Por: Carlos Santamaría Ochoa29/08/2011 | Actualizada a las 15:06h
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Ver las imágenes
de países africanos conteniendo madres desesperadas y resignadas, pequeños
esperando morir por falta de alimento y atención es, sin duda alguna, una de
las cosas más terribles que podemos aprecia en la televisión mexicana,
caracterizada por un amarillismo enorme, por una falta de inteligencia en su
programación y por el abuso del poder que toman al ser medios de comunicación
masiva que influyen en el comportamiento de los demás. Sin embargo, las
imágenes no son de hoy; Biafra hace muchos años nos ofreció este tipo de
retratos poco gratos que se repiten en muchas partes del mundo. México tiene
zonas donde nuestros compatriotas mueren poco a poco. Cuando visitamos
San Luis Potosí pasamos por una hermosísima y moderna carretera que tiene en
sus orillas a un sinnúmero de mexicanos que mueren de hambre y tienen que
vender aves en peligro de extinción, plantas con igual estatus. No les queda
otra: o venden o no comen. Y el problema
radica también en los embarazos no deseados o que están regidos por aspectos
más morales que de salud pública. No peleamos con la ideología de cada quien en
materia religiosa, pero no se puede estar sentado esperando que lleguen “tantos
hijos como Dios nos dé”, porque por ahí no va la cosa. Periodistas
locales han puesto el dedo en la yaga al recordarnos que en los últimos seis
años ha habido 80 mil 50 embarazos en adolescentes entre 12 y 1 años, lo que
nos dice que de 2004 a 2009 creció este aspecto de 16.3 a 18.9 por ciento, es
decir, 2.6 por ciento más. Hay que recordar,
como lo hace Beny Cruz, que de 75 mil embarazos anuales en promedio, 14 mil 175
son de estas pequeñas a quienes se roba su inocencia, su infancia y muchas
cosas más, porque se convertirán, de niñas a madres en un santiamén, lo que
definitivamente no es sano ni para ellas ni para la familia, menos para la
sociedad. Además, las
enfermedades de transmisión sexual se han incrementado, siendo la candidiasis
urogenital la principal, seguida por la tricominiasis y el virus del Papiloma
humano. La incidencia mayor se presenta en mujercitas, con porcentajes que van
del 96.8 por ciento al 91.9, en el tercer caso. Los problemas son severos y en
ese sentido recordamos los estudios de la Universidad Autónoma del Estado de
México que habla que mucho de este aspecto se presenta por la falta de
previsión, producto de la vergüenza que implica para los jovencitos la compra
de condones: así de claro; este fenómeno se explica porque en las farmacias la
mayoría de quien despacha es del sexo femenino, lo que cohíbe a los muchachitos
a la compra de este método que puede ser la diferencia entre las enfermedades
de referencia, los embarazos y el convertir a niñas en mujeres a fuerza de
madurarlas con métodos poco prácticos. Definitivamente,
los padres no podemos permanecer ajenos: nuestras hijas son candidatas a tener
un embarazo temprano y miente quien diga que a él o ella no le pasará. No
podemos asegurarlo pero sí disminuir los riesgos, procurando platicar con
ellas, estar al tanto de sus amistades y actividades, y sobre todo, poner
atención a su desarrollo. Porque cuando se
dan estos casos, lo primero que hacemos es culpar a los demás, familia y
entorno, por este problema. No somos afectos a reconocer la falta de atención. No dejemos que
estos problemas crezca y empañen el desarrollo de nuestras hijas y de la
familia propia, tomemos conciencia y hagamos lo que tenemos que hacer. No se trata de
prohibir salir o tener amigos, porque eso empeora las cosas. Hay que actuar de
manera madura, porque de otra forma, los problemas se multiplicarán y
comenzarán a ser criaturas mal atendidas, producto de embarazos juveniles… poco
gratos. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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