Inicialmente, constatamos que aún no es el tiempo adecuado para disfrutar de las maravillas que nos ofrece la naturaleza y su santuario tan especial
Por: Carlos Santamaría Ochoa27/02/2010 | Actualizada a las 16:29h
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Cd.
Madero, Tamaulipas.-
Ferviente enamorado de los viajes a la playa, en esta semana nos hemos
encontrado con algunas sorpresas.
Inicialmente, constatamos que aún no es el
tiempo adecuado para disfrutar de las maravillas que nos ofrece la naturaleza y
su santuario tan especial. Decimos lo anterior porque siempre hemos considerado
estos lugares como una manifestación de la existencia de ese Ser supremo que
nos ilumina en todo momento y nos permite hacer y ser lo que somos.
Recordamos que en el sureste tamaulipeco,
precisamente en este municipio donde los encantos de la playa tienen sus más
importantes manifestaciones en el verano y la Semana Santa, cuando uno llega es
objeto de innumerables acciones de parte de los lugareños; algunas son buenas,
otras, no tanto.
Los sitios públicos parar estacionarse, en
temporada “alta”, son objeto de cobros por parte del Patronato de mejoras para
la Playa Miramar, al igual que el uso de las “palapas” que no son más que
techumbres pajizas mal construidas pero que cumplen con el objetivo de
guarecernos de los inclementes y deliciosos rayos del Astro Rey.
Hay que pagar una cuota para ese patronato,
so pena de que le llamen a la autoridad cuando alguien se pone difícil en ese
sentido. Finalmente, cuando llegamos, lo que menos deseamos es tener problema
alguno con cualquier persona o instancia, oficial o privada.
En muchas ocasiones se abusa: cuando llega
alguien con una pequeña carpa para una o dos personas, los “encargados”
aseguran que está prohibido instalarlas, olvidando que las playas de nuestra
República Mexicana son propiedad federal, es decir, son de todos, son sitios
públicos en toda la extensión de la palabra, y no debieran existir propiedades
ni oficiales ni particulares, para que usted o yo podamos disfrutar de estos
espacios.
Miramar tiene el problema que fue heredado de
los tiempos de “La Quina”, aquel cacique petrolero, hoy reducido a un simple
ciudadano, y que hizo y deshizo durante décadas en la zona sur de la entidad, a
grado tal que era famoso porque los presidentes de la República, cuando
visitaban la entidad, no podían dejar de pasar a Madero a rendirle pleitesía.
El resultado de esa negra etapa en la historia
de Tamaulipas es que en la playa Miramar existen cientos de metros cuadrados
–miles, pues- que fueron entregados como propiedad particular. Suponemos que no
haya escrituras, dado que es una acción ilegal y, en caso de que las haya,
sería interesante fincar la responsabilidad judicial a autoridades que
permitieron esos abusos.
El caso es que, en pleno 2010, visitamos
Miramar y sus encantos, y encontramos que un muy fuerte viento que se ha dejado
sentir en la semana que ha concluido, dejó una serie de desperfectos en esta
zona turística.
El boulevard y calles aledañas están
prácticamente cubiertas por la arena, al igual que el camino que lleva hasta la
punta de la escollera norte, donde se marca el límite entre Veracruz y
Tamaulipas.
Hay montículos de arena por todas partes en
cantidades realmente alarmantes, producto de los vientos, pero, lo curioso,
ante estas circunstancias, es que nadie está haciendo nada por limpiar la zona,
es decir, la autoridad no tiene un programa de limpia o remodelación de nuestra
querida Miramar.
Y es cuando nos preguntamos qué se hace con
el dinero del patronato, que supuestamente se emplea para mejoras de Miramar.
Este viento tan fuerte no es culpa de nadie,
no vaya a ser que algún instituto político se lo quiera endilgar al gobierno
estatal o federal; el caso es que pese a que cada turista que emplea las
palapas o los estacionamientos ilegalmente acondicionados en terrenos propiedad
federal, ese dinero no sabemos a qué se destina, pero seguros estamos de que no
es para mejorar la playa que tantos momentos agradables nos regala a cada uno
de sus visitantes.
El sol sigue siendo el principal atractivo
pese a las bajas temperaturas; veinte grados centígrados en la playa significa
frío y la imposibilidad de meter siquiera los pies a remojar. Lástima, un viaje
tan especial a un maravilloso sitio merece ser aprovechado al máximo.
Sin embargo, el llamado es a las autoridades
de turismo municipal en Madero y en el estado, ya que definitivamente, nadie
pone de su parte para que Miramar sea, durante todo el año, el encantador lugar
que nos regala en la Semana Santa el motivo principal de ingreso de divisas
para que miles de paisanos puedan llevar el sustento a casa.
Es un “borbotón” de recursos que, si se
emplea adecuadamente, puede ser la diferencia para las familias de la región
entre comer y no hacerlo, entre vivir decorosamente y tener apuros cotidianos.
Miramar no se merece el abandono en que se
encontraba este sábado. Por los que sabemos apreciar nuestros rincones
paradisíacos, solicitamos una urgente y merecida atención a este pequeño gran
punto de la hermosísima geografía tamaulipeca.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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