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Sección: Editoriales / Entre Nos

Buenos y malos

Por: Carlos Santamaría Ochoa 24/08/2011 | Actualizada a las 11:50h
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Si en las familias sucede que hay buenas y malas personas, con mayor razón se presenta esta característica en grupos sociales, académicos o laborales: el ser humano no puede ser perfecto en su totalidad, y por cada manifestación social de grupos hay gente buena, regular… y bastante mala.
 
Los líderes, gobernantes, políticos y empresarios saben que en sus equipos de trabajo cuentan con gente de toda índole; en ese tenor, hay quienes manejan sus labores en forma excelsa y otros que, de plano, debieran dedicarse a algo más barato, que requiera menos inteligencia o que no implique el gasto de neuronas, como por ejemplo, fingir ser líderes, de esos de antaño que están, afortunadamente, en desuso y en beneplácito de extinción.
 
Permítase  este último término para manifestar lo contrario de aquellas especies que se consideran en peligro de extinción y que son importantes para el hombre y todo ser vivo.
 
Así tenemos aves, mamíferos –entre ellos, el lobo mexicano o el oso gris- que por causa del mismo hombre están casi desaparecidos. Algo tendríamos que hacer para evitarlo.
 
Pero los otros, esos que emulaban a los lidercillos políticos que solamente azuzaban que molestaban y que tenían cierto modus operandi típico: rodeados de mujeres guapas, por lo general con intenciones no precisamente laborales pero sí económicas, gastando mucho dinero, con propiedades y cada día buscando tener más de éstas aunque no las utilicen, y otras características como pretender ser sencillos pero vivir como magnates cuando sus salarios son no bajos pero sí modestos, o al menos no dan para vivir con esos lujos.
 
Mandan a sus hijos a estudiar al extranjero cuando los muchachos a veces no tienen la vocación para hacerlo y otras características.
 
De esos, aún quedan pocos. Afortunadamente pasaron esos tiempos en que la CTM era un botín repartido en algunos líderes de acuerdo a la región que se trataba, y no se diga de PEMEX, donde había un dirigente virtual pero sanguinario, espléndido y maquiavélicamente astuto, a quien Carlos Salinas de Gortari puso el cascabel.
 
Así sucedió hace años en la Universidad, cuando la rectoría decidió que somos una universidad moderna y con calidad; los lidercillos se han prácticamente acabado, aunque existen algunos rescoldos que ya caerán por el propio peso del excelente trabajo que se lleva a cabo, y donde no caben por su forma de desenvolverse.
 
En el gobierno municipal, estatal y federal existen también personas poco productivas, sin embargo, por alguna razón siguen ahí. Los que mandan hacen grandes esfuerzos por acabar con ellos.
 
El ejemplo lo tenemos cuando la SET tiene auditorías para captar a todos esos vividores que, escudados en comisiones sindicales cobran buenos salarios, y lo que es más grave en ocasiones hasta dos o tres de éstos.
 
Las acciones buscan mejorar en rendimiento y se está logrando. El claro ejemplo, lo comentamos ayer, es la UAT, donde los programas se han certificado gracias a una buena dirección y al concurso de los académicos, quienes son los que, finalmente, dan forma a este proyecto. Una universidad sin académicos no cuaja, y eso lo saben todos, de ahí el importante apoyo que a éstos otorga el rector José María Leal Gutiérrez, aunque por otro lado, les pide incrementar los esfuerzos para mejorar a una universidad que es de todos nosotros, los que con nuestros impuestos prácticamente la mantenemos.
 
Los buenos, hay que reconocerlos, premiarlos, estimularlos, y hacer que trabajen más a gusto, en un mejor ambiente, sin presiones hitlerianas; los malos… esos, hay que pugnar por su salida, su extinción, y porque haya más oportunidades para los que tienen ganas, sin importar edad, sexo o razón ideológica, porque todos merecemos una oportunidad laboral, una “chance” para demostrar si somos tan buenos como decimos en lo nuestro… o pasamos al grupo de esos malos que aún subsisten.
 
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx 

Carlos David Santamaría Ochoa,

(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.

Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).

Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.

Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.

Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.

Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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