Por: Carlos Santamaría Ochoa09/08/2011 | Actualizada a las 16:25h
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Llama
poderosamente la atención la noticia del Colegio Nacional de Educación
Profesional Técnica, en el sentido de que habrán de ajustar los reglamentos
para los jóvenes estudiantes, prohibiendo una serie de cosas, entre éstas, la
forma de peinado, el portar aretes, “piercings”, tatuajes y demás cosas.
Llama, insistimos, la atención, porque proviene de una institución oficial,
donde los valores cívicos son prioritarios, y el cumplimiento a la ley es
fundamental.
Algunos padres se quejan de lo que ven en nuestros hijos: recordamos aquellos
tiempos en que la abuela gritaba a punto de la histeria por la forma en que nos
vestíamos: pantalón acampanado, muchas veces de Topeka, aquella tela que se
supone era antiarrugas, y los pantalones eran de dos colores, siendo uno en la
parte superior y el otro por debajo de la rodilla, en la campana, pues. También
acompañábamos con una serie de “colguijes” que bien eran pulseras de hermosísimas
piedras, o gargantillas también conformadas por piedras de colores.
Obviamente, nos sentíamos muy “ad hoc”, a la moda, súper especiales, sin
embargo, la abuela no pensaba igual.
Íbamos a la escuela oficial y nos obligaban a cortarnos el pelo con el famoso
“casquete corto”, que era un corte más militar que cívico. Había muchas reglas,
pero nosotros no entendíamos mucho de eso, solamente queríamos libertad, esa
que se consagra en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Nos faltaba mucho, la verdad, pero nos sentíamos muy bien con nuestras pequeñas
libertades.
Hoy en día es común ver a un chico o chica con arete o piercing, y si nos
espantan esas cosas definitivamente estamos mal ubicados. La juventud siempre
ha querido manifestarse de distinta forma, y los adultos no tenemos más que
respetar esas formas de expresión, como en su tiempo lo exigimos.
Suponemos que no dejarán entrar a quienes van con peinados para algunos
estrafalarios, pero para otros, normales. ¿Por qué nos limitan?
Es una educación pública la que tenemos y a la que aspiramos. Suponemos que
debieran exigir apego a los estudios más que a la vestimenta, que deberían ser
estrictos con sus profesores que no cumplen su propósito educativo más que con
los muchachos que a nadie dañan con sus cosas.
¿Que se ven raros? No podemos negarlo, y a muchos no nos gustan esas modas,
pero tenemos la firme obligación de respetar sus ideas, dado que serán ellos
los que conformen la sociedad del futuro, y en la escuela se aprende para la vida,
siendo la libertad uno de los principios más sagrados y fundamentales. No se
vale coartar el derecho a vestir como uno lo desea.
Hay uniformes que tienen que portar. ¡Que con eso les baste! Que no se metan en
otras cosas, porque al punto que vamos a llegar es a exigir un tipo de religión
o forma de pensamiento. Es la idea de los que manejan la educación en el país,
y que se preocupan más porque su jefe sea el próximo candidato que en hacer
valer el estudio firme y adecuado.
Nuestras libertades deben ser garantizadas.
Ya nos quitaron la libertad de tránsito y nadie ha repelado; nadie asume un
derecho coartado cuando no podemos salir siquiera a un pueblecito cercano. Ya
nos quitaron la libertad de pensar y externar nuestros puntos de vista, porque
si nos apegamos a la Carta Magna, no llegamos a casa.
Ahora nos quieren quitar la libertad de portar cosas…
No negamos que haga falta orden y disciplina, que haya que ser discretos, pero
de ahí a que estén coartándonos las libertades constitucionales hay un gran trecho.
Las autoridades del Conalep y de instituciones oficiales y privadas debieran
ocuparse de fomentar los valores de cada ciudadano, de hacer que la gente sea
gente de bien, y no ocuparse por aretes y tatuajes. No se estudió para coartar,
sino para educar.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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