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Sección: Editoriales / Entre Nos

Reflexión descabellada

Por: Carlos Santamaría Ochoa 30/07/2011 | Actualizada a las 17:34h
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Cuando escuchamos declaraciones de algunos integrantes del sector político, no sabemos, como decían los Polivoces, si reír, llorar o qué hacer, porque tal pareciera que no han tenido el tiempo, la decisión o la capacidad de conectar sus pocas neuronas con la lengua. Casos del mismo tema: dos.

Todos entendemos la grandeza de nuestra patria: México es un país con recursos inimaginables que nos permiten soñar con ser una gran potencia, aunque hoy nos encontramos enclavados –mucho más clavados- en la categoría de país en vías de desarrollo, o sea, país tercermundista.

Hay capacidades que se han manejado en todos los ámbitos, y no se vale seguir culpando al pasado de lo que hoy somos. Ciento diez millones de mexicanos padecemos a diario problemas de infraestructura, salud, inseguridad, educación y otros más. Recordemos que hace ya una década –un poco más- que el Partido Acción Nacional tomó las riendas del gobierno federal, y a la fecha, con los avances naturales, no se han detenido en momento alguno para difamar y echar tierra a los setenta años previos al ungimiento de Vicente Fox.

Felipe Calderón asegura que la inseguridad y la pobreza son consecuencias del pasado, sin embargo, pensemos sin conceder que fuera cierto: tomemos los últimos años para medir lo que se ha desarrollado o realizado: en diez años, hay más pobres, hay más desempleo, hay más inseguridad, y si bien es cierto que se ha avanzado en importantes rubros, la educación está más mal que nunca gracias a la complicidad existente entre la señora Elba Esther Gordillo y el gobierno federal, al que ya ha comenzado a amenazar con el apoyo para el PRD en 2012; la mujer es tremendamente nefasta para el país y todos lo sabemos, y en diez años le han dado una fuerza inusitada que luego va a pesar para sacudirse a esa garrapata del cuerpo: ni con cirugía política, pues.

Dice el presidente que tenemos que avanzar y tiene razón, pero no tiene razón cuando culpa al PRI de lo que somos, porque, finalmente, todos hemos colaborado para tener el país que tenemos: gobiernos de todos niveles, ciudadanos y grupos sociales, en términos generales, es decir, todos tenemos una parte de culpa.

Pero como que el discursito de echar culpa a los setenta años del PRI en Los Pinos está ya desgastado. ¿O vamos a culpar a Hidalgo, a Morelos o a Juárez por ser un país conformista?

No podemos vivir del pasado ni para bien ni para mal, tenemos que entender dónde estamos parados para saber qué rumbo tomar al caminar.

El delegado de Sedesol en Tamaulipas, de triste memoria, Luis Alfonso Mejía, ahora culpa a la inseguridad de ser un país pobre. Olvidó, quizá, que en el gobierno de su partido ha habido gente buena y también muy mala –recuérdese: Cabeza de Vaca y muchos más- y que ésta última ha dejado al país en bancarrota por establecer políticas erróneas, por querer culpar al PRI de antes de lo que pasa hoy.

Lo anterior nos lleva a deducir que, si la culpa es del tricolor, quiere decir que en diez años no ha sido capaz el Partido Acción Nacional de levantar a una nación que prometieron apoyar.

No concebimos a un presidente partidista sino a un presidente para los 110 millones de mexicanos. No concebimos a un gobierno federal que gasta en campañas para sus candidatos panistas, sino en un gobierno que alienta la democracia y justicia social. No concebimos, tampoco, a un gobierno que considera que con el ejército en las calles vivimos bien, sino a un gobierno que nos garantiza los satisfactores básicos a la población, incluyendo éstos la educación de calidad y no la que está amparada con actitudes criminales que surgen de la Gordillo y su camarilla de secuaces; queremos un país que pueda hacer frente a la cobertura universal de salud, que promueva empleos y logre que los mexicanos no nos vayamos a vivir fuera del país. Queremos, también, una nación en la que podamos confiar y querer invertir en ella, una nación que nos permita seguir ufanándonos de ser parte de una gran nación.

Loncho y Felipe culpan al pasado de la ineficiencia del presente, en pocas palabras.

Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

Carlos David Santamaría Ochoa,

(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.

Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).

Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.

Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.

Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.

Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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