Por: Javier Rosales Ortiz16/08/2011 | Actualizada a las 16:58h
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En su rostro se percibía una mueca de entre
felicidad, melancolía y coraje. En sus palabras un reclamo que en ocasiones
se acercaba a la impotencia. En el multitudinario ágape estaban todos
los que él quería, si aquellos que le han dado la fuerza que necesita un verdadero
líder para sobrevivir frente a la cotidiana embestida. El, Arnulfo Rodríguez Treviño, siempre ha
sido un dirigente polémico por frontal y claridoso y, eso, parece que le agrada
a sus representados, los maestros de Tamaulipas. Y allí estaban ellos, entre 12 mil y 15
mil, cerca de él, ovacionándolo, saludándolo de mano, agradecidos por lo mucho
o poco que les ha dado ese hombre de aspecto campirano, franco y arrebatado. Es por eso que él siempre ha sido el blanco
de la prensa para bien o para mal y de un trato muy especial, como con pinzas,
de los funcionarios que tiene que frecuentar. Muy directo en sus palabras, Arnulfo evoco
en su discurso de agradecimiento a todos aquellos que lo acompañaron en su
cumpleaños, el nombre del Doctor Rodolfo Torre Cantú, y eso basto para que
llovieran los aplausos y los gritos en recuerdo de aquel noble líder que hace
más de un año la violencia nos arrebato. “Hay un Dios y Rodolfo está allá arriba y él
sabe cómo nos la partimos los maestros de Tamaulipas”. “Perdónalos Dios, pero
que no se te olviden sus nombres”. Y siguió el reclamo: “Un gobierno estatal o
municipal no puede cumplir con su función sin los maestros y aquí estamos
nosotros”. En el área reservada para la prensa los
reporteros se miraban incrédulos y se escucharon los murmullos sobre el
evidente rompimiento entre la dirigencia sindical y el gobierno de Tamaulipas. También en su discurso el profe Arnulfo
negó que esté enamorado o buscando un cargo político, se pronuncio por una
alianza, arremetió contra sus detractores y advirtió que nadie lo va a callar
porque no se va a dejar. En la mesa principal los invitados
especiales nerviosos aplaudían y la multitud de pie animaba a su líder para que
siguiera, para que no se detuviera porque su voz es la de ellos y los reclamos
no pueden permanecer siempre ahogados. En esa mesa causo extrañeza la ausencia del
Secretario de Educación, Diódoro Guerra Rodríguez, quien casi al final del evento arribo en
momentos en que el profe se escurría entre las miles de mesas para saludar a
los maestros, quienes uno a uno lo felicitaron, le entregaban regalos, entre
ellos imágenes religiosas para que lo cuidaran y que le dieran más fortaleza.
Es por eso que la presencia del funcionario casi pasó para él inadvertida. Como que Arnulfo extraño los viejos tiempos
en que en su cumpleaños compartió el pan, la sal y la buena vibra con Eugenio
Hernández Flores, con diputados federales, con funcionarios estatales y líderes
de organizaciones oficiales, los que en esta ocasión brillaron por su ausencia. Empero, se le notaba contento porque allí,
junto a el, estaba su esposa Dolores Hernández Rodríguez, su fiel asistente,
Deyanira Román Martínez, su secretario particular, Ulises Ruiz, su vocero Noe
Pérez Cedillo, Lupita Perea, autoridades municipales, del ISSSTE, del UPYSET,
algunos alcaldes y su fiel amiga, la maestra Cecilia Robles Riestra, quien
parecía un torbellino para atender a los reporteros, para servirles con mano la
comida y los refrescos y para sentarse en cada mesa para intercambiar
impresiones y chistes con los comunicadores. La del Recinto Ferial fue una real
demostración de la fuerza y de la penetración que tiene el profe Arnulfo entre
el magisterio tamaulipeco, que desafió el clima, la inseguridad y la estrechez económica para acompañar a su
líder, a unos meses que deje su cargo. El llego a la dirigencia con la cabeza en
alto. Y de igual manera, se va. Correo electrónico:
anecdotariorosales@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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