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Sección: Especiales / Reportajes
Tamaulipas y su otra ciudad… la de los niños de la calle
Son las 8:30 de la mañana, pero aquí apenas se asoma el sol. Aquí no huele a humo de los vehículos, ni siquiera se escucha el ruido del tráfico, ...
Por: Alejandro Paz /Ciudad Victoria
27/09/2011 | Actualizada a las 23:43h
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Son las 8:30 de
la mañana, pero aquí apenas se asoma el sol.
Aquí no huele a
humo de los vehículos, ni siquiera se escucha el ruido del tráfico, y aunque no
es un basurero, hay botes, bolsas, tierra, incluso excremento humano.
Sus paredes y el
techo son de concreto, unos tubos sobresalen y el olor a suciedad es tan
fuerte, por ello es que aunque no hay drenaje, huele peor que si lo hubiera,
pero en los pulmones de “Tavo” es algo menor que incluso le permite dormir.
La situación que
vive, hasta le hace aparentar que un pedazo de cartón es un cómodo colchón. Y
que el aire acondicionado, solo son unas pequeñas ráfagas de viento que
penetran en el lugar.
Aunque pareciera
ser su casa, no lo es, porque lejos de tener más habitaciones, solo se trata de
una pequeña parte de un tubo de desagüe.
El despertador no
existe, sólo el ruido que genera el “golpeteo” de la basura que tiran los
vecinos de arriba, quienes no son más que unos vendedores de hot-dogs, que usan
la “habitación” de Tavo para tirar sus desechos; botellas de refrescos,
servilletas y bolsas de plástico vacías.
Gustavo es real,
así como también es cierto que desde los 13 años de edad se convirtió en un
niño de la calle. Que su madre vive en la colonia Estudiantil y él en un
desagüe, que no estudia y que la única forma de poder sobrevivir es
“alquilándose” con los vecinos de arriba.
Su historia es
que ya ha estado detenido, que se tatuó su brazo izquierdo con el apodo de
“Tavo”, que lleva una camisa de fútbol de los “Pumas”, aunque sólo porque se la
regalaron.
La camisa dorada
hace tono, le combina, pero no con su vestimenta, si no con un botella de
plástico llena de espray.
Su pantalón que
en algún instante tuvo color, hace juego con sus tenis que sin cintas, tal vez
lo hacen sentirse más a gusto.
La vida de
Tavo es nocturna, porque apenas y sale el sol, regresa a su mundo, a su casa
debajo de Victoria.
“Es que si ando
haya arriba despierto, los militares que andan en la camioneta de preventivos
me suben por la nada y me pegan”, relata, para casi en sincronía levantar su
mano derecha y mostrar la lesión que le ocasionaron con una metralleta.
Sin embargo, esa
lesión es nada cuando detalla que su padre murió atropellado en la carretera a
Matamoros, a la altura del ejido Laborcitas.
“Mi papa murió,
hace como dos años, es el que atropellaron en Laborcitas en la entrada, ese es
mi papa”, lo dice como si hubiera sido ayer.
Tan de forma
ligera narra su vida, que admite que se droga “nomas porque si”, aunque se pone
serio cuando revela que dos de sus nueve hermanos también hacen lo mismo.
A sus 17 años
parece estar cansado de vivir de esa forma, de estar en otro mundo, y ante ello
confiesa: “Me gustaría que me ayudaran… pero luego me meten a un internado que
está en la Tamaulipas y ahí me pegan, es de Silvano”.
Con el reflejo de
un miedo por ser llevado ahí, cuenta que a uno de sus amigos lo
golpearon, y que una amiga llamada “Natalia” que vive por la colonia Libertad
fue violada y resultó embarazada.
“Por eso no quiero
estar ahí”, se retracta.
Su actitud de
recién despertado o los efectos de lo que oculta entre su camisa, lo hace
reaccionar lento ante la llegada de otra persona.
¿Qué onda batos?,
se escucha, es ahí en donde los gestos se vuelven una forma de comunicarse.
El visitante se
dirige al fondo del lugar, y aunque le da pena hacer sus necesidades, después
ya en confianza se desinhibe y baja sus pantalones.
Aunque ambos
existen, son de carne y hueso, para el Instituto Nacional de Geografía y
Estadística (Inegi) son personas a las que es difícil ubicar en alguna cifra.
La respuesta a
datos estadísticos sobre “niños de la calle” es: “En el censo sólo se encuestan
a personas en viviendas fijas (que puede ser hasta una cabaña, un jacal o una
casa de cartón) pero no a personas que hoy duermen en un jardín, mañana en una
esquina, pasado en otro crucero, etc. Es prácticamente imposible de ubicar una
persona con esas características”.
Una cifra
promedio del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF)
establece que en México hay alrededor de 95 mil niños que se encuentran en
condición de calle.
En Tamaulipas lo
más cercano a este grupo se le ubica en el Programa de Prevención y Atención
del Trabajo Infantil, con una cifra de nueve mil 968 menores de 18 años de
edad, los cuales están becados.
De una forma
desglosada se explica que son ocho mil 451 niños, niñas y adolescentes
trabajando en espacios abiertos y cerrados.
En una estimación
moderada puede llegar a situar que existen en territorio tamaulipeco más de 900
niños de la calle.
El Fondo de
Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en ingles) afirma que
son los niños en la calle los más vulnerables a vivir situaciones de riesgo.
La vida de
Gustavo es un sinónimo de ello, su situación de calle lo ha llevado a vivir
violencia e inducirlo de forma inconsciente a la inhalación de solventes, en
los cuales no existe una regulación firme.
Las lagunas que
establecen tanto la Ley General de Salud y la ley estatal de Salud permiten que
cerca de dos mil 300 establecimientos se conviertan en puntos de riesgos para
esos “niños de la calle”, lo reconoce la subdirectora de Operación Sanitaria de
la Comisión Estatal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Coepris),
María del Socorro Puga Hernández.
“Tenemos esa
laguna lo reconozco, tanto en la Ley General de Salud como en nuestra propia
ley estatal en la que debemos hacer reformas… Estas lagunas en las leyes ubican
a estos lugares, como punto de riesgo para adicciones”.
Puga Hernández
comenta que se está a la espera de estadísticas del área de adicciones de la
Secretaría de Salud en Tamaulipas para situar las formas en que realizaran
cambios al articulado de ambas leyes.
A por lo menos 20
años de no hacer modificaciones a ambas leyes, las autoridades sanitarias de
Tamaulipas esperarán una estadística para disponer que en los establecimientos
en dónde se venden o utilicen sustancias inhalantes se utilicen bitácoras, para
así determinar a quién se le vendió el producto.
Las cifras del
DIF nacional en 1999 era que en promedio había 13 mil 300 niños en situación de
calle. Mientras que para el 2005 aumentará a 50 mil y apenas el año pasado
alcanzó una cifra promedio de 100 mil en situación de abandono.
Sin embargo, para
2020 a nivel mundial habrá 800 millones de “niños de la calle” según las
estimaciones de ONG´s, como: The Great Omission Viva Network y Street Children.
Hoy a sólo un año
de cumplir la mayoría de edad, Gustavo es parte de la otra ciudad, que se erige
dentro de Tamaulipas, en donde no hay ley, la única agua que hay es del
drenaje, la única luz es la del sol y en donde si algún día llega a fallecer
los de arriba ni se darán cuenta…
/me
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Gustavo, un joven que desde niño llegó a las calles de Ciudad Victoria, cuenta su historia... el vive en otra ciudad no reconocida en Tamaulipas Fotografía Alejandro Paz
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