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Sección: Editoriales / Anecdotario

El abogado del Diablo

Por: Javier Rosales Ortiz 19/06/2011 | Actualizada a las 20:02h
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Pena da escarbar en la vida ajena, pero a veces no queda otro remedio.
Porque ahora la circunstancia lo amerita y por el bien de una indefensa mujer de la tercera edad y de la salud de las instituciones públicas.
 
Y se vale hablar de él porque se trata de un ex funcionario, aunque su labor no fue más allá de cargar maletas, de oreja y de organizar en su residencia comilonas a sus amigos alcaldes, de quienes soporto bajezas, extravagancias y rarezas.
 
Hasta el sexenio anterior trabajo en la Secretaria General de Gobierno y hoy es un desempleado que está desesperado y, eso, puede ser que haya alimentado su codicia, su incontrolable lujuria y una inexplicable sed de venganza.
 
Codicia, porque con escasos centavos en el bolsillo ahora se ha convertido en el fiel defensor de su verdugo, si, el hijo de una anciana que demandó jurídicamente a su vástago porque le “hizo agua” de su cuenta privada varios cientos de miles de pesos, cuando hasta semanas antes el abogado le confesaba que la veneraba, que era un ejemplo de mujer, casi su segunda madre.
 
De la consorte de este gris jurista la mujer de su defendido no la bajaba de gorrona, de intrigosa  y de paletosa, esto último, porque contaba complacida que se codeaba con la más rancia burguesía de Tamaulipas, entre ella la esposa de un ex gobernador a quien siempre tacho de adicta y de haberse convertido en la reina de la cirugía plástica.
 
De los hijos he hijas de la ex primera dama mejor no hablar, porque los detalles que la esposa del defensor aportó en público y en privado dan material suficiente para hacer una grotesca telenovela de esas que explotan sabroso el morbo ajeno.
 
Y es que es incomprensible la actitud de este abogado, porque su esposa fue víctima de los comentarios que hizo la mujer de su defendido, entre ellos que su hija sustrajo dinero de un bolsillo ajeno. Luego, también-la misma mujer-se jactó de que le robo una antigua máquina de cocer a la esposa del jurisconsulto, la cual  supuestamente puso a la venta.
 
Por si fuera poco la esposa de su defendido ya se gano el mote de “la mata viejitas de rancho”, porque anciana que toca con su mano, anciana que muere.
 
Lujurioso, porque circuló profusamente hace tiempo un correo en el que se acusó al abogado de manosear a menores en un centro de reclusión muy cercano a la capital de Tamaulipas y unos días después extrañamente dejo el cargo. Porque se le alertó a tiempo, pudo escapar con suerte y limpio del acoso de la prensa.
 
Pero su lujuria no acabo ahí, puesto que existe el antecedente de que la tristeza lo invadió cuando una novia pereció en un accidente de tránsito en un libramiento capitalino y luego cayó más en la depre cuando otra mujer que frecuentaba lo boto sin piedad, como lo hace con los desgraciados su colega la señorita Laura.
 
Este “defensor” es un estuche de monerías, porque hasta platicó que su amigo Oscar Luebbert Gutiérrez acudía seguido a su casa aquí y que era tan impúdico que en plena reja que da a la calle y frente a sus hijas se bajaba la cremallera para hacer sus necesidades fisiológicas ya punto briago. En ese entonces él comentó: “Ni hablar, el jefe es el jefe”.
 
Y si de ex alcaldes de Tamaulipas se trata, este excéntrico profesional del derecho siempre se acreditó que le hacía el trabajo sucio a Baltazar Hinojosa Ochoa, hoy diputado federal priísta, aunque nunca abundó en detalles por precaución.
 
Lo cierto es que ahora enfocó toda su furia en contra de una pobre he indefensa anciana y salta la pregunta sobre cual será el beneficio que obtendrá por haber ofertado su dignidad. Un nuevo par de  piernas o unas bragas de segunda, tal vez.
 
Por eso señor Gobernador, Egidio Torre Cantú, cabe la advertencia de que muy cerca de su oficina en palacio tiene usted a una empleada de lengua viperina a la que debe evitar porque le place desgarrar vidas privadas.
 
Debe saber, también, que hoy usted le hará un reconocimiento a la hija del defendido del abogado porque obtuvo una medalla en judo y que por ese motivo y por violenta en su escuela primaria ya la conocen como “La estrella del Bullying”.
Y don Jaime Morelos Canseco, se extiende a usted esta recomendación, porque a esa burócrata, a la esposa del abogado,  la tiene a solo unos pasos y lo puede salpicar con su veneno.
 
Más datos abundantes se tienen a la mano sobre este personaje a quien algunos insisten en compararlo físicamente con Benito Juárez, pero eso equivaldría a ofender sin piedad la memoria y la imagen del benemérito.
 
Porque este sujeto si es un verdadero “abogado del diablo”.
  Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com

Javier Rosales

Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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