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Sección: Editoriales / Entre Nos

Mentiras verdaderas

Por: Carlos Santamaría Ochoa 09/07/2011 | Actualizada a las 22:05h
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En tiempos electorales suceden una serie de acontecimientos que dejan mucho que desear de la llamada “clase política”, y aplica para todo el país: nada de clase y nada de política, porque muchos de estos individuos se han empeñado en hacernos pensar que no tienen una reputación definida, como tampoco un plan de vida congruente con lo que a veces dicen en sus campañas.

Descalifican a todo y a todos, mienten sin limitantes y luego se hacen víctimas. Ya ve usted al presidente del Comité Directivo Estatal del Partido Acción Nacional Garza de Cos, quien en forma por demás irresponsable quiso eludir el fraude que cometieron contra conocida restaurantera victorense, argumentando inclusive que la dama había falsificado facturas.

Y otras cosas que vivimos a diario, como es el hecho de tener una supuesta ideología política, y cuando no se les otorga la postulación a la que consideran tener derecho, cambian de instituto político, no importa, por ejemplo, con PRD y PAN, que sean de ideología completamente distinta.

Mienten con una facilidad que a veces resulta natural creer que están diciendo la verdad, porque además, lo dicen convencidos de lo que emiten a través de la palabra.

El encargado de gobernar el Distrito Federal Marcelo Ebrad asume poses de divo al hablar de sus aspiraciones, como si nos hiciera el favor a los mexicanos de escucharlo. Miente y utiliza recursos propios del gobierno capitalino para promoverse. También es cierto que los funcionarios de estos niveles tienen un partido político, sin embargo, ser jefe de gobierno o secretario implica un compromiso de tiempo completo.

Imagine el lector la calidad moral que pueden tener estos individuos que cobran muchísimo dinero por concepto de salario y compensación como para afirmar que tienen un horario establecido, y, como obreros, luego de la hora de salida pueden dedicarse a su promoción egocéntricamente partidista.

Esa actitud está bien para una persona que tiene salario recortado y prestaciones limitadas, pero no para quien se ha comprometido a servir a su país.

El presidente, por ejemplo, o los gobernadores, cuando hay problemas ocasionados por la naturaleza, están día y noche trabajando y no salen con actitudes infantiles como “mi salida es a las 17 horas”, solo les falta tener un reloj checador y mediocrizarse como la mayoría de la gente que asume poses burocráticas negativas y no es capaz de enfrentar su responsabilidad laboral con atingencia y profesionalismo.

Lujambio, Cordero y el señor de la secretaría del Trabajo de apellido Lozano mienten al decir que están trabajando sin miras a una promoción política adelantada. Nos tratan como a tontos a los mexicanos y piensan que no nos damos cuenta de lo que están haciendo.

Y como ellos, otros más que como la señora Gordillo afirman ser honestos a carta cabal, pero que tienen a su familia incrustada en la nómina oficial sin mérito alguno, haciendo daño tremendo a la población.

La educación está “patas para arriba” gracias a los “logros” de la Gordillo y un grupo de secuaces con carrera magisterial que tienen en sus manos a los sindicatos del SNTE, cuna de vividores y holgazanes.

Servidores que no sirven, funcionarios que no funcionan, empleados que se ajustan a un horario de trabajo sin pensar en México son los que están acabando con el país. Es urgente ubicarlos o despedirlos, porque este grupo de gente es la que ahoga a México con sus deudas y demás.

Cuando ganan una elección: ejemplo de civilidad política; cuando pierden la elección, hubo fraude y lo van a defender con todo.

Qué patética actitud asumen, no cabe duda. Porque si tomamos esos parámetros como base, definitivamente, autoridades internacionales tienen toda la razón del mundo al ubicarnos en ese lastimoso grupo de países pobres, con crisis verdadera, y con soluciones como las palabras de nuestra clase política.

Eso es lo que tenemos, y lo que padecemos a diario.

Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

Carlos David Santamaría Ochoa,

(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.

Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).

Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.

Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.

Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.

Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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