Por: Carlos Santamaría Ochoa02/07/2011 | Actualizada a las 14:09h
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Recordamos
aquellos tiempos en que había ciertas enfermedades “típicas” de los lugares o
tiempos: el frío y el calor conllevan a cuidarse para no enfermarse de ciertas
cosas. En
tiempos de calor, resulta natural ver un cúmulo de personas con enfermedades
gastrointestinales por el consumo desmedido de productos generalmente líquidos,
que tienen poca higiene y producen estos inconvenientes y que se pueden
multiplicar hasta llegar a la gravedad. En el frío, los problemas de vías
respiratorias son comunes. Sin
embargo, hay padecimientos que, o son nuevos o estaban ahí, muy bien cubiertos
por otros problemas. Cuando niños, no escuchábamos problemas médicos como la
migraña y otros más. La diabesidad se constituye como una nueva forma de
agredir a nuestro organismo a través de una enfermedad crónico degenerativa,
incurable a la fecha, y que se asocia con los hábitos cotidianos. Llama
la atención la información del diario gallego “La Voz de Galicia” en el sentido
de que ante un verdadero problema de salud pública no hay fármacos para frenar
esta epidemia llamada diabesidad, y que no es más que un término que asocia dos
problemas graves de salud: obesidad y diabetes mellitus. Desde
que el hombre existe hay obesidad: las personas gordas están presentes en obras
de arte que constituyen el testimonio de cómo eran nuestros ancestros. En las
grandes pinturas del Renacimiento se ponía de manifiesto aquellos gordos
burgueses que se mandaban a hacer una pintura para inmortalizar su existencia.
Los gordos siempre han estado y siempre han tenido más problemas de salud que
la gente que no tiene ese problema. El
término lo conocimos hace unos años cuando la Universidad de Arizona nos invitó
a unas jornadas para combatir la diabetes mellitus en Mc Allen, Texas, y cuando
visitamos las zonas marginadas, donde la diabetes hace estragos de magnitud
incalculable. Nada hay de distinto en esas zonas marginadas y nuestra
población: la obesidad está presente, pero es muchas veces, culpa de nosotros
mismos, por las costumbres que tenemos y que no queremos cambiar. Hoy,
los niños padecen graves problemas en este sentido gracias a que los padres
tenemos menos tiempo para atenderles (o nos damos el tiempo necesario), pero el
caso es que hay más niños gordos que nunca. Es impresionante ver la cantidad de
obesos en las calles, centros comerciales, escuelas y cualquier parte a donde
vayamos. Dice
el diario gallego en su información que un especialista de nombre Felipe
Casanueva que hay una gran permisividad de los padres para que nuestros hijos
estén obesos. Aseguran
los expertos que el 80 por ciento de los casos de diabetes tipo 2 están ligados
a la obesidad, y que la conjunción de ambas patologías incrementa por 7 el
riesgo de muerte prematura. Así de grave. El
concepto de diabesidad se cierne en la sociedad como una epidemia del siglo
veintiuno. El
catedrático de la Universidad de Santiago de Compostela subrayó que al no
haber fármacos para frenar esta epidemia “es necesaria la prevención”, y habló
del incremento de obesidad infantil y denunció, por una parte, “la permisividad
y complacencia de los padres sobre lo que comen sus hijos, y por otra, el
recorte de las horas de ejercicio en los colegios”. Las
consecuencias son la hiperlipidemia, hipertensión, apnea del sueño y algunos
tipos de cáncer como mama, colon o próstata, así como enfermedades
cardiovasculares. Esa
es la realidad de nuestra sociedad, y si no hacemos algo por frenar la
diabesidad, no vamos a tener dinero suficiente, gobierno y familias, para
atender lo que se constituye como el principal enemigo del ser humano: la
obesidad que lleva a la diabetes y otros males incurables y mortales por
necesidad. ¿Qué
hacer? Prevenir, hacer conciencia de la gravedad del asunto, hacer ejercicio,
cuidar la alimentación… y levantar un poco la mesa de los juegos de consola,
videojuegos y esas cosas que nos llevan al sedentarismo, tan grave como
cualquier epidemia médica. Nosotros tenemos la palabra, pues. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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