Por: Carlos Santamaría Ochoa19/09/2011 | Actualizada a las 14:36h
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A propósito de
educación y los resultados poco favorables que ha dado a conocer la Secretaría
del ramo, argumentando que la inseguridad propició reprobación multitudinaria,
somos de la idea que hay que hacer otras cosas antes que culpar a quienes no
tienen nada que ver. Los malos
resultados, y lo sabemos, son producto de la mala calidad educativa: maestros
holgazanes que se la pasan “disfrutando” de canonjías sindicales, otros, que de
plano no tienen vocación y son unos auténticos vividores, y otros más que de
plano no tienen idea de lo que hacen frente a grupo: faltas de ortografía, mala
redacción, dificultad para sumar y restar con algunos de los problemas que
tienen y que no han podido conjurar. Claro, también
hay maestros buenos y planes interesantes. En Villena, allá por la provincia de
Alicante, en España, se ha obligado a los padres de familia de una institución
llamada “Antonio Navarro Santafe” a firmar un convenio que les obliga a hacer
los deberes diarios con sus hijos y asistir a las reuniones convocadas por los
profesores. Quien no cumpla,
deberá sacar a sus hijos de la escuela o se le dará de baja, que es el mismo
resultado. El llamado
“decálogo de buenas prácticas” se instrumentó durante el ciclo escolar que
acaba de iniciar en España. Resulta que el decálogo también tiene otra variante
que firman profesores, padres y alumnos, y que consiste en que todos se
comprometen a mejorar, a revisar y a enseñar bien. Todos hacen su parte, sin
pretextos sindicales como los que suelen regalarnos los miembros del sindicato
más numeroso de América Latina, que no es el mejor ni el de mayor calidad, que
conste. Los profesores y
autoridades buscan pretextos para asumir el mal resultado y tenemos que ser
francos: no hay calidad, no se está enseñando bien, e inclusive algunos se
quejan porque a los chicos no se les permite utilizar calculadora ¡Hágame usted
el favor! No cabe duda, nos
encerramos en un ostracismo que daña, y en ese sentido, no podemos decirle a
los muchachos que busquen todo en Internet o que saquen su Blackberry para
sumar y restar. ¿Dónde está la enseñanza entonces? Tenemos mucho qué
hacer porque la verdad estamos mal, y si queremos que Tamaulipas mejore y se
signifique por su calidad educativa, es menester que la autoridad
correspondiente –que no es igual si se le llamara competente, que no lo es-
haría cumplir a los profesores con planes y programas educativos; a los
alumnos, aplicación en serio en sus clases, y a los padres, la observación y
supervisión que muchas veces delegamos en los maestros y ya vimos que sirven
para dos cosas: para nada y para… Entonces, aquella
escuela alicantina, con chicos de 12 a 18 años nos ha puesto un buen ejemplo
que habríamos de seguir. No se puede dejar en manos de unos cuantos la
educación en la entidad, y miente quien diga que la inseguridad es la causante,
porque los resultados son en base a los que presentaron, y en ese sentido,
dicho sea con objetividad: estamos mal, muy mal. Cheque usted a
sus hijos y vea la manera que emplean para escribir, cheque la forma en que
leen o pregunte cualquier tema y verá que los profesores ahora entregan
fotocopias, no repasan ni enseñan, solo tratan de que memoricen y de cumplir
con el programa, entendiendo esto último como ver, aunque sea superficialmente,
los temas, para decir: ya hemos visto todo. Esa es la
realidad y no debemos asustarnos, debemos ocuparnos, desde el doctor Guerra
Rodríguez hasta los más pequeños estudiantes, padres, directivos y maestros,
porque si no, seguiremos fatales, como nos ha convertido la señora que lucra
con la educación, llamada Elba Esther. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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