Por: Javier Rosales Ortiz17/07/2011 | Actualizada a las 20:05h
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Cuando le alzaron la mano en señal de
triunfo los azules saltaron de júbilo. No lo podían creer y ya visualizaban que su
futuro económico, el poder y hasta sus caprichos serían compensados con el
arribo de la maestra a la tan codiciada silla. Pero pronto, muy pronto, se dieron cuenta
de que la situación era distinta y que detrás del rostro de aquella maestra
entrona, algunas veces sencilla y hasta simpática, se ocultaba otra persona. Hoy, a seis meses de distancia, la maestra
les asestó la más dura puñalada y casi a la fuerza expulsó a más de 50 panistas
del ayuntamiento de Tampico, aunque la versión oficial es que presentaron su
renuncia, entre ellos su oficial mayor. De un borrón la maestra eliminó todo
aquello que fuera de color azul y hoy los panistas lucen fúricos y amenazan con
cobrar venganza. Y cómo no, si se dice que la maestra llego
a la presidencia municipal cobijada por el PAN, aunque otra versión indica que su
arribo al puesto fue producto de una negociación de alto nivel. Se cuenta que antes de que se registrara
esa “renuncia en masa” la situación en el ayuntamiento porteño era similar a
aquel viejo talk show de Carmen Salinas “Hasta en las mejores familias”, donde
los protagonistas se daban con todo y no dudaban en mostrar en público los más
escondidos y miserables aspectos de su vida privada. Así se desarrollaban, por ejemplo, las
sesiones de cabildo y los encuentros entre la maestra y los habitantes de las
colonias populares, que acabaron en enfrentamiento porque la alcaldesa no
entendía razones como Rosita Alvírez. Y es que todo tenía que ser a su gusto y
nunca acepto un reclamo, un señalamiento en contra que provenía de la boca de
sus gobernados. Nada que ver con el garbo y el impecable
peinado de Carmen Bolado del Real, del perfecto manicure y pedicure de Luz
Irene Alzaga y del porte al estilo de Mauricio Garcés de Arturo Elizondo
Naranjo. No, la maestra no es así, porque se suelta
el chongo cada que se le sube la bilirrubina y cuando impone su voluntad no hay
elemento que valga. La osadía de la alcaldesa de Tampico,
Tamaulipas, Magdalena Peraza Guerra, no tiene límite, al grado de que esos tres
personajes y muchos panistas más de abolengo ya le retiraron el saludo y la
tienen en la mira, además de algunos del PRD. Lejos quedaron aquellos tiempos en que ella
se llevaba de besito con Carmen Bolado como parte de aquel famoso grupo con
tinte político que se denominó “Mujeres y Punto” y que estaba integrado por lo
más rancio de las mujeres panistas del puerto jaibo. También los apapachos de connotados
blanquiazules que le tendieron la mano cuando llego al puesto y que hoy la
miran con desprecio y desconfianza, porque puso en mal el nombre de un partido
que presume de decencia, de rectitud y que se dice de abolengo. Las andadas de la maestra ya les provocó
cólera y ahora ella, desesperada, busco a su viejo amigo priísta, Felipe Garza
Narváez, para que la ayude a salir del hoyo en el que se hunde y se hunde. Para complicar la situación el ayuntamiento
de Tampico está endeudado y maltrecho porque se especula que la maestra gasta
demasiado en publicidad para su promoción personal, como si una cirugía
bastara. Por eso muchos allá en el sur se preguntan
cuáles fueron los resultados de sus variadas reuniones con el presidente,
Felipe Calderón Hinojosa, cuando asumió el poder, si la está dejando a la
deriva como una cáscara de nuez en el enorme mar. Es, Magdalena, la alcaldesa más criticada
en este momento en Tamaulipas por su inusual comportamiento. Y ya no puede ni con la prensa a la que
responsabiliza de todas sus desgracias. Lo que no pensó es que la metamorfosis de transformarse
de priísta a panista no es sencilla. Por todo eso y más ya cobro fama de ser. Una dictadorcilla. Correo electrónico: anecdotariorosalses@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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