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Sección: Editoriales / Juego de ojos
Letras mexicanas
Por: Miguel Ángel Sánchez de Armas
29/09/2011 | Actualizada a las 18:14h
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José Agustín y Vicente Leñero fueron galardonados con la
Medalla Bellas Artes que otorga el INBA, en reconocimiento a su trayectoria y
su aportación a las letras mexicanas.
Estos dos escritores, cuyas obras tienen peculiaridades
que pueden ser apasionantes y en algún escrito perturbadoras, tienen en común
no sólo el genio creativo que ya les dio un lugar de honor en la literatura,
sino una convivencia permanente de su quehacer literario con el periodismo.
Agustín y Leñero han demostrado con creces la falacia de que estas dos tareas
son incompatibles o que el periodismo empobrece la literatura. Por el
contrario, en su condición de escritores han hecho una importante colaboración
para abrillantarlo.
Leñero en particular ha sido actor y testigo directo de
pasajes clave en la historia del periodismo crítico de nuestro país, como fue
la época de esplendor del periódico Excelsior y de la revista Proceso.
Es memorable su documental novelado o su novela documental Los periodistas,
libro entrañable donde registró lo que se conoce como “el golpe de estado a Excelsior”,
el episodio en el que la intervención gubernamental le arrebató la dirección
del periódico a Julio Scherer García.
Este libro cobró fama por la denuncia política del
control periodístico que los gobiernos priistas ejercieron durante décadas (pero
no entra en los territorios oscuros del manejo y control que grupos bien
identificados han ejercido al interior de las empresas editoras). Sin embargo,
yo siempre he disfrutado mucho más los pasajes que permiten entrever las
entrañas del oficio periodístico, las críticas sobre los textos de los
colaboradores y la descripción minuciosa del ambiente de la redacción, así como
de distintos personajes ―identificados
con su nombre real―cuyos
escritos devoré durante años. Admiro, sobre todo, la meticulosa labor
periodística que está detrás de este libro y que casi únicamente es perceptible
para los colegas del gremio… aunque quizá deba decir para las vieja guardia del gremio, porque veo en las nuevas
generaciones y en mis estudiantes no sólo una total ignorancia sobre aquellos
hechos, sino un desinterés que borda en la indiferencia cuando se les exponen.
(A propósito de esto, comparto con los lectores dos párrafos
de mi querido amigo Arno Buckholder de la Rosa (Clionáutica, 4 de abril 2009): “El 8 de julio de 1976, Julio Scherer García, director general del
periódico Excélsior, fue expulsado de ese diario durante una violenta
asamblea convocada por los socios de esa cooperativa. Para algunos autores, el
periodismo contemporáneo mexicano nació en esa fecha debido a las consecuencias
que tuvo la salida de Scherer. La fundación de Proceso, Vuelta,
Unomásuno, La Jornada, y el surgimiento de un halo mitificador en ese “Excélsior
de Scherer” comprometido con la libertad de expresión en un sistema autoritario
y represivo, ha hecho que los diarios actuales se consideren “continuadores” de
la obra realizada por ese periodista y sus colaboradores.
(Sin embargo,
más allá de los “relatos de bronce” de la prensa mexicana de la segunda mitad
del siglo XX, hay una historia profunda y conflictiva que nos muestra más sobre
cómo se ha desarrollado el oficio periodístico en nuestro país y de la cual el
periodo de Scherer es sólo un episodio. La historia del diario Excélsior
es un reflejo de las relaciones entre los medios escritos y el Estado mexicano
en el siglo pasado, y para entender mejor lo ocurrido el 8 de julio de 1976 -y
sus consecuencias- es necesario conocer primero el pasado del “Periódico de la
vida nacional”.)
José Agustín, en cambio, ha desarrollado su trabajo
periodístico en el ámbito cultural, aunque su obra es la mejor defensa de lo
que ha llamado “la abolición de los géneros”. Él ha colaborado con muchas
publicaciones, pero su Tragicomedia Mexicana, caracterizada como un
libro de corte histórico, siempre me ha parecido un deslumbrante ejemplo del
más puro e hilarante periodismo antisolemne y crítico, trabajado con una gran
rigurosidad.
José Agustín es el niño
genio de las letras mexicanas. Mientras que Jean Paul Sartre cuenta en Las
palabras, con tono circunspecto, que aprendió a leer a los cuatro años, Agustín
dice con gran desenfado y como si fuera algo perfectamente normal, en
entrevistas y en su propia obra -parte de ella autobiográfica- cómo la
literatura ha formado parte de su vida desde muy temprana edad. Escribió su
primer texto a los once años de edad, cuando estaba en quinto de primaria. A
los doce estudió teatro y participó en su primer taller literario a los catorce
años. A los quince años publicó por primera vez y escribió su primera novela a
los dieciséis años.
La antisolemnidad, la visión crítica, la enorme
creatividad para inventar nombres, apodos, neologismos, juegos de palabras y
para hacer largas, detalladas e interesantes descripciones de hechos nimios,
han estado presentes en toda su obra, lo mismo que la música, con lo cual ha
compensado ser menos experimentador que algunos de sus contemporáneos. Por otra
parte, en su producción novelística también se percibe al periodista; se
observa en José Agustín una marcada predilección por contar un hecho tras otro,
hay poca introspección en sus personajes. Estas tramas abultadas suelen estar
llenas de descripciones bien investigadas del entorno, de una gran cantidad de
datos y descripciones que crean las atmósferas en las que se mueven sus
personajes.
Me atrevo a afirmar que la incursión en el periodismo ha
sido determinante en la versatilidad de José Agustín y Vicente Leñero. Aunque
sólo compartieron espacios de trabajo hace muchos años en la revista Claudia,
caracteriza a los dos escritores haber abordado con éxito distintos géneros;
además del trabajo periodístico, han producido novelas, teatro y son también
autores de guiones cinematográficos.
Entre lo más destacado de Leñero está el guión de la
película El crimen del padre Amaro, en tanto que la colaboración de José
Agustín a los guiones de las películas El apando de Felipe Cazals y La
viudad de Montiel de Miguel Littin me parece lo más relevante de su faceta
de guionista cinematográfico.
La mayor ventaja
de que ambos hayan comenzado temprano a contribuir con su obra a engrandecer
las letras mexicanas es que continúan muy productivos, de modo que ésta es sólo
una breve llamada de atención por un logro más de su muy prolífica vida
literaria y periodística.
Profesor
– investigador en el Departamento de Ciencias Sociales de la UPAEP Puebla.
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