Por: Luis Lauro Carrillo08/11/2011 | Actualizada a las 09:23h
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La
ofensiva de Grupos evangélicos encabezada por Luis Armando González Isas,
presidente de la Asociación Civil Conciencia Ciudadana, contra la creación de
la Ley de Sociedades de Convivencia por el Congreso del Estado, que permitiría
la unión de personas del mismo sexo, exhiben de cuerpo entero su intolerancia.
He aquí su oposición:
“El planteamiento de nosotros es una propuesta legal, asimismo tenemos cinco
mil firmas de gente de las iglesias de la ciudad, donde no estamos de acuerdo
en que se legisle sobre la ley de convivencia aquí en Tamaulipas, como la que
promueve el grupo Lésbico Gay, que encabeza Óscar Medinaporque
consideran que va en contra de los principios cristianos”.
Los evangélicos sin rubor alguno se han quitado la
careta, al pretender con su protesta impedir el
ejercicio y respeto de los derechos humanos, a las personas con preferencias sexuales
diferentes, pasando por alto que no se trata de una cuestión de moral pública, sino de igualdad jurídica ante la
leyque en los hechos para los grupos
gay esa igualdad no se ha logrado.
De
ahí que una Ley
de Sociedad de Convivencia establecería un avance en la lucha por la
equidad y tolerancia, ayudará
a tutelar los derechos de esas personas que hoy se encuentran en un estado de
indefensión, independientemente de sus preferencias sexuales.
Además no
sería una norma que pudiera equipararse con el matrimonio, ni pondría en riesgo
a la familia, ni atentaría contra nadie, ni obligaría a pensar de manera
distinta, por tanto no debería verse como una amenaza o agresión.
Por lo que los dirigentes
religiosos evangélicos y de la Iglesia católica, mejor deberían preocuparse más
por dar cumplimiento al artículo 130 constitucionaly a la Ley de Asociaciones Religiosas que por
la Ley de Sociedades de Convivencia y hacia su interior prevenir y/o erradicar
en su caso probables violaciones sexuales pastorales y pedofilia
respectivamente.
Estos grupos
opositores que se resisten a la creación de esta ley, se niegan asumir los
nuevos tiempos que vive la sociedad mexicana, y en particular la tamaulipeca,
quienes estarían obligados poner el ejempló de justicia y de respeto a los derechos humanos,fundamentados en argumentos
que no estén sesgados por los prejuicios y la profunda homofobia que los
inspira.
Caer o aceptar la
intolerancia significa degradarse como personas. Al no aceptar las razones de
grupos minoritarios, al no tener apertura de pensamiento, al cerrarse a luchar
por los derechos de los más débiles, discriminados y oprimidos se cae,
lamentablemente, en la absolutización de intereses personales o grupales.
Conviene señalar que
la ley no sólo beneficiaría a parejas del mismo sexo con una relación
sentimental, sino también a otros ciudadanos que decidan vivir juntos sin
importar su orientación sexual, su edad o sexo.
De tal suerte que
estas personas que por limitaciones económicas decidieran mudarse juntos y
adquieren bienes en común o personas mayores que son abandonadas por sus
familiares cuentan con alguna persona conocida para hacerse cargo de ellos,
estarían protegidas por dicho ordenamiento legal.
También cabe
subrayar que dentro de las restricciones de la sociedad de convivencia,
podríamos citar el no tener derecho a la adopción de hijos y en materia laboral
y de seguridad social no podrían generar derechos derivados de la muerte de un
trabajador, en favor de su compañero o compañera.
Del mismo modo para
la sociedad tamaulipeca debe quedar muy claro que esta propuesta legislativa no
debe confundirse con una "ley gay”
por lo que entendida así generaría muchas resistencias y rechazo al respecto.
Tengamos presente que
en un Estado democrático de derecho, no existe razón, ni fundamento jurídico
alguno, que sustente la falta de reconocimiento de derechos civiles y sociales
a miles de ciudadanas y ciudadanos, por causa de la prevalencia de un prejuicio
más o menos generalizado respecto de la diversidad sexual y afectiva.
Concedamos que una
ley de Sociedad de Convivencia sería un gran paso a la tolerancia y respeto a
los derechos humanos. No fomenta ni impulsa la homosexualidad ni ningún otro
estado en particular y sólo apela a la democracia social, al reconocimiento de
la igualdad y también de la desigualdad de los modelos familiares preestablecidos.
En consecuencia
resulta imperativo construir un marco legislativo expresado en una Ley de
Sociedad de Convivencia para el estado de Tamaulipas que contemple y proteja
las diversas formas de convivencia, erradique y prevenga la discriminación y
promueva una cultura de respeto a la diversidad social.
En definitiva discutir,
y en su caso, aprobar una Ley de Sociedad de Convivencia para el estado de
Tamaulipas representa una verdadera prueba de pluralismo democrático para los
diputados locales, también representa para las personas el reconocimiento del
derecho a la diferencia y a decidir legítimamente sobre sus relaciones
personales
Analista político, autor de la columna Cuestión Pública publicada en el periódico de La Verdad de Tamaulipas, en el portal digita HOYTamaulipas, entre otros
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