|
Sección: Editoriales / Juego de ojos
Violencia
Por: Miguel Ángel Sánchez de Armas
15/07/2011 | Actualizada a las 13:56h
|
La Nota se ha leído 1563 Veces
Las
noticias diarias que nos sirven los medios sobre ejecutados, decapitados, cadáveres
disueltos en ácido, cuerpos desechos de seres humanos que fueron golpeados con
sevicia y arrojados a fosas clandestinas, o videos con imágenes brutales que
reviven el añejo debate sobre si los medios deben tener límites o no al tratar
este tipo de informaciones, polarizan nuestra atención en un tipo específico de
violencia.
Pero
en realidad ésta tiene muchas caras, como la Hidra de Lerna, el monstruo con
cuerpo de perro y nueve cabezas de serpiente, una de ellas inmortal, que hoy
podríamos comparar con el uso legalizado de armas de fuego que periódicamente
produce hechos estremecedores en Estados Unidos debido a la facilidad con que
los ciudadanos estadounidenses pueden adquirir desde una chinampina hasta un
pavoroso fusil ametralladora de ésos que hacen las delicias de los J.I. Joes.
Está
muy presente en la memoria colectiva el crimen múltiple que puso entre la vida y
la muerte a la legisladora demócrata Gabrielle Giffords y ultimó al juez
federal McCarthy Roll durante un mítin político en Tucson, Arizona. Seis
personas en total perdieron la vida y varias más resultaron heridas. Muchos episodios
sangrientos como éste han puesto a debate la venta de armas entre particulares
en Estados Unidos. Por ejemplo, el de 1966 en la Universidad de Texas, el de la
secundaria Columbine en 1999 y la masacre del Tecnológico de Virginia en 2007,
que dejaron 16, 15 y 33 muertos respectivamente, además de un número
considerable de heridos y otros con secuelas incapacitantes.
A
pesar de estos y numerosos episodios como sacados del far west que han cobrado
la vida de jóvenes y viejos, hay en el país del norte un conjunto ciudadano que
defiende a sangre y fuego la adquisición de armas y la equipara a una de sus
libertades más importantes.
De
hecho, después del triunfo de Barack Obama la venta de armas se disparó
espectacularmente debido al rumor de que su administración intentaría modificar
la ley para hacerla más restrictiva y que impondría límites a la adquisición de
pistolas y rifles de asalto semiautomáticos, vía un agresivo incremento de
impuestos. Ante esta posibilidad, los ciudadanos que ven en cualquier
restricción al mercado de artefactos de muerte un atentado a sus libertades se
dieron a la tarea de pertrecharse. De acuerdo con reportes del Departamento de
Estado, la recaudación de impuestos de 2008 a 2009 en la industria de armas y
municiones creció 43% y ascendió a 109.8 millones de dólares.
Este
sector goza de cabal salud pese a un entorno económico poco propicio y en
deterioro. La Segunda Enmienda constitucional de los primos del norte, que salvaguarda
el derecho a poseer armas, le ha dado a Estados Unidos el primer sitio entre los
principales países desarrollados en la tasa de violencia por arma de fuego, con
13.70 muertes por cada cien mil habitantes; eso sólo en el año 2000, cifra que
incluye homicidios, suicidios y accidentes fatales.
Por
una parte, la defensa del marco legal que permite poseer armas mantiene
próspero al sector industrial que produce armas y municiones, y por la otra
sangra al erario público que debe hacer uso de grandes recursos para encarar
los efectos de la violencia. Sólo en la década anterior el costo de la atención
médica para atender las lesiones y la discapacidad producida por la violencia
causada por armas de fuego se mantuvo en alrededor de cien millones de dólares
anuales, según datos recabados por Alejandro Moreno del Centro de Estudios
Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados.
Si el
costo económico es grave, el social se vuelve altísimo según lo muestra la
matanza de Tucson. No se trata ya del individuo extraviado y solitario que
arremetió contra sus compañeros y profesores en el Tecnológico de Virginia. Ahora
los asesinatos masivos se vuelven una forma de dirimir disputas políticas, pues
la legisladora Giffords había recibido amenazas de muerte, producto de la
intolerancia y el clima de crispación que han desatado políticos conservadores
como una manera de enfrentar el triunfo demócrata, entre ellos la ex candidata
republicana a la vicepresidencia Sarah Palin y la gobernadora de Arizona Jan
Brewer, quien promulgó la ley que autoriza a los ciudadanos a portar armas sin
permiso.
A
Palin se le considera impulsora del movimiento ultraconservador del Tea Party,
emblema de la lucha de Independencia de los Estados Unidos y hoy escudo de
quienes dicen defender los valores originales estadounidenses, cuando en
realidad se trata de la defensa de la supremacía blanca. A Jared Lee Loughner,
responsable de la matanza, se le asocia con ese movimiento y se dice que la
legisladora Giffords sufrió el atentado por su política a favor de una reforma
migratoria que beneficiaría a miles de indocumentados.
Sarah
Palin, miembro destacado de la Asociación Nacional del Rifle y quien proveyó a
la prensa de polémico material por su afición a cazar lobos desde una avioneta,
es responsabilizada indirectamente de la matanza en Tucson. Su página web,
titulada “Dónde ha estado Sarah Palin cazando demócratas” fue cerrada
inmediatamente después del atentado. El columnismo político opina que se volvió
literal.
Profesor
– investigador en el Departamento de Ciencias Sociales de la UPAEP Puebla.
13/7/11
Si
desea recibir Juego de ojos en su correo, envíe un mensaje a: juegodeojos@gmail.com
|
|
|
Ultimas Columnas del Autor
|