|
Sección: Editoriales / Juego de ojos
De caminos, grupos e identidades
Por: Miguel Ángel Sánchez de Armas
08/08/2011 | Actualizada a las 14:04h
|
La Nota se ha leído 1504 Veces
El
mundo parece huérfano de aspiraciones. La descomposición social que se expresa
en violencia, discriminación, asesinatos, racismo, desempleo, migración
forzada, enfrentamiento partidista de bajo nivel, ambición política sin límite,
sexismo, homofobia y muchos otros desencantos colectivos ha tenido un efecto
colateral que se observa al paso de los años porque se construye
acumulativamente: la ausencia de propuestas y tendencias culturales que
ofrezcan nortes sobre el rumbo, preocupaciones y caminos que dan identidad a
los grupos sociales.
Esta
ausencia es más acusada en la literatura, pues el signo de nuestros tiempos ha
sido la imagen, que ha venido acompañada de un cierto florecimiento de
productos visuales de todo tipo -no sólo artísticos. Hace tiempo que la
publicidad ejerce un relevante dominio en este terreno.
Esto
no quiere decir que la producción literaria se haya detenido, simplemente se hizo
más individual. Parece que los creadores dejaron de reconocerse como grupo, que
el desencanto los venció y que aquel continente de colectividad artística que
fue el sello de otros tiempos dejó de tener sentido. Este fenómeno tiene
consecuencias no sólo en el acto creativo sino también en los lectores y en las
lecturas. Es así como lo percibo.
En la
literatura latinoamericana la última tendencia reconocible fue el boom, hace
ya más de cincuenta años, en cuyas obras se percibían con nitidez determinadas
circunstancias del contexto social y político que animaban la creación. Estos
elementos aparecían con distinto énfasis en los autores del movimiento, pero la
fuerza de los vínculos los perfilaba como un conjunto. Así, se puede
identificar en los autores del boom la construcción de un discurso
narrativo propio, pero una respuesta contestataria a la cultura hegemónica: un
proyecto estético que rescataba los rasgos de la identidad nacional de cada
nación y se convertía en la mirada, no de un autor, sino de un grupo en la
transición hacia la modernidad de las distintas sociedades latinoamericanas.
La
efervescencia política y social de la época, cuando el mundo se agitaba en la
polarización de las ideologías de izquierda y de derecha, cuando unos se
ilusionaban con la posibilidad de un mundo socialista mientras otros apostaban
por el progreso capitalista, tuvo a muchos escritores que explícita o
implícitamente tomaron partido por una opción política, simplemente porque era
difícil entonces mantenerse al margen del encendido debate. ¿Recuerda el lector
el libro de Neruda Incitación al
nixonicidio y alabanza de la revolución cubana?
Esta
circunstancia explica el surgimiento prácticamente paralelo del boom
latinoamericano y de la generación beat en Estados Unidos. Kerouac,
Burroughs, Ginsberg y Corso daban forma estética a la necesidad de confrontar
los valores que la sociedad capitalista imponía, lo mismo que en América Latina
el fuerte arraigo colombiano de García Márquez y el cosmopolitismo de Fuentes,
Vargas Llosa y Cortázar se fundía con sus raíces más autóctonas para producir
algunas de las novelas más extraordinarias y memorables de la creación humana
en esta parte del mundo, mientras que en el continente que Conrad llamó negro otra legión de escritores, entre
ellos Chinua Achebe y Ngũgĩ
wa Thiong'o, transitaban por el mismo camino.
Las propuestas de los escritores beat que ayer
resultaban todo un desafío a los cánones sociales, hoy parecen pálidos
arrebatos adolescentes. Incluso las posturas más radicales en torno al consumo
de estupefacientes como vehículo para alcanzar la cima creativa no es nada
comparado con el enorme consumo de drogas sin ningún fin artístico o utilitario.
Hoy sólo vemos extenderse alarmantemente su uso sin otro fin que la huida y la
autodestrucción, que termina por anular, ya no digamos la conciencia, sino la
más elemental funcionalidad social.
Las imágenes vertiginosas que se suceden en la novela En
el camino, tanto como una de las más trepidantes piezas beboperas de Charlie Parker, que
describen los viajes alucinantes y sin sentido de los protagonistas, son el
símbolo de la vida demencial y al mismo tiempo desolada que producen la orgías,
el alcohol, la mariguana y otras drogas. En el camino y Almuerzo
desnudo son al mismo tiempo refocilación y denuncia, “las cabezas de ángel
abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la
maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y
altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural” que describía
descarnadamente Ginsberg en su famosísimo Aullido.
Oliveira es el símbolo rayueliano de la estupefacción de
una generación que no encuentra su identidad y sale a buscarla en ultramar,
pero que arrastra en la búsqueda a la Maga
que es como el abrevadero tosco y sabio del origen, con una apariencia
falsa de ignorancia. La historia de los Buendía narrada con hechos tumultuosos
que se atropellan y llegan a confundir al lector hurga con historias
inverosímiles la vida alucinante de una ruralidad mezclada con fantasía que
remite y obliga al reconocimiento de los más recónditos espacios de la
identidad no sólo colombiana sino latinoamericana, espacios en los que se
vieron retratados millones de habitantes de América Latina y que, por ello, se
volvieron tan universales que deslumbraron al mundo. Ixca Cienfuegos es
misterio y verdad a la luz del día, es signo y símbolo, es mundial y
mexicanísimo, por ello se hermanó fácilmente con sus pares para formar una
comunidad de personajes que parecían vomitados de la impostergable necesidad de
tener un sello propio, una identidad.
Es posible que haya muchas causas a la ausencia de
movimientos literarios tan cimbradores para multitudes como los de estos dos
grupos de escritores. Unas razones estarán en el ámbito artístico, pero estoy
convencido de que la mayor parte de ellas pertenece al curso que ha tomado
nuestra vida en sociedad, donde, desde mi punto de vista, priva el desencanto,
un desencanto que ha impedido la comunión artística que enriqueció la vida de
generaciones anteriores.
Profesor – investigador en el Departamento de
Ciencias Sociales de la UPAEP Puebla.
Si desea recibir Juego de ojos en su correo, envíe
un mensaje a: juegodeojos@gmail.com
|
|
|
Ultimas Columnas del Autor
|