Por: Carlos Santamaría Ochoa27/07/2011 | Actualizada a las 16:14h
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Institutos
y comisiones en el país miden los niveles de pobreza. Ya el secretario de
Hacienda Ernesto Cordero aseguró que no somos un país que tenga problemas en
ese sentido y asegura que con los 6 mil “del águila” podemos pagar hasta
escuelas particulares. Tamaulipas,
como otros estados del norte, tiene un atractivo que se convierte en ciertos
factores en desventaja: su calidad fronteriza lo hace atractivo para millones
de personas de México y América Latina para tratar de alcanzar la frontera
estadounidense y hacer realidad el llamado “sueño americano”. Sabemos que las
políticas de Estados Unidos se han endurecido en ese sentido y muchos ven frustrado
su anhelo porque les robaron, los vejaron, los secuestraron… o porque Migración
los encontró y los deportó. Cientos
de ellos se quedan a vivir en la zona fronteriza causando un incremento
potencial en los cinturones de miseria de las ciudades de aquellos lugares; en
el caso de Tamaulipas, desde Nuevo Laredo hasta Matamoros, y así sucede en
Coahuila, Chihuahua, Sonora y Baja California, por mencionar algunas entidades. Los
gobiernos de cada lugar hacen esfuerzos enormes por propiciar que haya
desarrollo en la zona fronteriza buscando programas que tengan un impacto
positivo, aunque a veces nos gane el número de deportados que se quedan a
vivir. Qué bueno fuera que todos buscaran un empleo decoroso: hay quienes se
dedican a delinquir para vivir –con ese pretexto, pues- y orillan a que los
niveles de inseguridad crezcan. Las
cárceles están llenas de ciudadanos que tuvieron conflictos con la ley en
varios sentidos, los cuerpos de seguridad a veces no se dan abasto para frenar
esta problemática, y ningún gobierno tiene la capacidad económica para
enfrentar esta situación. El
que haya más gente que es repatriada en aquellos lugares ocasiona ver el
incremento en acciones de salud, educación, infraestructura, empleo, bienestar
social, vivienda y muchos rubros más. No se trata solamente de tener un
programa que les proporcione albergue y comida. No es tan sencillo. Pero
los números a veces nos toman el pelo y nos dicen que no hay tantos pobres. Vemos
en cada calle el incremento de puestos ambulantes, de gente que vende cualquier
cosa por catálogo, que hacen lonches o flautas para vender en una hielera, sin
condiciones avaladas por autoridades sanitarias. Vemos más “graneleros” y gente
que pide en los cruceros. Eso, en conceptos llanos y claros se llama pobreza. En
ciudades del mundo donde la pobreza está casi erradicada o disminuida al menos,
hay una cantidad menor de indigentes y no se requiere de tanta ayuda social
para la gente. Existe
empleo y otras condiciones que favorecen el desarrollo. No
podemos engañarnos asegurando que no hay pobreza. Cierto es que muchos
programas, como el caso de Tamaulipas, están surgiendo a través de las
dependencias encargadas del desarrollo social, encaminadas a propiciar una
mejor calidad de vida en este núcleo cada vez mayor, pero falta aún mucho por
hacer. El
gobernador Egidio Torre Cantú ha recibido una entidad donde la problemática de
empleo y migración es grande, y ha dispuesto a través de sus colaboradores
hacer frente a esta problemática, pero no es cosa que se arregle en unos minutos:
hay que trabajar mucho y procurar acelerar el paso para tener números
positivos. Y
los pobres son sujetos a una serie de reuniones y comisiones, de programas que
nacen, subsisten y desaparecen para dar paso a otros que, apoyados en
estadística oficial nos dicen que estamos bien. El
señor Carstens, aquel que buscara la presidencia del FMI, también asegura que
tenemos una situación mejor que muchos países inclusive de Europa. Pareciera
que no conoce el mundo. Hay
muchos pobres, y es tiempo de dejar de pensar en ellos como estadística y tener
algo más que ofrecerles que no sean declaraciones y estadística. México
necesita crecer en forma urgente. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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