Por: Melitón Guevara Castillo25/07/2011 | Actualizada a las 18:20h
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El
poder marca a quienes lo han ejercido. Les da un ritmo, un sentido, a la vida
de hombres y mujeres que hacen de su ejercicio una forma de vida; que, al paso
del tiempo, cuando se valora,se ve en
otra perspectiva. Es lo que sucede, en estos momentos, con Laura Alicia Garza
Galindo: está prácticamente exiliada de la política, pero no deja de hablar de
política.
Hace días me sorprendió escuchar, en un noticiero radiofónico, la voz de Laura
Alicia Garza Galindo: la exdiputada federal, la exsenadora, la exSecretaria
General del Gobierno del Esatado, cuyo último cargo en la Administración
Publica geñista fue ser rectora de El Colegio de Tamaulipas.
¿Qué fue lo que dijo Laura a la audiencia radiofónica? En esencia, en términos
políticos, que su gallo para la candidatura presidencial priista es Manlio
Fabio Beltrones, el actual líder del Senado. Manlio quiere ser presidente; lo
ha dicho aunque con una variante: que primero, su partido, determine el plan de
trabajo y luego el hombre (o mujer); como si no supiera que ya, prácticamente,
Enrique Peña Nieto es el abanderado priista.
Manlio sabe que no puede hacer nada en contra del posicionamiento de Peña
Nieto. De ahí, entonces, que juegue con un deber ser. Lo mismo que ambiciono Jesús
Reyes Heroles; pero que se fue al trate cuando Fidel Velázquez al momento que
se discutía en Plan, destapa a José López Portillo como el candidato priista a
la presidencia de la Republica. Difícil que eso suceda.
Por lo pregona Laura Alicia, Manlio tiene una habilidad extraordinaria para
negociar.
Establece Laura que con Manlio habría la oportunidad de negociar y enderezar
conflictos, problemas y situaciones que se han salido de control. Manlio, para
muchos, puede ser el plan B; pero puede jugar, sin querer queriendo, el papel
de Judas: provocar división y que el PRI, nuevamente, pierda la presidencia de
la Republica.
Por lo visto Laura esta exiliada de la praxis política. Recluida a la familia,
disfrutando lo que se perdió por ejercer el poder; pero eso no es obstáculo
para hablar de política, puchar por su amigo porque, a fin de cuentas, el poder
es el poder y si le llaman, a las invitaciones del poder, difícilmente se les
dice que no.
CONTRAESQUINA:
Alonso Lujambio es la personalización, en este momento, de cómo el político
tiene que venderse: con malabarismos en el presupuesto, los viáticos, los
gastos de representación, bailando y hasta tocando el tambor. Atrás, muy atrás,
quedo el Lujambio que fue consejero electoral o Comisionado del IFAI. Lo
importante, sin importar recursos, es hacer campaña político-electoral.
Elba Esther Gordillo es cínica: sabe que tiene mala fama. Por cierto, al
referirse a políticos, dice que Marcelo Ebrard le llena el ojo; y de Jorge G.
Castañeda que, ante ella, no tiene “autoridad moral”. ¿De qué tipo será? Porque
ella, de plano, como lo acepta tiene “mala fama” por corrupta, perversa,
manipuladora, por poderosa.
Guadalupe Flores, la líder del Congreso, confiesa que pidió a sus compañeros
des Cámara, cumplir con todas sus tareas como legisladores; que regresen, en el
receso legislativo, a sus bases, que contacten a sus representados, para
cambiar la percepción que los ciudadanos tienen de los diputados. Como diría la
Jefa Gordilla: de que tienen mala fama, la tienen.
Licenciado en Administración Pública (UAT), Doctor en Comunicación y Periodismo (Universidad de Santiago de Compostela).
Profesor Emérito de la UAT. Líder del Grupo de Investigación “Democracia y Comunicación Política” de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales (Victoria, Tam.,).
Representante en Tamaulipas de la Red Nacional de Investigadores de la Calidad de la Democracia.
Escribe la columna política DESDE ESTA ESQUINA, desde 1984 en El Diario de Cd. Victoria y actualmente en Hoy Tamaulipas.
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