Por: Javier Rosales Ortiz07/08/2011 | Actualizada a las 22:03h
La Nota se ha leído 1587 Veces
Grato, es,salir a la calle y responder ahora si a la pregunta de mis cuates acerca
de dónde estoy. Aquella de ¿Por qué te pierdes?, como
sihubiera tirado la toalla, Ver su rostro de sorpresa frente a mi
repentina delgadez, mi semblante de tristeza y mis palabras entrecortadas que
antes brotaban sin ninguna complicación. Bueno es que ellos me extrañen aunque sea
para molestar y que cuando se dan cuenta de los motivos de mi ausencia me rocíen
con palabras solidarias de esas que calan, que dejan huella y que hablan de su
calidad humana. Y es que estuve fuera de circulación
durante varias semanas por un motivo familiar muy especial que fue una delicada
operación a la que fue sometida mi esposa Blanca. Fueron días de dolor, de preocupación y muy
agotadores, porque ella, una mujer hiperactiva, propositiva y bella vio
reducida sus necesidades a las del tamaño de un indefenso bebe que requiere atención,
cariño y al que es necesario mimar. Verla postrada en su lecho con esa mirada
de impotencia que lastima y conmueve me dio una lección de por vida porque lucía
como un pajarillo herido de sus alas que siempre fue capaz de volar sin ayuda,
de cruzar los mares y de sacudirse las plumas cuando el agua las moja. Y si, fueron largas horas de angustia pero
que poco a poco quedaron en el pasadogracias a su fortaleza que es enorme y a esas ganas de vivir y de
disfrutar a los suyos, a todos aquellos que la aman y que la veneran. Esta larga jornada no hubiera sido fácil de
superarsin el apoyo de mi familia, de
sus amigas y de mis amigos, quienes siempre de pie como si fueran soldados se
aproximaron, nos tomaron de la mano y nos condujeron por el camino que tiene
menos espinas y más flores blancas que le dan sabor a la palabra paz. Como olvidar las deferencias de mis
hermanas Alma y Tere, de mis primas Lorena, Norma, Yazmín y su madre Esther y
de la amiga periodista Rosa María Rodríguez Quintanilla, quienes organizaron un
bingo para recaudar fondos para aligerar ese penoso momento de estrechez
económica que coincidió con la cirugía de mi esposa. Y a su ramillete de amigas maestras que
cooperaron sin regatear porque saben que ella, mi esposa, siempre tiende la
mano al pasar, como dice la estrofa de una famosa melodía de la trova cubana
que en pocas palabras desglosa lo que es la bondad y el agradecimiento sincero. A mi hijo Said Iván, a Karina, a mi sobrino
Carlos Luis, a mi madre Eulogia, a mi padre Javier, a mis hermanos Juan Arturo
y Alejandro, a sus respectivas esposas y a mis primos, quienes le dan un valor
sólido a lo que significa la palabra familia en estos momentos de puñaladas
traperas, de confusión y de convulsión. Cómo parpadear frente a las atenciones del
amigo Gabriel de la Garza
del DIF estatal, de Francisco Navarro, del SNTE y de Linda González, de
Atención Ciudadana, si su interés por colaborar con el periodista en desgracia
no tiene limite. Y no puedo dejar de valorar las intervenciones
de los cirujanos Vicente Joel Hernández Navarro, Alberto Moctezuma Castillo,
José Javier Alanís González, Amilcar Flores Rodríguez y de sus asistentes como
la doctora Diana, cuyas manos fueron guiadas con destreza por Dios para que hoy
mi esposa en este momento sea capaz de permanecer erguida en su silla de ruedas
en el portal de mi casa para disfrutar del aire fresco. Es así como respondo a la pregunta de
ellos, de mis cuates, sobre mi prolongada ausencia, una etapa que mueve a
recapacitar y que jala como si fueran hilos las fibras más finas del cuerpo. Lo más importante de todo esto es que
comprobé que es mentira que la enfermedad de un ser amado pone a prueba y
desune. Por el contrario une y eso es más pesado
que un lingote de oro. Gracias, gracias a todos. Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
Síguenos y entérate de lo que ocurre en #Tamaulipas