Por: Carlos Santamaría Ochoa20/09/2011 | Actualizada a las 14:16h
La Nota se ha leído 1393 Veces
Hartos estamos de escuchar a los enemigos de las
universidades públicas descalificar el esfuerzo de quienes tenemos alguna
injerencia en la preparación de los muchachos estudiantes; no es real que sean
malas, aunque tenemos que aceptar que hay malos elementos, como en cualquier
institución o dependencia donde interviene el ser humano. Miente totalmente
quien asegura que hay escuelas que no tienen “peros” para sus estudiantes. Hemos conocido a egresados del Instituto Tecnológico y de
Estudios Superiores de Monterrey que no encuentran trabajo, y otros cuya
honestidad deja muchas dudas en cuanto a su desempeño profesional, o por la
voracidad con que disponen de fondos ajenos sin la autorización
correspondiente. En ese sentido, pensamos en quienes tienen a su cargo las
leyes y suponemos que pueden hacer algo para mejorar la calidad de la
educación. Para que se dé una idea, en Galicia hay 3 universidades públicas en
7 campus: la Universidad de Santiago de Compostela, la de Vigo y la de La
Coruña. Manejan entre ellas 156 títulos de grado, es decir, ese
número de oferta en carreras a los gallegos, de las cuales, hay 16 sin límite
de plaza, es decir que pueden ingresar los que quieran. La realidad marca que
hay 83 carreras sin plazas disponibles para el ciclo que inicia y 73 con
vacantes aún. La Axencia para a Calidade do Sistema Universitario de
Galicia informa que entre el 40 y el 75 por ciento se ocupan según la carrera
estudiada, siendo las de mayor demanda las típicas: medicina, derecho y otras
más. Ofertan 200 masters o estudios de maestría y la autoridad les ha pedido
recortar éstos. Sin embargo, tienen una opción para los que no llegaron a
ingresar a bachillerato que le llaman FP –Formación Profesional- y que es algo
así como una opción de estudios técnicos; de éstos el 88.8 por ciento de los
estudiantes consigue contrato antes de seis meses y optan por la FP un 60 por
ciento de jóvenes. En este ciclo matricularon 34 mil alumnos, es decir, un 17
por ciento más que en 2010. El Programa de Cualificación Profesional Inicial –PCPI-
ofrece a partir de los 16 años estudios a los muchachos, para que puedan
incorporarse a la vida productiva. 54 por ciento consigue trabajo en forma
inmediata y como decíamos antes, el 88.8 por ciento lo hace en los primeros
seis meses. 68.3 por ciento trabaja en lo que decidió estudiar. Los números son buenos, sin lugar a dudas, y nos habla de
la opción que se otorga a quienes no tienen el tiempo, el recurso o la
capacidad para ingresar a la universidad, sin que suene discriminatorio. En una comunidad como la nuestra hacen falta doctores,
ingenieros, abogados y también plomeros, carpinteros, electricistas y otros
profesionales de oficios no universitarios. Negar lo anterior sería como querer
que todos tengamos niveles de licenciatura o maestría, lo que es prácticamente
imposible e ilógico. Todos necesitamos gente que se dedica a oficios y a
profesiones, a especializaciones y más aún: investigadores. En este sentido, la Universidad podría establecer conjuntamente
con la autoridad del estado una opción como puede ser a través del CONALEP o
alguna otra instancia, para que nuestros muchachos no vean frustrados sus
estudios y sueños y ubiquen sus esfuerzos y capacidades para poder trabajar en
forma inmediata. Necesitamos de todos, sin lugar a dudas. Hoy peleamos por una licenciatura, por una maestría o un
doctorado, cuando la verdad, necesitamos un poco de todo. Galicia ha puesto una solución a esta problemática, y
como este rincón español, hay otros en el mundo que lo hacen. Tamaulipas puede
lograrlo con una buena coordinación de autoridades educativas, universitarias,
oficiales y con el concurso de la iniciativa privada, que, finalmente, será la
beneficiada –o perjudicada- con el resultado que tengan nuestros muchachos en
sus estudios posterior incorporación al mercado laboral, ¿no cree usted? Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas