Por: Carlos Santamaría Ochoa15/09/2011 | Actualizada a las 16:35h
La Nota se ha leído 1455 Veces
Nada hay más
desagradable que llegue algún colaborador menor de cualquier funcionario,
servidor público o figura y se tome atribuciones que no le corresponden, y
además, que dicte órdenes sin ton ni son, con una total incongruencia y falta
de lógica.
Se da en todos lados,lo sabemos muy
bien. Los individuos somos especiales y de eso se agarran algunos que piensan
que son buenos o que sus decisiones son infalibles. Nada más ajeno a la
realidad y lo sabemos muy bien.
Suele llegar uno de esos “buenos para nada” y decir: “por órdenes directas del
señor gobernador… por instrucciones del señor presidente municipal… por órdenes
del señor Rector…. Por instrucciones del señor director…” y así sucesivamente.
Echan la culpa al jefe, sabedores que nadie va a ir, por ejemplo, con el
ingeniero Egidio Torre a preguntarle: “Señor ¿es cierto que usted ordenó tal o
cual cosa?Porque sería algo así como
dudar de él mismo y sus colaboradores. A fuerza de ser sinceros, dudar de los
colaboradores de cualquier servidor público es común dado que por lo general
muchos de ellos se toman atribuciones que no les corresponden y ordenan a
diestra y siniestra, sin darse cuenta que muchas veces comprometen la palabra
de su jefe o ponen en un predicamento a los conocidos del mismo, haciendo que
exista una duda entre ambos y a veces, una dificultad.
Y todo porque dijeron cosas que nunca les ordenaron, y las pusieron en voz del
jefe.
¿A dónde va el comentario? Precisamente a tratar de justificar por un lado, el
hecho de que los servidores de todos niveles son humanos, pero no siempre
ordenan lo que se dice que hacen. De esta manera, los subalternos comprometen
seriamente la reputación de su jefe, y lejos de quitarle problemas, flaco favor
le hacen porque lo enemistan con quienes tienen una relación, muchas veces
desconocida, entre su jefe y la persona a la que están “ordenando” de parte del
mismo jefe.
Es importante que exista una buena comunicación entre servidores, funcionarios
o gobernantes y los que conformamos la sociedad en general, o como dice
alguien: “entre los mortales de la calle”, que somos los que padecemos la
enfermedad de poder de secretarios particulares, asesores y demás individuos
que cobran como cercanos al que manda, pero pareciera que lo hacen por
perjudicarlo, dado que se les da muy frecuentemente esta práctica deleznable.
Nos ha sucedido a todos y es muy desagradable recibir estas noticias; en todo
ámbito sucede que llega el susodicho y dice que, por orden del “de arriba” hay
que hacer tal o cual cosa.
Es la importancia la que permite que un servidor de cualquier ámbito y nivel
tenga buenos colaboradores y confíe en ellos, y que éstos, a su vez, no jueguen
con las palabras de quien manda, para no afectarlo.
Deben entender que un colaborador cercano, por ser cercano y amigo tiene mucho
compromiso, y es cuando debe responder en forma por demás adecuada.
No comprometer al que manda es la primera premisa que hay que considerar, y
proteger a quien nos ha dado trabajo por una parte, y su amistad, por otra, ya
que si no cuidamos la conjunción de ambos conceptos, estaremos dañando al que
suponemos amigo.
Nosotros deseamos fervientemente que esos subalternos –achichincles, dicen
algunos- no sigan causando daños de este tipo, y se familiaricen perfectamente
con la mística de servicio de su jefe, lo que redundará en una buena atención
que dejará la mejor imagen del servidor, del amigo, del funcionario, pues.
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas