Por: Carlos Santamaría Ochoa02/08/2011 | Actualizada a las 16:28h
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A
quienes gustan de los relojes saben que la exactitud debe ser la principal
virtud, y hay dos aspectos que se deben garantizar: la carátula y la batería o
cuerda. La primera es porque dará apariencia buena o mala y la segunda, porque
garantiza su funcionamiento. En
todo sucede igual: las dependencias tienen que contar con un titular capaz de
tomar decisiones adecuadas, y una parte operativa que tenga capacidad para
cristalizar las cosas a la realidad. Y
las tiendas, no se diga, porque finalmente, lo que vemos es la imagen que
cuenta y la que se nos queda grabada, siendo que muchas veces la gente piensa
de éstas según la carátula que vieron. Es la importancia de las oficinas de
relaciones públicas o de atención al público, porque ahí es donde se forja una
buena o mala imagen. Llegó
a Victoria precedente de un buen prestigio, porque en esa cadena de tiendas se
encuentra de todo para el hogar: pintura, herramientas, accesorios, puertas y
demás. El estilo americano obliga a tiendas de este tipo, donde uno
prácticamente se despacha solo, asesorado por un asociado, y porque hay
garantía de servicio y calidad. En Estados Unidos, cuando cometen un yerro, compensan
al cliente. En
Victoria no. Es una tienda “americana”, pero que funciona “a la mexicana”. Todo
sale mal, aunque no podemos dejar de reconocer la calidad de sus productos;
cierto, algunos tienen un coste elevado en relación a la competencia, pero la
ventaja es que encontramos prácticamente de todo. Dentro
de la clientela habemos algunos a los que nos gusta hacer las cosas y otros que
no las hacemos, porque no tenemos la facilidad o el tiempo, o las condiciones
físicas para ello. Se paga por un servicio completo que la tienda también
tiene, aunque los trabajadores que subcontratan son como casi todos los que se
especializan en ser “obreros a la mexicana”, es decir, informales, mal hechos,
irresponsables… y mentirosos, como sucede con los gerentes de la enorme tienda.
Lástima, sinceramente, de todo lo que encontramos ahí, porque el servicio deja
muchísimo qué desear. Finalmente,
usted compra el material que requiere, asesorado por uno de esos personajes que
lo saben todo –o casi todo- y luego pasa a “servicio al cliente”, donde paga
por que le hagan el trabajo en casa: instaladores, plomeros, carpinteros,
albañiles o lo que se requiera: ellos lo solucionan con dinero. Se
llega el día del trabajo y los individuos no llegan porque tienen un buen
pretexto: la llanta, el microbús, el reloj o el celular no hicieron su tarea a
tiempo y entonces se convierten en un buen pretexto, no importa que usted haya
dejado de hacer mil cosas por esperarlos. No entendieron. Lo
normal: habla o va a la tienda a reclamar, y absolutamente nadie da la cara:
los gerentes, escondidos y quedando mal, como siempre; los asociados que tienen
capacidad de decisión no tienen idea de lo que hay que hacer para satisfacer al
cliente. Es
una verdadera lástima que una tienda como la que tenemos en Victoria y que
pertenece a la enorme cadena Home Depot no cuente con un buen servicio al
cliente. Aquí,
recordando el inicio de esta colaboración, la carátula es hermosa, pero la
batería no tiene energía o la cuerda se reventó. La calidad, por los suelos. Pero
es importante saber que hay otras opciones: Victoria tiene mano de obra para
estos trabajos sin necesidad de ir a gastar dinero de más, hígado y otras cosas
en un trabajo que no nos realizarán a satisfacción, y muchas veces, sin
siquiera intentarlo. La
mala atención sale a flote, la prepotencia e incapacidad de los gerentes, es
manifiesta siempre, y el “valemadrismo” de los trabajadores está a todo lo que
puede. Por eso, busquemos en la gente de Victoria la solución a estos asuntos,
y fomentemos así el desempleo, aunque sea un poco. No compremos servicios en
esos lugares que engañan, porque dejamos el hígado en el primer mostrador que
vemos. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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