Mediante hábiles acciones de propaganda que operaron sobre el extendido antiyanquismo de la idiosincrasia mexicana, el cardenismo...
Por: Miguel Ángel Sánchez de Armas05/03/2010 | Actualizada a las 00:38h
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1. Los corridos del petróleo Mediante hábiles acciones de
propagandaque operaron
sobre el extendido antiyanquismo de
la idiosincrasia mexicana, el cardenismopudo insertar
en el imaginario colectivo la idea de que las dificultades del año 1938 eran
consecuencia de una venganza de los
gringos por la expropiación y no producto de políticas económicas equivocadas o de la
lucha de facciones desatada por la proximidad de la sucesión presidencial. El
resultado fue el fortalecimiento y no la deslegitimación del gobierno entre los
sectores populares, gran parte de la clase media y una fracción de la
inteligencia, principalmente de la izquierda.
La expropiación rápidamente
se hizo tema de corridos, la
expresión musical, generalmente anónima, que a la manera de los juglares
difunde entre el pueblo hazañas y sucesos relevantes, y que de acuerdo a
Simmons, es el mejor instrumento para conocer y entender el sentir colectivo
del pueblo mexicano.
Año de mil novecientos /
del treinta y ocho a contar / sucedió lo que enseguida / yo les vengo a
relatar. / El día dieciocho de marzo, / fecha de gran sensación / nacionalizó
el petróleo / el jefe de la Nación.
Este género de expresión
popular históricamente incorpora el sentimientoantiyanqui en muchos momentos
de nuestra historia. Una perspicaz interpretación es de Lewis Gannett, quien al reseñar The
Wind that Swept Mexicode Anita
Brenner, escribió: “Sea que la revolución avance o retroceda […] la
mayoría de los mexicanos se han acostumbrado a que Estados Unidosesté en contra.
[…] Están seguros de que la revolución avanzará, pero que sea suavemente o con
la fuerza de un huracán, dependerá en gran medida de la actitud de los Estados
Unidos. El pueblo mexicano identifica instintivamente a la contrarrevolución
con la influencia norteamericana”. Un diplomático inglés que estuvo involucrado
en el enfrentamiento de las petroleras con el gobierno de México, explicó a su
gobierno en una nota que “el único tema en que los mexicanos de todas las
clases están totalmente de acuerdo es en la convicción de que es un principio
inalterable de la política estadounidense evitar el desarrollo económico y la
consolidación política de su país”. Un historiador norteamericano contemporáneo
propone: “Como un país repetidamente humillado por los Estados Unidos y al
mismo tiempo dependiente económicamente de este país, México ha desarrollado
una cultura política muy sazonada por el anti americanismo… o por lo menos
asentada en un gran escepticismo respecto a los motivos y acciones de los
Estados Unidos”. En una carta fechada el 2 de julio de 1938 en Ciudad Victoria,
Marte R. Gómez confiaba a Jaime Torres Bodet: “Cuando la radio transmitía el
mensaje presidencial y en las conciencias penetraba la idea de que algo grande
acababa de ocurrir, un ranchero de Matamoros se volteó para decirme: ‘Ya el
Presidente se fajó los pantalones; dígale que no se los afloje y aquí nosotros
o nos morimos a balas o nos morimos de hambre, pero no nos rajamos’”.
Durante la guerra de 1847, el
pueblo cantó con ánimo rebosante de
odio hacia los norteamericanos:
Los yankees malvados / no
cesan de hablar / que habrán de acabar / con esta nación.
Y
durante la primera guerra mundial, un olvidado trovador entonó al son de la
vihuela:
Y por esos ambiciosos /
nuestra Patria idolatrada / recordara el pueblo entero / que siempre ha sido
ultrajado / no una sino varias veces / por esa gente ilustrada.
Inexactos como pudieran ser respecto
al detalle histórico, estos corridos sin
duda reflejaban con un alto grado de certeza los temas y la inclinación del
pensamiento popular, y recogían la verdad como el pueblo la percibía. Los cronistas musicales estaban cerca del
pueblo y buscaban adecuar sus canciones al ánimo del auditorio a la que iban
dirigidas. Dice Simmons: “La mayoría de los compositores de corridos viajan de pueblo en pueblo
cantando sus propias composiciones y las de otros en las plazas y en las cantinas. Las exigencias de su profesión
les mantienen en estrecho contacto con las corrientes de opinión, lo que
justifica nuestra creencia de que los corridos,
cuando son adecuadamente interpretados, son importantes documentos sociales e
históricos”.
Mucho antes de la
expropiación los petroleros ya eran tema del corrido. Entre1923 y 1924
se registran varias composiciones que se refieren al intervencionismo
norteamericano a favor de las empresas aceiteras y en contra del gobierno de
Álvaro Obregón:
Los petroleros han jurado / boycotear á este gobierno,
/ el gringo es muy desgraciado / y es nuestro enemigo eterno.
Otro cronista recogió el
sentir de los trabajadores cesados de los campos petroleros alrededor de
Tampico en los años veinte:
Los cesados en Tampico / y también los repatriados /
quieren comer puros gringos / crudos y también asados.
