No cabe duda que las personas somos especiales: tenemos una inclinación hacia la crítica de los demás, y no atendemos nuestros asuntos, propiciando una convivencia, como dicen por ahí, “de vecindad.
Por: Carlos Santamaría Ochoa20/02/2010 | Actualizada a las 16:18h
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No cabe duda que las personas somos
especiales: tenemos una inclinación hacia la crítica de los demás, y no
atendemos nuestros asuntos, propiciando una convivencia, como dicen por ahí,
“de vecindad.
Hemos recibido por la vía del correo
electrónico una presentación en la que se hace alusión al orgullo mexicano para
celebrar, tanto la Independencia como la Revolución en este 2010 que se significa
para los mexicanos.
Dice que debemos sentirnos orgullosos de
muchas cosas, y habla de que tenemos el segundo lugar mundial en obesidad
adulta y primero en infantil, que somos de los países con mayor índice de:
analfabetismo, inseguridad, desempleo, corrupción y muchas otras cosas más.
También destaca los logros deportivos y nos
compara con selecciones tales como Brasil, Alemania, Argentina o Italia, así
como sus participaciones en mundiales de fútbol y dice que somos los únicos que
hemos ido a muchos… pero nunca sido campeones. Habla de las medallas olímpicas exponiendo a
los Estados Unidos como lo más grande e importante.
Nos recuerda a los periodistas asesinados y a
los delitos que se cometen con completa impunidad, habla de crímenes y demás.
Halagador, ¿verdad?
En este sentido, nos exhibe todos los
problemas que tiene México, y hace notar que no tenemos nada que festejar, pero
que, bueno, como somos un país despreciable, apenas está, como dice la gente:
“el sapo para la pedrada”.
O sea, quien tuvo la iniciativa de preparar
la presentación se olvidó de algunas cosas interesantes. Veamos:
Cierto es que hay muchas cosas malas en el
país, sin embargo, no tenemos la podredumbre social de los americanos ni los
niveles de agresividad que se presentan en América del Sur, en algunos países,
o en África, donde realmente hay hambre en niveles superiores como el nuestro.
No es que tengamos a fuerza que consolarnos,
pero la verdad, habría que preguntar a ese genio que hizo la prestación, ¿Qué
ha hecho por México, aparte de criticarlo?
Somos bien especiales: criticamos al
gobierno, sea del nivel que sea, y todavía no llevan a sentarse en la silla
cuando ya les endilgamos el calificativo de “rateros”, “corruptos” y otros
similares; criticamos a los agentes de tránsito por recibir mordidas, pero
cuando nos detienen, ofrecemos “una lanita” para que nos dejen ir.
Vamos a un cine o teatro y vemos la forma de,
o no pagar o de ingresar violando una fila donde están todos los que, como
nosotros, han esperado el evento para apreciarlo.Tenemos
un gobierno malo y corrupto, pero damos mordida y gritamos, ofendemos porque
nos sentimos importantes.
Aquí
cabría la interrogación: ¿Y tú, que haces por México?
Porque
es bien fácil destruir, acabar con la reputación de un país o una persona.
Es
triste saber que la peor publicidad de México proviene de los sonidos que
emiten personas con lengua viperina, llenos de amargura, coraje y odio, que lo
único que quieren es que su comentario nefasto sea repetido para sentirse
orgullosos de haberlo emitido.
¿Es el
México que queremos para nuestros hijos?
Como
que ya era hora de cambiar el rumbo, de poner otro ritmo y ponernos a trabajar,
a hacer algo por cambiar.
En las
universidades públicas criticamos el influyentismo y el que muchos profesores
se corrompen a cambio de calificaciones, sin embargo, no somos capaces de no
faltar a nuestra clase y entregar lo mejor de nosotros mismos.
Decimos
que los peseros son unos auténticos salvajes para manejar, pero nos pasamos una
señal roja o violamos el límite de velocidad, porque nosotros sí estamos
calificados para ello, “no como esos animales”. O sea, justificamos nuestra
estupidez, pero criticamos los yerros ajenos.
Si
realmente queremos Hacer algo por México, pongámonos a trabajar y a no estar
tirados viendo el fútbol o le tele y criticando a diestra y siniestra.
Cierto
es que nuestros representantes del gobierno no nos dan muchas armas para
defenderlos, pero, si solamente criticamos, ¿A dónde iremos a parar?
Es
hora de actuar como mexicanos responsables y que tenemos un profundo amor a
nuestra patria, hacer lo que nos toca sin estar viendo si el de al lado ya lo
hizo.
Dejémonos
de estupideces, hay que comenzar a trabajar ese cambio que nos permitirá como
nación superar muchas carencias y problemas. Si lo hacemos todos, habrá un
importante cambio, sin duda alguna.
Es
hora de actuar como verdaderos mexicanos. No seamos cómplices de gente sin
quehacer que solo produce este tipo de molestas e indignantes presentaciones.
Recordemos que todos podemos propiciar un cambio si nos lo proponemos.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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