Por: Lorena Illoldi15/08/2011 | Actualizada a las 08:59h
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Uno
de los elementos que mejor reflejan el estado de una sociedad son las
condiciones que guardan los espacios públicos y el uso que se le da a los
mismos, en tanto termómetro socio-cultural de las circunstancias específicas de
las comunidades.
El espacio público es la suma de sus dimensiones sociales, culturales y
políticas, sitio de identificación y encuentro, lugar donde se manifiesta de
modo implícito y explícito la colectividad, definiendo la pertenencia ha
determinado barrio o región y sus particularidades culturales.
Estos puntos de encuentro donde se transita libremente, sin costo, de manera
voluntaria, son construidos por la suma de generaciones y la evolución propia
surgida de cada época. Si el entorno se enrarece y dificulta, las sociedades
caen en círculos viciosos que perpetuán la descomposición social, el abandono y
la pérdida de espacios comunes cuyas dinámicas impacten en la calidad de vida
así como de la convivencia de las personas.
Si los pueblos carecen de sitios de encuentro, la falta la oportunidad de
ejercer la participación ciudadana se constituye como obstáculo hacia un
desarrollo social sostenido y ascendente que evolucione hacia mejores
condiciones y oportunidades para sus miembros, por lo cual resulta importante y
casi indispensableque los ciudadanos
participen activamente de la organización de su hábitat.
Lo anterior viene a cuento porque, como la princesa de los guisantes que aún
debajo de veinte colchones seguía sintiendo el chícharo oculto, no puedo evitar
disentir ante las campanas al vuelo que repican las autoridades gubernamentales
con las recientes actividades donde se cierran calles para organizar eventos
que fomentan el solaz y el esparcimiento tanto como los valoresy la sana convivencia familiar.
Y no puedo, porque mejor me parecería que se recuperaran la plaza de la Colonia
“Pedro Sosa” o la de la tradicional Colonia “Mainero”, o cualquiera del rumbo
de “La Paz”, “La Moderna”, o ya de perdido, que se rescataran los longevos
Centros de Convivencia No. 1 y No. 2 de esta ciudad capital, entre apenas
algunos de los ejemplos de zonas que urgen de intervenciones culturales como
esta, en todos los sentidos.
Estuve este fin de semana en Saltillo, Coahuila, donde la vida social y el
entorno así como las políticas públicas culturales, posibilitan el uso de
parques y plazas hasta altas horas de la madrugada, pude apreciar a familias
con niños haciendo uso de sus espacios y aprovechándolos; me queda claro que la
tarea de rescate de estos lugares en Tamaulipas representa una primordial área
de oportunidad, y que si bien es bien ardua, resulta totalmente posible si se
cuenta con metas bien definidas y mejores estrategias de promoción y difusión
cultural que involucren a los todos los actores sociales, considerando los
requerimientos e intereses específicos de la comunidad.
Aunque ya sabe: eso digo.
CAJÓN DE LO QUE NO DEBERÍA ESCRIBIR Y SIN EMBARGO ESCRIBO…
1.- LA FRASE: “Si ya sabes lo que tienes hacer y no lo haces, entonces estás
peor que antes”. Confucio.
2.- UN TROZO DE POESÍA: “Para el amor no hay tregua, amor. La noche/ no se
vuelve, de pronto, respirable./ Y cuando un astro rompe sus cadenas/ y lo ves
zigzaguear, loco, y perderse,/ no por ello la ley suelta sus garfios”. Rosario
Castellanos.
3.- MISCELÁNEOS: Se dio por finalizada la trigésima emisión del Concurso
Estatal de Teatro “Mtro. Rafael Solana” con el triunfo de “Jauría” de Enrique
Mijares bajo la Dirección de Medardo Treviño del GRUPO TEQUÍO en la categoría
de teatro libre, y la obra “El vestido” –cuyo autor no me quedó claro quién era
según el programa general del evento– y dirigida por Mappy Aydé López Robles
del grupo DESDE LA TRINCHERA TEATRO. Asimismo, se hizo llegar a las autoridades
del ITCA una misiva con sugerencias dirigidas hacia la evolución del concurso,
signada por diversas agrupaciones y respaldada por teatristas independientes,
la cual representa para los dirigentes de las políticas culturales en el estado
la oportunidad de un diálogo que involucre a los creadores en el
enriquecimiento de este histórico festival. Porque al que no habla, Dios no lo
oye, dicen los que saben…
Lorena Illoldi,
tampiqueña de origen y victorense por adopción, es actriz, poeta, dramaturga, directora de teatro y promotora cultural independiente.
Parte del colectivo artístico EL ALEPH, colabora en medios electrónicos con su columna DIGO YO..
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