Por: Carlos Santamaría Ochoa01/07/2011 | Actualizada a las 14:47h
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Bien
dicen que el agua es casi mágica, pues suele limpiar, sacar a flote todo. Es el
caso, por ejemplo, de enfermedades que requieren de una mejor condición del
organismo. El doctor Daniel Llanas, endocrinólogo, decía que quienes vivimos
con diabetes debemos tomar mucho líquido, específicamente, agua pura, porque
eso ayuda a limpiar el organismo de los excesos de glucosa. Entendamos
que no es magia ni tratamiento médico autorizado: el agua AYUDA mucho, pero no
hace toda la tarea del tratamiento ni se busca sustituir tratamientos clínicos. En
ese tenor, entendemos que lo que está podrido, malo, descompuesto, tarde o
temprano lo saca el vital líquido. Entendemos, por ejemplo, la maravilla que
significa el que el agua “taladra” sólidas rocas y conforma caprichosas formas
para dar paso a esculturas naturales, las que apreciamos en cualquier parte del
mundo, en un arroyo o donde existe escurrimiento de líquido, por pequeño que
éste sea. Y
en cuanto a obra, no es la excepción: el agua nos muestra los trabajos que
fueron objeto de concurso –no siempre- y de elaboración de obra pública que no
cumplió con los requisitos básicos. Entendemos
que con la lluvia pertinaz que nos ha ocupado en estos días el pavimento se
daña; los pavimentos por lo general, cuando hay precipitaciones copiosas tienen
el problema de generar esos tremendos baches que son causa de accidentes, de
siniestros en nuestros vehículos y muchas pero muchas palabras altisonantes
para quienes ordenaron que se llevaran a cabo… pero nunca cuidaron la calidad
de éstos. Las
calles que en los meses de noviembre y diciembre fueron reparadas han sacado a
flote la mala calidad de los trabajos: es increíble que una administración
juegue con el recurso de los demás y se atreva a dejar como espejo las arterias
de la capital del estado, para luego, con la primera andanada de agua, que los
baches salgan a flote, como suele suceder con los tumores, infecciones y todo
lo que hace daño. Es
muy triste saber que quien manejó los recursos municipales pertenece a
honorables familias, porque la mala calidad de la administración está ahí,
presta para que todos sepamos o imaginemos cual fue el destino de los recursos
destinados para estas obras. Rumores,
chismes, dimes y diretes, pero de lo que sí estamos seguros es de que, o no se
hicieron los trabajos con la calidad prometida… o el dinero llegó a otras
cuentas. Encontramos
en la prensa nacional una noticia insultante, terrible, que nos muestra la
falta de capacidad de empresas nacionales y la falta de vigilancia de entes
oficiales: el edificio “inteligente” del Senado de la República: 2 mil 600
millones de pesos fueron invertidos en un monstruo que no cumple con los
requisitos de calidad y funcionalidad. Los miembros del Senado no hacen nada
por castigar a quienes se robaron el dinero del pueblo de México y entregaron
una reverenda porquería de obra. Las
cascadas de agua terminan con lo poco bueno que había dentro. De
igual forma, vemos otra noticia que habla de la afectación de más de 8 mil
familias en la entidad, producto de la intensa lluvia que hemos padecido –y
disfrutado, porque son más los beneficios- y que nos enseña los daños
ocasionados por la mala calidad de pavimentación, de urbanización y otras cosas
más. La
exigencia de quienes no tenemos injerencia en la administración y cosas de los
dineros del pueblo surge al escuchar todo lo que pasa cuando llueve. Urge,
pero verdaderamente urge, que las licitaciones de obra sean reales y se
contrate a quien garantice una buena calidad en el producto final. De nada
sirve “ahorrar” unos pesos para luego tener que reconstruir. Sale más caro que
nada, y siendo un país con pocos recursos, no se vale que se echen a la basura
en este tipo de adjudicaciones. En
tanto, habrá que tener mucho cuidado porque el agua, si bien es cierto que saca
a flote las irregularidades, momentáneamente tapa los tremendos baches que
vivimos a diario y ocasionan desperfectos. No
nos consta, pero mucha gente habla de la calidad de las nuevas oficinas del
gobierno, allá por el parque Bicentenario, o de las remodelaciones de
instalaciones de todos los sectores –escuelas, hospitales, oficinas en general-
que tienen goteras amenazantes con acabar con el equipo que hay ahí. Entendemos
que hay daños cuando llueve de la manera en que lo hemos vivido en estos días,
pero no entendemos que se juegue con los presupuestos de un gobierno, y que su
origen es la población. Nuestro propio dinero. Sabemos
que hay un programa de verificación de obra en la presente administración, y,
por la calidad de los que manejan este rubro y de quien gobierna, suponemos que
contaremos con buena obra, cuya depreciación será la normal. No olvidemos el
mantenimiento ni el orden. Procuremos
todos tener una mejor administración, exijamos honestidad, pero también,
hagamos la parte que nos corresponde. No hay que convertirse en cómplice de
quienes burlaron la confianza de administraciones oficiales, pasadas o
presentes. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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