Por: Carlos Santamaría Ochoa09/10/2011 | Actualizada a las 16:25h
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Artieda, Aragón.-Los seres humanos tenemos algunas cosas qué
compartir, pero cuando se trata de subsistir, en ocasiones nos volvemos intransigentes
e inclusive bastante egoístas; en el caso del agua, la problemática mundial es
similar: cuando falta, hay conflictos, y cuando se quiere establecer prioridad
en base a ésta surgen problemas. Artieda es un sitio interesante, aunque cuesta
trabajo acceder, dada la altura en donde se ubica. Domina el valle de Aragón como otros
pueblos, y en días como el presente, cuando el fuerte y gélido viento nos
castigan durante la travesía, pensamos en lo difícil que fue para algunas
personas el poder vivir en estos lares. La mañana comienza con una charla con
personas con diabetes, que tienen que ver con la hospitalidad del Camino de
Santiago: hospitaleros que rondan los 65 años nos muestran el entusiasmo por
vivir, y es cuando pensamos que nada hay mejor que una ilusión por seguir en
buenas condiciones, de ahí la importancia de la actividad física que debemos
mantener con algunos sacrificios que, comparados con la vida, son muy pequeños.
La existencia y el bienestar deben ir de la mano. En el trayecto de Arrés a Artieda surgen
los problemas clásicos del cansancio que origina el cruzar el valle con subidas
y bajadas muy pronunciadas: todo esto nos lleva a pensar en la grandeza de
quienes poblaron estos sitios que se yerguen orgullosos mostrando las riquezas
arquitectónicas. En Martés se levanta la Iglesia de la Asunción, que data del
siglo XV y más adelante, en Mianos, la de Santa María, del siglo XII. Estas
construcciones son mudo testigo del abandono que la modernidad ha causado a
estos sitios: Martés cuenta con 43 habitantesMianos con 48, para seguir a Artieda, un sitio tranquilo y especial que
suma 102 habitantes. Todas las poblaciones son parte del Camino Aragonés,y en ellas los servicios son escasos: no hay
bancos ni locutorios (casetas telefónicas) y en prácticamente ninguna parte el
contacto por la red de WiFi. Un poco aislados, pero también hay que destacar
que la mayoría de sus pobladores son de edad muy avanzada: esperan el término
de sus días sentados en la plaza o el café del lugar, tomando un “solo” o un
“solo, doble”, que no son más que pequeñas tazas de café concentrado. Nada
parecido a nuestro café americano de todos los días. La comida es un poco difícil en estos
lugares, porque prácticamente ofrecen lo mismo: bocadillos de jamón (serrano) o
de chorizo (crudo) o de tortilla (la española, con huevo, cebolla y la
inolvidable papa). El bocadillo no tiene más que un par de rebanadas: nada que
ver con nuestros “lonches”. Es la comida “rápida” de toda España. Artieda se encuentra a 652 metros sobre
el nivel del mar y para acceder a ella hay que subir una intensa –muy intensa-
pendiente de unos 600 metros que sube hasta lo alto del valle que amenaza con
inundarse por una decisión, para los de Artieda, equivocada, del gobierno
español que pretende ampliar la presa y dejar sin utilidad tierras de cultivo
que permiten que la zona sea autosuficiente. Hay carteles en cada casa, aunque la
crisis económica mundial ha propiciado que se detenga un poco este proyecto
multimillonario. No hay dinero para estas obras, ni en España ni en muchas
partes del mundo, incluido nuestro querido México de todos los días. Nos hacemos acompañar del pequeño grupo
que conocimos en Arrés conformado por dos mujeres –una de Italia y una de
Holanda- jóvenes, una pareja de Francia y dos mallorquíes, los que convivieron
con nosotros una noche antes. Llegar es merecer una buena comida,
acompañada de un vino de la región, o al menos, otro doble solo, para
descansar, luego de un merecido aseo corporal. Hay que checar niveles de glucosa y
compartir experiencias con gente como nosotros, que vive con diabetes y quiere
mejorar su calidad de vida, el motivo principal del viaje, y a quienes no han
sido diagnosticados, hacerles ver la importancia de la actividad física y una
buena alimentación. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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