Por: Luis Lauro Carrillo26/07/2011 | Actualizada a las 09:37h
La Nota se ha leído 2000 Veces
Como
podrá observarse, la función legislativa en nuestro país está degradada hasta
el extremo. No es una novedad que los diputados tengan bien ganado el
desprestigio. Son groseramente caros y ordinariamente ineficientes. Tienen
dinero a manos llenas pero son extremadamente improductivos.
Así pues, salvo contadas excepciones estos legisladores son lacras sociales con
fuero y excesivas prebendas, son calificados en el rango más bajo de de la escala
de confianza, credibilidad, eficiencia y aceptación, cuya popularidad en todas
las encuestas está en los últimos lugares, junto con los policías ministeriales.
De ahí que la imagen que arrastran desde hace años y en el caso particular de
la LXI Legislatura del Congreso de la Unión actualmente en receso, es la de la
holganza ya que solo trabajan a lo mucho cuatro meses y medio del año.
En efecto la Cámara de Diputados tiene un rezago de 2000 iniciativas y sólo el
11% han sido dictaminadas, a favor o en contra. En el Senado la historia no es
muy distinta, ahí de las casi 1100 iniciativas introducidas en la LXI
Legislatura, sólo el 6% ha sido procesada, y el resto están archivadas en el
frigorífico legislativo, conocido coloquialmente como “congeladora”.
Contrariamente los defensores del rezago argumentan inexistencia de parálisis al
aprobar en promedio el 10% de proyectos al final de cada Legislatura, aun
cuando no respondan a las grandes reformas que requiere el país, como es el
caso de la reforma política, económica, laboral y de seguridad nacional entre
otras.
Tanto a las Cámaras como a la Comisión Permanente se le ha solicitado llamar a
un periodo extraordinario de sesiones, para sacar adelante reformas mencionadas
y nombramientos de urgencia, como lo son los tres consejeros del Instituto
Federal Electoral (IFE) que debieron nombrarse en octubre de 2010, sin embargo
la respuesta y actitudes han sido la sordera, el silencio y las evasivas.
Un ejemplo más de lo pobre del trabajo legislativo fuera de las reformas e
iniciativas congeladas puede encontrarse en los atrasos en la publicación de
acuerdos en la red de internet 18 meses después de su emisión.
Por consiguiente la parálisis del Congreso es una ofensa grave a los
contribuyentes que con sus impuestos cubren los estratosféricos salarios a
estos “representantes” para que legislen, lleguen a acuerdos y pacten por el
bien del país, llamando la atención que
políticos “profesionales” no pueden ponerse de acuerdo, para poder hacer su
trabajo.
De ahí que la inacción legislativa domina al Congreso de la Unión que juega con
las expectativas de la ciudadanía, incumple con la designación de funcionarios
y promete cosas que no cumplió en su momento, quedando evidenciado que no es posible
hacer política, concertación conciliación y acuerdos.
En definitiva los legisladores son verdaderos flojonazos con fuero, la gran
mayoría de los diputados federales de todos los partidos, cual vulgares
vividores de la política, “levantadedos” y “calientacurules”, poco o nada les importa
la sociedad a la que dicen representar, anteponiendo al interés colectivo el
interés personal y el de quienes los promueven.
Analista político, autor de la columna Cuestión Pública publicada en el periódico de La Verdad de Tamaulipas, en el portal digita HOYTamaulipas, entre otros
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