Por: Carlos Santamaría Ochoa10/10/2011 | Actualizada a las 14:11h
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Sangüesa, Pamplona.- Cruzar el río Aragón por
enésima ocasión nos hace pensar en la importancia del equilibrio ecológico y en
la manera con la que el ser humano destruye su hábitat: la Tierra, lo que ha
ocasionado tremendas sequías, heladas, vientos y fenómenos meteorológicos que
han roto con las “costumbres” climáticas: hace más frío, llueve menos, y por
consecuencia, los embalses permanecen en sus niveles más bajos de los últimos años. Posterior al no tan obligado chequeo de glucosa, hay que
emprender el camino rumbo a Sangüesa, una ciudad interesante que se levanta
junto al Río Aragón, ese que en muchos puentes nos ha mostrado los estragos del
impacto ambiental tan negativo que hemos propiciado poco a poco… pero
irremediablemente. Ruesta tiene 50 habitantes y fue abandonado en 1959,
porque el embalse de Yesa inundó los campos de cultivo, que era el medio de
vida de sus habitantes. En el año 1988, como parte de un programa de política
de recuperación de pueblos abandonados, la Confederación Hidrográfica del Ebro
cedió Ruesta a un sindicato aragonés. Hoy sus habitantes son parte de los
trabajadores de éste que se han jubilado. Hay que pasar por Undués de Lerda, que pertenece a la
comarca zaragozana de las Cinco Villas y que se conserva la aldea en buen
estado, con antiguas casas señoriales de los siglos XV a XVII. Ya en Sangüesa vale la pena disfrutar las construcciones
antiguas como la iglesia románica de Santa María la Real, fechada en el siglo
XII y XIII; en la calle Mayor se ubica y dispone de un frente que ha sido
reforzado para evitar su deterioro, aunque con más sentido práctico que de
conservación del patrimonio. Cuenta con una torre octogonal de tres pisos, de estilo
gótico, con cúpula cónica acabada en punta, y tiene una talla gótica de la
Virgen de Rocamandoir. Sangüesa es la primera ciudad del camino aragonés y una
de las más importantes de la comunidad Foral de Navarra. Emplazada en un llano
a la orilla del río Aragón, vinculada desde su origen con el Camino de Santiago
fue dos veces fortificada con murallas de los siglos XII y XIV. Tiene un gran
legado histórico monumental. También se puede visitar la iglesia de San Salvador, del
siglo XIII y la de Santiago, con antigüedad de un siglo más. Hay dentro de ella
una interesante figura del apóstol-peregrino, y se puede apreciar su riqueza
artística por un euro: hay que pagar para que la iglesia prenda sus luces y
disponer de unos tres minutos para ver todo lo que queremos ver. La actual casa de la cultura, conocida antaño como el
palacio de los marqueses de Ongay-Vallesantoro, del siblo XVII y estilo barroco
cuenta en su fachada con el escudo de armas de Sangüesa en labrado en piedra,
así como por alegorías originarias de Perú y México: figuras prehispánicas de
animales engalanan el marco de la puerta de entrada. El centro histórico, como en todos estos sitios, es
pequeño y apenas disponible para el tránsito, aunque hoy se cuenta con más
automóviles que nunca, lo que ha alejado también a las líneas de autobuses que
recorren estos pueblos una o dos veces al día, como máximo, siempre y cuando
enlacen con ciudades importantes como Jaca o Pamplona. Sentir la manera en que el viento cala ya en pleno otoño
nos hace evocar la época en que los plantíos cambian su fisonomía. La
agricultura aún hoy en día en estas tierras sigue siendo importante, aunque el
“progreso” amenace con terminar con estas actividades, perjudicando a los pocos
–muy pocos- pobladores de cada uno de estos sitios. Sangüesa cuenta con 5 mil
habitantes y tiene un supermercado únicamente, así como una sola caseta
telefónica con dos aparatos de moneda, disponibles en la plaza principal del
pueblo. Es la cuarta etapa del Camino Aragonés, que concluye en
un clima gélido y con la compañía de otros peregrinos de Mallorca y Francia,
principalmente. El turismo de gente de edad avanzada es muy común en
estos tiempos. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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