Por: Carlos Santamaría Ochoa15/07/2011 | Actualizada a las 17:33h
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Los
que gustamos del cine hemos sido un poco reacios a volver a las salas
cinematográficas por diversos motivos: uno de ellos, sin duda, es el coste que
implica una buena cinta, con las consabidas golosinas que casi a fuerza hay que
comprar.
Resulta curioso que vas con tu hija a una función de cine antes de las 15
horas, y el coste es menor, y pagas menos de cien pesos en dos entradas, pero
te das la vuelta por la dulcería y dejas mínimo 190 pesos. Es más caro lo que
uno se come que todo el trabajo artístico que se lleva a cabo y se plasma en la
pantalla.
Una vuelta al cine con dos o tres miembros de la familia supone una erogación
aproximada entre 500 y 750 pesos, lo que hace que esta actividad se vuelva
inalcanzable para la mayoría de los mexicanos, quienes tenemos salarios
realmente justos como para dejar la mayor parte de éstos en un par de horas.
El cine… el buen cine.Hay películas que
hemos visto una y diez veces y no nos cansamos de admirarlas. A través de los
años podemos mencionar Ben Hur, película de los cincuentas –del siglo pasado- o
La Novicia Rebelde; Melody, o Friends, con la música de Elton John, por
mencionar algunas. No se puede dejar a un lado a Al Pacino o a Dustin Hoffman,
a Tom Cruise, Brad Pitt, la bellísima Julia Roberts o Sandra Bullock, Kevin
Costner; Denzel Washington y su interpretación en “Hombre en llamas” o Tom
Hanks, en “El Código Da Vinci”, por decir solo algunos casos; Sean Connery, cuando
era James Bond, el agente 007, o en la cinta Descubriendo a Forrester, y qué
decir de El Graduado, , con Dustin Hoffman, Un buen año, con Russell Crowe o El
golpe, con Robert Redford y Paul Newman. Unas, viejas, y otras no tanto, pero
el cine es especial, lástima que la misma permisividad de muchos de nosotros
haya jorobado este tiempo, otrora maravilloso, y hoy, que se padece a diario.
Vaya usted a los cines de plaza Campestre y encontrará grupos de jóvenes y
niños que suponen que es muy “chic” ir a ese sitio: entrar al cine y durante el
tiempo de la película estar emitiendo estupideces a granel: gordos y gordas,
flacos y flacas, pero todos inmaduros y con una tremenda falta de respeto.
Muchachos lastimosamente “de colegio”, como dicen algunas personas, queriendo
describir a gente que tiene poder adquisitivo de medio hacia arriba, pero que
nunca ha tenido la precaución de hacer ver a sus hijos la importancia de
respetar a los demás y de actuar con mesura.
Llegan en manadas de 6 en adelante y sentados suben lo que muchos llamamos
pies, aunque en ellos parecieran patas, en el respaldo del asiento delantero,
sin el menor respeto para quien se sienta delante de ellos ni por el cuidado de
las salas que han sido instaladas para el disfrute de ellos y todos los demás
que acudimos.
Todo el tiempo emiten brutales frases, carcajadas grotescas que nada tienen que
ver con la trama de la película y sí con las barrabasadas que dicen y por el
resultado de las fotos que se toman dentro de la sala.
No entienden que todos los que vamos al cine, igual que ellos, pagamos un
boleto para ver y disfrutar de una película, buena o mala, pero finalmente,
estamos con el mismo recurso y con el mismo fin.
¿Y sus padres? Nunca supieron que sus hijos son unos verdaderos patanes en cuanto
a comportamiento y conducción en ámbitos sociales colectivos. Se olvidaron de
enseñarles que debe uno guardar respeto por los demás para poder ser respetado.
Olvidaron también, quizá por sus múltiples actividades, enseñar a sus hijos a
convivir en una sociedad olvidándose que son el “ombligo del mundo”.
Adolescentes y jóvenes irreverentes, faltos de educación y formación familiar
es lo que estamos viendo en las salas de cine.
Quizá por esa razón muchos de nosotros preferimos esperar unos meses –o años- para
ver alguna película, previa compra, y entonces, disfrutarla en casa.
Estas conductas son parte de las muchas que están jodiendo a nuestra sociedad,
logrando muchachos sin formación moral, social y cívica. Habrá que imaginar que
harán estos jovencitos cuando les toque dirigir el mundo. ¡Cuidado!
Y si como padres no podemos enseñarles a respetar su mundo, no nos quejemos
cuando sean verdaderos delincuentes, pues.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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