legislar sobre el uso de la
Internet pero no es nada fácil porque no hay fronteras ni límites: igualmente
se puede estar manejando información de Libia en un servidor de China, o
podemos tener datos de España en un servidor mexicano, lo que dificulta la
aplicación de una legislación justa: cada nación tiene sus parámetros para
medir la justicia y muchas veces chocan unas ideas con otras, lo que convierte
lo anterior en un insalvable problema que se complica cada día más.
Autoridades y afectados tratan de hacer algo para evitar la piratería, sin
embargo, hoy por hoy es difícil pensar en una solución definitiva. Tendríamos
que hacer, primeramente, gala de ética y principios de equidad para respetar el
trabajo de los demás y pagar por él.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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