Por: Carlos Santamaría Ochoa10/11/2011 | Actualizada a las 16:51h
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En
forma despectiva nos referimos a ellos, cuando son la base de nuestra familia,
nuestros orígenes… nuestra forma de ser. Los “viejos” son uno de los más
grandes tesoros que puede aquilatar un ser humano, sin duda alguna.
Algunos se quejan y dicen: “para allá vamos todos” y es cierto: no hay ser
humano que pueda superar los niveles de criminalidad que no llegue a viejo, es
lo más normal. Se ha tratado de dar distintas connotaciones al término, pero
nosotros hemos preferido mantener el tradicional: “viejo”, en el sentido de
referirnos así a esos seres maravillosos que nos regalan experiencia y cariño,
conjuntadas en una sola existencia: la suya.
Y mire lo injustos que somos: cuando pequeños, los padres nos cuidan y muchas
veces estamos con los abuelos para recibir mimos y ser consentidos; los abuelos
son la parte de ternura de toda familia, con sus muy pocas excepciones.
El IMSERSO español, algo así como el INSEN de México, publicó una obra titulada
“El libro blanco del envejecimiento” y maneja estadísticas interesantes: el
72.5 por ciento de los abuelos cuida niños. Es tal el porcentaje que espanta un
poco, sin embargo, en nuestras casas acudimos a los abuelos para que nos
“ayuden” a cuidar a los peques, dejando a veces más tiempo del que pueden
aguantar ellos, porque tenemos que entender que en cierta etapa de la
existencia nos hacemos poco resistentes a la energía de los niños, más, cuando
son muy pequeños y quieren comerse el mundo en un segundo.
Uno de cada cuatro, es decir, el 24.9 por ciento cuida de sus nietos mientras
los padres trabajan; preferimos dejarlos a los abuelos que pagar por alguien
que se haga cargo en esas horas, aduciendo que están mejor cuidados o que al
menos no los tratan mal. El 55.7 por ciento de éstos, son mujeres y el 44.3
varones, o sea, más abuelas que abuelos cuidan de los nietecitos.
9 de cada 10 rondan edades entre los 65 y 79 años, y casi la mitad viven aún
con su pareja. El 45.4 por ciento tiene esa maravillosa oportunidad, en tato
que el 54.6 por ciento son viudos o viven solos simplemente.
43.3 por ciento de los abuelos cuidan todos los días de los niños, sin embargo,
el IMSERSO llama la atención de los padres, porque aseguran que según los
estudios, puede haber problemas de comportamientos emocionales, tanto en los
abuelos como en los niños, donde se presentan estos conflictos de su forma de
desarrollarse, porque no es muy sano que digamos que dejemos a los abuelos de
cuidanderos de niños: hay que entender que ellos cumplieron su misión como
padres y no es nada justo que les deleguemos esa responsabilidad que quienes
traemos hijos al mundo tenemos que enfrentar, trabajemos o no, porque,
finalmente, son nuestros hijos.
Se les llama personas con experiencia acumulada, ancianitos, abuelitos,
personas de la tercera edad, pero siguen siendo “nuestros viejos”, esa parte de
experiencia y ternura que todos tenemos y se conjuga con los años.
Y es aquí que queremos compartir con nuestros lectores la siguiente bendición
del anciano: “Benditos los que son capaces de comprender que me
tiembla el pulso y que mis pasos son lentos y vacilantes.
Benditos los que se acuerdan de que mis oídos ya no oyen bien y que a veces no
entiendo todo.
Benditos los que saben que mis ojos ya no ven bien, y no se impacientan
cuando se me cae algo de las manos y se rompe.
Benditos los que no se avergüenzan de mi torpeza al comer y me hacen un
lugar en la mesa familiar.
Benditos los que me escuchan aunque les cuente mil veces el mismo cuento, o
los mismos recuerdos de mi juventud.
Benditos los que no me hacen sentir de más y me demuestran su afecto con
delicadeza y respeto.
Benditos los que encuentran tiempo para estar a mi lado y enjugar mis
lágrimas.
Benditos los que me tiendan su mano cuando me llegue la noche y deba
presentarme ante Dios.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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