No es que se trate de una afirmación que hable de la falta de argumentos legales en nuestras calles de Victoria, pero algo tiene que ver con el hecho...
Por: Carlos Santamaría Ochoa01/03/2010 | Actualizada a las 14:49h
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No es que se trate de una afirmación que hable de
la falta de argumentos legales en nuestras calles de Victoria, pero algo tiene
que ver con el hecho de que usted o yo acudamos a un sitio donde hay más
comercios que viviendas, o simplemente, donde la gente se molesta porque alguno
otro se estaciona frente a su hogar.
Es necesario entender que nadie es dueño de ninguna
calle, aunque existe una que otra persona que no entiende. Una clara muestra es
aquel carro particular que se estaciona en la privada ubicada entre las calles
10 y 11 Hidalgo, obstruyendo, por años, la vialidad, con el argumento de que es
de los comerciantes "Viejos de la Hidalgo".
Nada justifica el pasar los ordenamientos de la ley
por alto. Por algo se establecen leyes y reglamentos, a manera de lograr una
convivencia armónica, en la que todos tengamos derechos y obligaciones, pero
sobre todo, que podamos en forma pacífica, que es lo más importante.
Hemos criticado durante años el hecho de que
cualquiera puede pintar de amarillo su línea frente a casa, o peor aún, hoy se
estila pintar de azul celeste y poner el símbolo que se emplea para personas
con discapacidad. Esta práctica es absurda e ilegal y ha sido adoptada
inclusive por médicos que tienen su consultorio en los alrededores de la calle
más importante para el comercio victorense, orillando a los que vamos a hacer
algún trámite o compra a buscar otro sitio en donde poder estacionarnos.
Es tan absurdo que solamente existe en esos
victorenses que aún piensan que vivimos en un pueblo sin ley, y que el
amiguismo es más importante que los ordenamientos.
Este fin de semana, el Ayuntamiento ha puesto el
cascabel al gato, y anuncian medidas de exhorto -inicialmente- para aquellos
abusivos que han pintado toda la fachada de amarillo o celeste, o peor aún, que
ponen bancas, sillas y hasta piedras al frente, para que ni usted ni yo nos
estacionemos en frente de lo que consideran "su" propiedad.
Nada más falso. Cierto es que si alguien se
estaciona en la cochera, obstruye el tráfico de quienes vivimos en el lugar,
pero ahora resulta que todas las casas ya no tienen banqueta, porque también
hay quienes deshacen el cordón que se instaló con dinero de usted y mío vía
impuestos, y construyen las rampas que simulan que hubiera vehículos. Eso sobra
por todas partes. La ilegalidad en su máximo esplendor.
Realmente nos da mucho gusto el ver que la
autoridad municipal que encabeza Arturo Diez Gutiérrez está poniendo orden al
respecto. Sabemos, de antemano, que no será una situación fácil, dada la
naturaleza de muchos de esos conciudadanos que, sin el menor ápice de respeto
para los demás, abusan haciendo valer su ley, y no la de los demás. Entendemos que algunos inspectores serán hostigados
por los típicos "amigos" de tal o cual funcionario ubicado en buen
puesto de nivel superior, y que seguramente amenazarán con cesarlo y
consignarlo a alguna celda sucia y olorosa.
Eso también es cosa que debe permanecer en el
pasado. El alcalde Diez Gutiérrez está haciendo un gran esfuerzo para que todos
respetemos la ley, y han anunciado que comenzarán con exhortos, que
seguramente, con el paso del tiempo, se convertirán en multas más que
merecidas.
Somos de la idea de que debe acabarse con esa idea
que tienen comerciantes y habitantes de zonas transitadas y que consideran como
propiedad particular las calles que son de todos.
Ya es hora de que la ley se imponga, no por nada, y
qué mejor que a través del diálogo en forma inicial, pero si no funciona, ni
modo, a captar recursos de las multas.
Observe el lector que en el caso de las multas por
manejar borracho -ebrio o pasado de copas, dicen algunos- no hay condonación
alguna, lo cual es una excelente medida para disminuir el riesgo que implica el
manejar y andar borracho o estar expuesto a ellos. Que cueste, y mucho, para
que la gente no lo haga, pensamos.
Pero en el caso de los abusos cotidianos, podría
establecerse también una infracción que realmente impacte en el bolsillo de los
abusadores, además de poder quitar los bancos y muebles que
"instalan" como signo de prepotencia y abuso. Finalmente, se
encuentran en vía pública.
Aquí tenemos que colaborar también los ciudadanos:
no creamos que somos los únicos habitantes de la calle, no pensemos que nadie
puede ocupar "nuestra" banqueta, porque finalmente, no es propiedad
privada, sino pública.
Acciones de este tipo requerimos en forma urgente
los victorenses para mejorar en mucho la calidad de vida de todos, evitar
abusos y conformar que podemos vivir en perfecta armonía con los demás. Es hora
de mostrar la parte buena de cada uno de nosotros.
Si ha pintó de amarillo o azul, si pensó que se
podría hacer, entérese que la presidencia municipal podrá orden, al costo que
sea, lo cual alabamos, felicitamos y exhortamos a que se haga en todos
sentidos.
Comentarios: santamariaochoa@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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