Por: Luis Lauro Carrillo27/09/2011 | Actualizada a las 10:13h
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La propuesta
de reforma Constitucional para establecer la formación de gobiernos de
coalición desde el Congreso y la creación de la figura del Jefe de Gabinete, a
fin de crear mayorías parlamentarias que generen gobernabilidad para el próximo
Presidente de la República, se ha recibido de buen talante por las elites
políticas, económicas e intelectuales del país.
El Sistema político Mexicano actualmente está agotado en su diseño original y
ya no le es útil al desarrollo y funcionamiento de la democracia a que aspiran
los mexicanos, para alcanzar la justicia distributiva, el crecimiento
económico, el empleo, la erradicación de la desigualdad social y garantizar las
libertades.
El régimen presidencialista ya resultó obsoleto, desde las elecciones
intermedias de 1997 se rompió la ecuación política expresada en un Ejecutivo
fuerte, más mayoría absoluta en el Congreso, igual a gobernabilidad, para pasar
a la de Ejecutivo débil, menos congreso opositor fuerte, igual a ineficacia
gubernamental.
De tal suerte que esa ineficiencia se ha traducido en conflictos entre poderes,
falta de alicientes para la colaboración entre los partidos políticos,
parálisis legislativa y riesgos de ingobernabilidad. Esto debido, no solo a la
falta de responsabilidad de los partidos, sino por el diseño del sistema
político y en particular de la relación entre poderes, no estaba hecho para la
alternancia ni la actual pluralidad.
Por lo tanto un sistema político diseñado y pensado para que el país fuera de
un solo hombre como lo tuvo durante décadas, con un Poder Legislativo fusionado
por la hegemonía del ejecutivo; un Poder Judicial a su disposición. Actualmente
sigue habiendo presidencialismo, pero ya no tiene ni al Congreso ni a la Corte.
En efecto la fórmula del presidencialismo como se dijo ya está exhausta y habrá
que sustituirla para recuperar la gobernabilidad, por lo que sólo existen dos
opciones: volver atrás a la vieja cláusula de gobernabilidad de mayoría
artificial o caminar hacia el futuro adoptando un sistema semi parlamentario.
He aquí que la primera opción propuesta por Peña Nieto, más allá de garantizar
gobernabilidad, distorsiona la voluntad del electorado en favor del partido
mayoritario, en perjuicio de los partidos opositores, retrocediendo al viejo
régimen.
En cuanto la opción segunda generada por Beltrones, el Gobierno de coalición propuesto,
reforzaría las instituciones, promovería la gobernabilidad, incrementaría las
posibilidadesde manejar las crisis y de
funcionar con mayor eficacia y fluidez, permitiendo al Ejecutivo y al
Legislativo interactuar y fortalecerse mutuamente, sin demérito de sus
facultades.
En ese tenor la iniciativa de reforma constitucional tendiente a modificar el
sistema presidencial, destacan la posibilidad de integrar gobiernos de
coalición, disolución de las mismas, la ratificación del jefe de gabinete,
secretarios de despacho, y del procurador general por parte del Senado y la
obligación del Ejecutivo de acudir a las cámaras del Congreso por invitación o
a requerimiento del Legislativo.
Tengamos presente que esta iniciativa modificada, es suscrita por los diputados
Guadalupe Acosta Naranjo del PRD, Javier Corral del PAN, Pablo Escudero
Morales, Víctor Hugo Círigo y Carlos Samuel Moreno del PVEM, Jesús Alberto Cano
Vélez y Sami David del PRI del grupo político del senador Manlio Fabio
Beltrones autor de la iniciativa originalen el Senado.
En el mismo orden de ideas está visto que después de la fallida transición
política desde el gobierno panista, cobra importancia la propuesta de reforma
constitucional que tiene como objetivo arribar a un nuevo régimen político que
privilegie el acuerdo para el desarrollo democrático, en justicia y libertad.
Estamos ciertos que no será la mejor propuesta de reforma posible, pero sí la
más democrática conocida hasta ahora, que permita restituir los equilibrios
perdidos entre poderes y ordenes de gobierno para hacer que los gobiernos
gobiernen para la sociedad de modo que pueda lograrun alto nivel de desarrollo de México.
De ahí que se impone un gran diálogo en ambas cámaras y sobre todo en la
sociedad civil para la construcción de un programa de gobierno de coalición en
México.
De no concretarse la reforma para establecer el gobierno de coalición y la
creación del jefe de gabinete para el próximo sexenio, este país continuara
política y económicamente anquilosado, igual o peorque lo han sumido los gobiernos panistas de
la alternancia.
En definitiva el país requiere en el corto plazo la formación de gobiernos de
coalición y de mayorías capaces de trascender intereses electorales y de
coyuntura, pero no de mayorías al servicio del presidente en turno, sino de
verdaderos gobiernos coaligados sustentados en acuerdos públicos y
transparentes y en proyectos de largo alcance.
Analista político, autor de la columna Cuestión Pública publicada en el periódico de La Verdad de Tamaulipas, en el portal digita HOYTamaulipas, entre otros
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