Por: Carlos Santamaría Ochoa23/10/2011 | Actualizada a las 15:08h
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En
la vida hay personajes que se constituyen como algo prioritario, fundamental,
básico, y sin duda alguna, los médicos tienen mucho que ver en este renglón:
son quienes nos permiten tener acceso a una mejor calidad de vida, aunque hemos
de enfatizar que no es una responsabilidad que tengan en exclusiva, ya que, si
no tenemos la voluntad de hacerlo o la formación personal para emprenderlo, de
nada servirá el conocimiento que tienen. A
través de los años hemos tenido una relación muy estrecha con el sector médico,
y más desde los últimos quince años, cuando fuimos diagnosticados con diabetes
mellitus y ellos –los médicos- se han convertido en aliados fundamentales para
ser lo que somos en el aspecto físico, que el emocional y otros han sido
responsabilidad personal en su totalidad, aunque influidos por diversos
factores, unos que dependen de otros, y algunos más, que han sido consecuencia
de las vivencias propias. El
caso es que nacimos entre médicos, crecimos entre ellos y hemos encontrado en
ese sector a gente maravillosa; uno que otro que denigra y ofende la profesión
también ha aparecido por alguna oscura vereda de la profesión que implica mucho
sacrificio de la vida personal. Un buen médico no tiene su tiempo propio,
porque puede en cualquier momento surgir una emergencia y, si es realmente
médico de vocación, acudirá sin reserva, sacrificando quizá aquella cena con su
pareja o el festival de uno de sus hijos. Los
hay, también, que si no hay dinero de por medio, no mueven un pie de la
comodidad de su casa. Hemos sufrido muy de cerca casos de pseudo profesionales
de la medicina que han dejado morir a gente por falta de pago. Hay quienes por
falta de dinero dejan de aplicar una diálisis… y dejan morir a la gente. Sin
embargo, queremos destacar a aquellos que procuran el consejo al paciente y
ubican el lenguaje adecuado: “traducen” algunos términos desconocidos para la
mayoría de las personas, a manera que entendamos qué acontece en nuestro
organismo, y con esa amable energía nos ubican en la necesidad de asumir un
tratamiento, de incluir cambios en nuestros hábitos, o de plano, en la
necesidad de ir a un centro hospitalario a ser objeto de alguna intervención
mayor. Son esos los médicos que hay que enaltecer y felicitar en un día como el
de hoy, aunque somos de la idea de que el agradecimiento, la gratitud y los
buenos recuerdos son de todo el año. No
podemos dejar de pensar, sin duda alguna, en una persona que tiene una
trayectoria intachable: Jorge Gil Cortina Flores; es de esos médicos que la
vida nos ha puesto en el camino y aún creen en el juramento de Hipócrates, pero
no solo eso, sino que lo practican y promueven. Del
doctor Cortina podemos afirmar que ha sido el mejor de los maestros para dos
excelentes médicos jóvenes, con futuro y una enorme sensibilidad, heredada del
corazón de su padre: Jorge y Aminta, quienes también abrazaron la profesión con
la misma pasión que quien les ha enseñado muchas de esas cosas que al paciente
hacen falta: humanismo, comprensión, energía. Podríamos
hacer una lista de médicos a quienes hay que agradecer su existencia: Alejandro
Enríquez León –el más querido, el más grande, el padre ideal- Carlos Morris,
Juan Villagrán, Eduardo Méndez Monreal, José Isabel Perales, José Angel
Montemayor, Daniel Llanas, María Allen –con todo el afecto del mundo, hasta Mc
Allen, Texas- Ayax Ochoa, Lorenzo Hinojosa, Américo Villarreal, Arturo Reyes, y
tantos que como compañeros en una etapa laboral fueron muy importantes… Pedimos
la disculpa por los que no han sido mencionados pero están en el corazón y la
gratitud personal y comunitaria. Lo que sí podemos asegurar es que hoy se
recuerda, en un muy sencillo homenaje, a quienes se desvelaron para cuidar
nuestra salud. Por
favor, felicite a su médico, dígale lo importante que es, y agradezca a Dios
que tenemos gente que se ocupa de nuestra salud. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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