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Ciudadanos condescendientes

Por: Sandro Cappello El Día Miercoles 20 de Marzo del 2019 a las 16:38

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“Vale la pena tener el elogio del hombre libre, ya que es el único elogio que está libre de servilismo o condescendencia” Bernard Crick.

Para que una república representativa como México funcione adecuadamente, es importante que cuente con una democracia plena. Para medir la calidad democrática de los países, el índex democrático desarrollado anualmente por la unidad de inteligencia de The Economist, evalúa un conjunto de indicadores sobre las siguientes categorías: proceso electoral y pluralismo; libertades civiles; funcionamiento del gobierno; participación política; y cultura política democrática. Posteriormente los clasifica y compara entre las distintas naciones.

México se encuentra en el lugar 71 en los resultados del ejercicio 2018, clasificado como una democracia imperfecta. La calificación obtenida por categoría, ponderadas del uno al diez, siendo 10 la mejor valoración, son las siguientes: proceso electoral y pluralismo 8.33; funcionamiento del gobierno 6.07; participación política 7.22; cultura política democrática 3.13; y, derechos civiles 6.18.

En un principio podría sorprender que la valoración más baja sea en la categoría de cultura política democrática, sin embargo, sin pretender ahondar en el sentido amplio de la definición del término, podemos decir que se compone del conocimiento, comportamiento, evaluaciones y actitudes de los ciudadanos con respecto al ámbito político democrático en general. En otras palabras, la cultura política es la percepción subjetiva que tienen los ciudadanos del sistema político y todo lo que comprende y cómo influye en nuestro comportamiento individual y colectivo.

A continuación comparto las cuestiones evaluadas en el apartado de cultura política democrática: cohesión social para sostener una democracia funcional, proporción de la población que desea un líder fuerte que sobrepase al congreso y las elecciones, proporción de la población que le pareciera bien tener un régimen militar, proporción de la población que preferiría tener un gobierno regido por expertos o tecnócratas, proporción de la población que considera que las democracias no son buenas para mantener el orden, proporción de la población que considera que las democracias son buenas para la economía, grado de apoyo popular a la democracia, porcentaje de personas que consideran la democracia como mejor forma de gobierno y la tradición de separación iglesia/Estado.

La baja calificación en dicho rubro no sorprende cuando realizamos un somero análisis del comportamiento político promedio del mexicano. El debate político se ha convertido en una constante competencia por tener la “razón”, incluso por encima de los hechos y la realidad, cada vez más parecida a una discusión sobre preferencias deportivas. No podemos afirmar precisamente que existe una saludable cohesión social cuando estamos divididos, incluso teniendo los mismos objetivos como sociedad.

A pesar de encontrarnos en una situación adversa para alcanzar una democracia plena, sería irresponsable acusar directamente al gobierno federal actual de atentar contra el régimen democrático, siendo que representan solamente un síntoma de un sistema político degradado por la  incompetencia de los partidos tradicionales que despertaron la legítima voluntad de cambio en 30 millones de electores. Incluso ahora, los partidos tradicionales constituidos como oposición abonan a la degradación de la cultura democrática cuando en los debates legislativos contradicen sus argumentos con sus acciones, dicho de otro modo: cuando negocian su apoyo a propuestas del partido mayoritario anteponiendo sus intereses a los de la sociedad en general.

Para constituirnos como agentes racionales de la política, es necesario pensar a profundidad y con detalle los sucesos políticos y no actuar con condescendencia sólo porque el aludido es la autoridad política con la que congeniamos o por quién posiblemente votamos. Tampoco es lícito desestimar con intransigencia todas las acciones de un gobierno solo por tener otros intereses políticos o haber votado por la opción que no gobierna. En conclusión: ser objetivos en la evaluación de las acciones de los gobiernos y su oposición y mantener conciencia y cohesión sobre los intereses colectivos de los mexicanos como la erradicación de la corrupción y la impunidad.

Sandro Cappello

Es Director de Investigación Político Sociales en Consultores y Asociados ESTATAM, con presencia en el noreste de México. Además es docente a nivel Maestría.

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