Por: Carlos Santamaría Ochoa31/10/2011 | Actualizada a las 15:21h
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Así dicen los gallegos al referirse a los muertos. Es
gratificante ver información de nuestro país que no se relaciona con actos
delictivos, y en este caso, la prensa española da cuenta de la muy legendaria
tradición del día de muertos: los altares con sus alegorías son destacados en
diarios que manejan reportajes, quizá pobres para nosotros, pero que muestran
el orgullo de los mexicanos y el hecho de “conversar” con la muerte desde hace
mucho. La diferencia estriba en que antaño se hacía a través de
los altares que contenían una serie de aspectos, los que nos llevaban a
recordar a los difuntos y, en una creencia muy nuestra, quitar escollos del
camino para cuando vinieran a visitarnos. El camino de cal y pétalos de
Cempasúchil era fundamental para que llegaran a nosotros en tan especial fecha.
También, recordarlos con productos y alimentos que eran de su agrado era
tradición. No faltan los altares de muertos a nuestros grandes músicos y
actores. En el caso del inolvidable Pedro Infante se multiplican hoy en día los
recuerdos, así como para personajes famosos, pero los más importantes quizá
tienen que ver con los nuestros, con la gente que está aun en el corazón y la
mente de cada uno de nosotros y nos ha dejado en este mundo para tratar de
sobrevivir. Decían algunos que los difuntos ya estaban en otro mundo,
sin los problemas que nos aquejan, y que los que sufríamos éramos nosotros. Eso
lo tenemos muy claro, y más hoy en día, porque vaya que se ha multiplicado el
motivo para recordar, que no es lo mismo que festejar. No festejamos a los
fieles difuntos, porque sería algo así como alegrarnos de su partida: los
recordamos con mucho amor y respeto, y evocamos su memoria y recuerdos para que
nos den luz en esta vida que nos ha tocado vivir, pues. Ciertos lugares del país son los que quizá poseen más
argumentos tradicionales en estas festividades. Se recuerdan lugares del estado
de Michoacán y la zona del Bajío donde se llevan a cabo verdaderos eventos
llenos de colorido, con música y todo lo que conlleva a una casi fiesta, y
decimos lo anterior porque la gente hace hasta lo imposible por los suyos, los
que ya partieron, los que están en el camino. Les lloramos muchas veces y no sabemos de qué forma
corresponder. Dicen los que bien saben que la mejor forma de honrar la memoria
de los difuntos es recordarles con una sonrisa, con esas actitudes que nos
llenaban de gusto cuando estaban con nosotros, y además, tratar de evocar sus
virtudes, sus cosas positivas para que sean punto de partida en la nueva vida
que iniciamos. Otros tienen formas distintas de evocar la fiesta de los
difuntos, de os mortos, como escriben los gallegos: suponen algunos que la
muerte es el inicio de una nueva oportunidad, la que tenemos que aprovechar
para renacer en una vida llena de virtudes, o al menos, tratar de mejorar lo
que hemos llevado a cabo, y que muchas veces no es del todo satisfactorio. Es importante rescatar nuestras tradiciones;
lastimosamente hemos visto innumerables muestras de la “otra invasión
norteamericana”, la de los disfraces de momias y brujas, la del Halloween, esa
fiesta de brujas que ha amenazado por años con suplantar las tradiciones
mexicanas. Esperemos nunca lo logren. Evocar el día de muertos es recordar al inolvidable José
Guadalupe Posada y sus calaveras famosas, siendo quizá la más representativa
“La Catrina”, aquella litografía que se conoce en el mundo entero y que se ha
convertido en un ícono mexicano. También, recordar la manera en que nos reímos
de la muerte en el país, aunque hoy en día pensemos lo contrario por muchas
razones. Diego Rivera en su casa conocida como Anahuacalli tenía
predilección por estas tradiciones al igual que su mujer Frida Kalho, quien
instalaba sendos altares en su casa de Coyoacán. Grandes intelectuales han
pugnado porque no desaparezca la tradición. Esperemos puedan lograrlo. En tanto, recordemos a los nuestros, los que se han ido
por causas naturales y por otras, evoquemos su memoria y tratemos de evocar sus
virtudes, imitarlas y que sean directriz en nuestra existencia. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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