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Sección: Editoriales / Entre Nos

Un año sin el amigo

Por: Carlos Santamaría Ochoa 28/06/2011 | Actualizada a las 15:42h
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No dudamos que algunas autoridades estén trabajando eficientemente, aunque otras más hacen como que trabajan: llenan formularios, establecen metas a alcanzar sin importar si fueron posibles con eficiencia, pero los informes nos indican que están bien. Todo adecuado, cuando la realidad es muy distinta.
 
En el caso de la justicia, todos lamentamos haber tenido que llegar a la fecha que quisiéramos no recordar: 28 de junio, cuando el inolvidable amigo Rodolfo Torre Cantú nos dejó por consecuencia del atentado que cimbró no a Tamaulipas sino a México entero.
Uno de los grandes amigos se fue, el político, el doctor, el funcionario, el gestor… el ser humano.
 
Le conocimos cuando estudiante de medicina, haciendo su servicio de residencia en el Hospital General “Dr. Norberto Treviño Zapata”, y luego como coordinador de los servicios médicos del Banco de Crédito Rural del Noreste, cuando las oficinas del mismo se ubicaban en donde posteriormente se instalaría la Secretaría de Salud en la entidad siendo él el titular: la avenida Francisco I. Madero.
 
Tuvimos oportunidad de participar con las pláticas de diabetes a iniciativa de Rodolfo; el programa tenía intenciones muy ambiciosas que pretendían llegar a la población que requiere de este apoyo.
 
Ya como presidente del PRI tuvimos poco contacto con el amigo y político, aunque seguimos muy de cerca sus pasos dentro de esa actividad que, lejos de ser el conducto para que la entidad tuviera al mejor de sus hombres dirigiendo un proyecto ambicioso, humanista e innovador, fue la que ocasionó que nos dejara, a sus familiares, amigos y a todos los que tuvimos la oportunidad de tener trato con el hombre.
 
Posteriormente, como secretario de Salud, Rodolfo Torre Cantú se convirtió en el primer promotor de programas que tenían como objetivo principal el atacar las principales causas de morbilidad y mortalidad en Tamaulipas: diabetes mellitus, hipertensión arterial, problemas cardiovasculares, accidentes, adicciones y otros más.
 
Un gran hombre, en toda la extensión de la palabra, pero más importante aún, un gran amigo, un individuo con el que gestamos proyectos truncos que buscaban el bienestar de muchos. Los proyectos y planes de decenas de personas se quedaron ahí, guardados para otra ocasión.
 
La vocación del doctor Torre Cantú la conocimos muchos, y su dedicación hacia los demás tuvimos oportunidad de entenderla y en algunos casos, de copiarla para llevar beneficios a los que nos rodean. Esa era su mística de servicio y trabajo, aunque para él nunca se le pudo nombrar así a su actividad: “trabajo es cuando lo haces obligado a cambio de una paga, y no con las ganas de llevarlo a cabo”, dijo en alguna ocasión que le preguntamos si le gustaba su trabajo.
 
Enemigo de los formalismos exagerados, el doctor nos regaló, como muchos otros amigos, la oportunidad de valorar al ser humano, al estadista, al político y al médico, porque dentro de todo, supo hacer de su profesión un buen pretexto para servir a los demás.
 
Faltan resultados que pudieran tratar de convencernos de que lo que aconteció hace un año pudo haber sido aclarado. No importa quizá mucho ponerse exigentes con los motivos o los ejecutantes de tan condenable acción. Nada de lo que pudieran hacer –si es que se deciden a hacerlo- devolverá a Rodolfo y sus sueños para los tamaulipecos y sus familiares. Nada hará que sus hijos o su esposa vuelvan a escuchar su risa o sentir su mano. Nada de lo que pretendan vendernos como causas del delito nos ayudará. Nada, nada.
 
¿Qué nos queda? Recordar al ser humano en todas sus manifestaciones y pedir porque sus familiares, que sin duda son los que más resintieron el cobarde atentado, encuentren la tranquilidad para seguir viviendo y sirviendo, como les enseñó el doctor. Nos queda también esperar que las autoridades federales piensen como si Rodolfo hubiera sido norteamericano, porque entonces, ya hubieran dado con los delincuentes que le arrebataron la vida.
 
Recordar ese momento es triste para todos los tamaulipecos, y tenemos que aprender a vivir con él. No nos vamos a poder sacudir tan triste acontecimiento, pero podemos hacer algo por la memoria del amigo y del servidor:
 
Habrá que aprender a ayudar a los demás con la vocación que nos mostró siempre que acudimos por el consejo, el trámite, el apoyo o la propuesta; habrá que aprender a entender a los demás con sencillez, a tratar a la gente como tal, a ser más humanos cada día, y encontrar el motivo para servir y ayudar, para entregarnos sin distingo alguno hacia los que viven cerca de nosotros.
 
Habrá que aprender a vivir sin un buen amigo, y a tomar su ejemplo para que, alguno de nosotros pueda ocupar los sitios que tuvo Rodolfo, y entonces, con esa vocación de servicio, entregarse y entregar a los demás lo mejor de sí.
 
Recordamos con mucha puntualidad al doctor, y lamentamos la pérdida del amigo que se nos adelantó gracias a las manos criminales, aún sin ser objeto de la justicia.
 
Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx

Carlos David Santamaría Ochoa,

(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.

Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).

Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.

Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.

Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.

Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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