Por: Carlos Santamaría Ochoa25/08/2011 | Actualizada a las 16:03h
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No hablamos de aquellos que, encaramados
en un cargo se enriquecen insultantemente y presumen con lujosos vehículos o
vacaciones en lugares paradisíacos: no. Hablamos de aquellos que gustan de
apropiarse de lo ajeno en actos reñidos con la ley, sea en asaltos a mano
armada, robo de automóviles, robo de casas habitación y demás. Los ladrones de
toda la vida, que siempre han existido y siempre han sido un tumor incurable de
toda sociedad. Nada gratificante resulta llegar a casa
y encontrar todo revuelto, con la consecuente pérdida de bienes de toda índole,
que van desde dinero en efectivo hasta alhajas, electrodomésticos y lo que más
nos preocupa: documentos. Este grupo de infelices ladrones se
llevan pasaportes, visas, tarjetas, cartillas de vacunación o militares, y lo
primero que hacen es tirarlas en el bote de basura más cercano. No les sirve
para nada, pero hacen un daño irreversible, amén de la impresión que uno se
lleva al entrar a casa y encontrar todo lo anterior descrito, con el temor de
que estén aún ahí y, con un mal golpe acaben con la existencia de cualquiera de
nosotros. No tienen cura, no tienen remedio pero
sí buenos pretextos. Es cierto que el desempleo propicia
delincuencia, sin embargo, muchos de estos vagos no quieren someterse a un
trabajo formal o quieren ganar todo lo que piensan en un ratito, sin hacer el
mínimo esfuerzo. No se vale. Hay que destacar el trabajo de la
Procuraduría General de Justicia de Tamaulipas, porque tienen ahora un sistema
que ayuda mucho en estos casos: llamar al 066 y hacer el reporte implica que
todo un ejército de elementos vaya al domicilio a tomar fotos, muestras y
huellas, y ahí mismo se levanta el acta correspondiente que se certifica sin
coste para el ciudadano, lo que nos permite hacer otro tipo de trámites en
instancias distintas. Desgraciadamente, es difícil encontrar
información de los delincuentes, porque los vecinos nunca se quieren
comprometer por temor a que sean miembros de algún grupo delincuencial de peso
y luego vayan a tomas represalias, que es lo más común. Hay una enmienda que no recuerda el
columnista, pero que habilita a los ciudadanos a adquirir armamento para
defensa personal. Los abogados nos podrán ayudar en ese sentido. No se trata de hacer justicia por propia
mano pero sí defender el patrimonio familiar y personal, pero sobre todo la
integridad física, porque nunca se dan cuenta de lo que ocasiona el deceso en
forma violenta de alguien que no se sometió a sus amenazas. Difícil, sin duda
alguna. Y para los miembros de las autoridades y
cuerpos de seguridad no es fácil la tarea, porque es natural que los
delincuentes no dejan muchas huellas o no estarán esperando a que llegue la
autoridad a cuestionarlos, pero sí hace mucha falta una mayor participación
ciudadana: denunciar a estos mal nacidos es importante, porque de otra manera
nunca se acabarán estas lacras sociales. También sería interesante que se
modifiquen las leyes y a quienes atentan contra la ciudadanía o sus bienes se
les impongan sanciones mucho muy severas: que por lo menos no salgan a ver el
aire libre en diez o veinte años, y de esta forma, escarmienten y otros
delincuentes lo piensen antes de volver a hacer lo que hacen. Es denigrante, frustrante, es deprimente
perder lo que se llevan, pero finalmente, las cosas materiales se recuperarán
tarde o temprano. La vida no. La autoridad tiene buenas cosas, buenas
intenciones, hay instrumentos de investigación adecuados, pero como en otras
cosas, si los ciudadanos no participamos, difícil será encontrar una solución. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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