El cardenismohizo de la
expropiaciónun potente y
cuasi-religioso símbolo nacionalista que permeó el fervor popular. Identificó
el acto expropiatorio con el rescate de la Patria, la operación de las
instalaciones con la recuperación del mando sobre la nación y el enfrentamiento
a los poderosos barones del petróleo con la reafirmación de los valores
nacionales: el triunfo del David
católico sobre el Goliat protestante.
El petróleo fue colocado en el altar patrio al lado de la Guadalupana. En su estrategia de comunicación y movilización de
masas, el cardenismo también operó exitosamente en el frente religioso, terreno
de la iglesia católica. Hubo una tregua en el enfrentamiento en torno a la
“educación socialista”. El clero mexicano se sumó al cardenismoy declaró desde
el púlpito que la ayuda para el pago de la deuda adquirida era una medida
patriótica. Bajo la firma de Luis M. Altamirano, arzobispo titular de Bizia, coadjutor de Morelia y secretario
del Comité Episcopal, la revista Christusdel
31 de junio de 1938 publicó una nota titulada “Los Católicos Mexicanos y la
Deuda Petrolera”:
Aunque no ha sido necesaria
ninguna exhortación para que los católicos mexicanos contribuyan generosamente
con el Gobierno de la República a pagar la deuda contraída con motivo de la
nacionalización de las empresas petroleras; juzgando que es oportuno expresar
la actitud uniforme y reflexiva del Episcopado Mexicano en asunto tan
importante, el Comité Episcopal, en nombre de dicho Episcopado, declara que no
solamente pueden los católicos contribuir para el fin expresado en la forma que
les parezca más oportuna, sino que esta contribución será un testimonio
elocuente de que es un estímulo para cumplir los deberes ciudadanos la doctrina
católica, que da una sólida base espiritual al verdadero patriotismo.
Pero contrariamente a una
idea bastante generalizada, la expropiación, con toda esta simbología, no fue una medida
extraordinaria nacida en la trinchera de la defensa de la Patria y al calor del
asedio de un poderoso enemigo. Se trató más bien de un hecho predecible y en
sintonía con la lógica política del régimen cardenista -urgido de consenso
interno- que tuvo la inteligencia política y la audacia para reconocer y operar
-dada la naturaleza estratégica del petróleo en vísperas de la segunda guerra
mundial- en una ventana de oportunidad. Además de los factores
económicos y políticos, da a la expropiaciónpetrolerarelevancia
excepcional la guerra de propagandaque desató. Se debe
estudiar desde la perspectiva de una acción para generar cohesión y apoyo
político internos y no sólo como una acción económica. Llama la atención el que
casi en paralelo al enfrentamiento con los empresarios norteamericanos e
ingleses del petróleo, el gobierno de Cárdenas, por conducto nada menos que del
general Múgica, conducía una difícil negociación con los
concesionarios suecos y estadounidenses de la telefonía, y pese a que también
se trataba de un sector estratégico con grandes capitales invertidos e interés
diplomático de gobiernos extranjeros, este enfrentamiento fue solucionado, si
no amigablemente, sí con cierta conformidad de las partes y sin que adquiriera
las dimensiones de conflicto internacional que tuvo el caso del petróleo.
En la expropiaciónfueron factores
de naturaleza política interna y simbólicos, más que económicos, los que
modularon el desarrollo del conflicto. En 1938 Méxicoya no era uno
de los principales productores de petróleo y de acuerdo con los conocimientos
geológicos de la era sus reservas se encontraban en agotamiento. El
mantenimiento de las instalaciones productivas por parte de las empresas había
sido escaso en años anteriores. Tanto los estadounidenses como los ingleses
habían trasladado el centro de gravedad de su interés a otras zonas del mundo
que prometían rebasar ampliamente las riquezas del subsuelo mexicano. La
proximidad de una guerra mundial había alterado la geopolítica y por ende las
prioridades estratégicas. El conflicto con el sindicato era ciertamente una
incomodidad desde el punto de vista industrial, pero las empresas, como se
vería con el tiempo, siempre pudieron disponer de los recursos para satisfacer
las demandas económicas del gremio y el gobierno de Cárdenasnunca perdió la
capacidad de encauzar la movilización sindical hacia acuerdos de naturaleza
menos radical que la expropiación.
Para las empresas, el
problema de fondo era el temor de que el ejemplo se extendiera a los campos
petroleros de Venezuela, en donde ya de diciembre de 1936 a enero de 1937 se
había registrado la primera gran huelga de la industria en aquella nación.
Ceder a las demandas de los trabajadores mexicanos era mandar un mensaje que
pondría en riesgo las operaciones en Sudamérica. Para el gobierno mexicano, una
solución de medio camino entre las partes no habría bastado para generar el
efecto simbólico necesario para impulsar una movilización popular que blindara
al régimen contra una creciente oposición política doméstica y cada vez mayores
presiones externas. (Continuará)
Profesor – investigador en el Departamento de Ciencias
Sociales de la UPAEP Puebla.
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