Por: Carlos Santamaría Ochoa04/08/2011 | Actualizada a las 14:31h
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Todos sabemos la
calidad del servicio de transporte colectivo con que contamos: de bastante baja
calidad y poca seguridad para el viajero. Las unidades son nuevamente chatarra;
viejas y destartaladas, porque nadie se ha dado a la tarea ni de supervisar que
estén en buenas condiciones, y tampoco, en un programa preventivo por parte de
los propietarios, quienes asumen que “papá gobierno” debe darles el crédito
para comprar nuevas unidades. Nada más equivocado, desde nuestra óptica. Cierto es que es
un problema grande porque abarca la mayor parte de las zonas habitadas de la
entidad –y no solo de Victoria- a donde debe llegar el servicio que beneficia a
miles de personas diariamente. Pero los señores
microbuseros son como algunos otros comerciantes de ciertos ramos específicos:
aseguran que no es negocio y que trabajan con pérdidas, a lo que nos
preguntamos si sería conducente y de personas inteligentes trabajar por años
con pérdidas. No podemos
olvidar el origen del transporte colectivo hace unos treinta años, cuando el
líder colono Alejandro Flores Camargo azuzó al gobierno del entonces mandatario
Emilio Martínez Manautou para forzar a la renovación de las llamadas peseras,
que, por cierto, nunca cobraron un peso. Algunos vivales
se fueron grandes con los créditos y compraron peseras que hoy alquilan a
quienes tienen verdadera necesidad de trabajar: los choferes que, dicho sea con
todo respeto, no cumplen con el perfil necesario: capacitación, educación y
cortesía y otras cosas que han sido olvidadas. Ya piden a cada
momento aumento en las tarifas, y la autoridad no lo autoriza porque la gente
no tiene para pagar más. Sin embargo, hemos de decir que muchos concesionarios
culpan al municipio específicamente del mal estado de sus unidades,
argumentando la falta de calidad en la pavimentación, lo que ocasiona muchos
conflictos mecánicos. Parte sí, pero parte no, porque la prevención se debe
considerar siempre, desde que la unidad es nueva. Hoy,
lamentablemente, vemos cada vehículo que transita por orgullo, cayéndose en
partes, y a velocidades que ponen en riesgo la integridad de los viajeros, y en
eso, el municipio no tiene culpa. Es probable que
sí se considere la responsabilidad del buen estado de las rúas, pero por otra
parte, no es válido que pidan ajustes a un crédito que no han cumplido y pidan
al gobierno que se haga cargo. El negocio es de ellos, no del gobierno, y ellos
son los que tienen que considerar el buen estado de su “herramienta de
trabajo”. No podemos pedir al gobierno que se haga responsable, sería injusto
para otros prestadores de servicio; tan injusto como las concesiones que se
hacen de los autos de alquiler –taxis- que gozan de impunidad y lugar en todas
las plazas, sin que se considere que son tan ciudadanos como los demás, y
deberían pagar igual que todos. Pero con un
aumento de tarifas no es suficiente: consideramos que lo que hace falta
urgentemente es una revisión con autoridad del estado que guardan las unidades,
y sin miramientos, las que no estén en buenas condiciones, que se les retire la
concesión hasta que la arreglen… o compren otra nueva, pero sin querer que el
gobierno se las pague, porque las utilidades serán para ellos en su totalidad,
y serán éstos los que enfrenten el compromiso financiero. Así de fácil, así
de claro. Tenemos que dejar
de asumir actitudes paternalistas de la autoridad hacia ciertos grupos que poco
aportan al desarrollo. La responsabilidad de manejar observando la ley, de
tener unidades en buen estado y de capacitar al personal que está involucrado
debe ser del que gana dinero, no del que da el permiso. Somos de la idea
de que el gobierno de Egidio Torre Cantú debe ser muy enérgico en ese sentido,
y al que no le guste invertir para ganar, el que no quiera poner su dinero para
tener un redituable negocio, pues una de dos: o que se jubile y retire a la
vida disipada, o que compre un billete de lotería, pero eso de mendigar al
gobierno ya no es prudente, no en estos tiempos, cuando todos tratamos de hacer
un mayúsculo esfuerzo por mejorar a México. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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