Por: Carlos Santamaría Ochoa19/06/2011 | Actualizada a las 18:25h
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Cuando
somos pequeños soñamos muchas veces en enormes regalos: la autopista, el
juguete de moda, los videojuegos de hoy o inclusive, un “balón profesional”, de
esos que hoy por hoy son muy baratos, aunque antes no cualquiera podría aspirar
a tener uno. Vamos
creciendo y seguimos pensando en regalos. No podemos negar que nos gusta
recibir obsequios que denotan dos cosas: el interés de alguien por dedicar
algunos recursos a nosotros, pero lo más importante es, sin duda alguna, el que
conozcan nuestros gustos, nuestras cosas favoritas o cualquier otra cosa que
demuestra que somos importantes para alguien, cercano a nosotros por aspectos
familiares o afectivos. Hay
quienes sabemos agradecer y quienes no tenemos idea de cómo hacerlo o no nos
gusta, pero el agradecimiento siempre es importante: la idea de agradecer nos
surge desde pequeños cuando papá y mamá nos enseñan a dar las gracias por lo
que se recibe: al amigo, al tío, al abuelo o a Dios, con la ida en año viejo
para agradecer lo vivido durante 365 días. Somos gente que sabe agradecer y
valorar los tesoros que nos son entregados. Hemos
de hacer constar que somos de esas personas que caminan con una luz especial
que nos ilumina, nos protege y nos permite vivir contentos. Una sonrisa, una
canción, un gesto amable son parte de nuestra rutina. Convencidos estamos de la
generosidad del Ser Supremo para con nosotros: Nos
ha entregado una forma de vida –diabetes mellitus- que nos permitió
sensibilizarnos para compartir el conocimiento de esta enfermedad a través de
nuestra agrupación “Vive con Diabetes”, de los programas de radio, de nuestro
trabajo cotidiano y de nuestro deseo de apoyar a quienes, como nosotros, viven
con diabetes. No tenemos duda de que fue un regalo de Dios que nos ha permitido
acercarnos más a los nuestros, a nuestros semejantes, pues. Y
no conforme con eso, el Supremo Creador nos permitió experimentar la paternidad
con un maravilloso hijo que cuando nació, pensamos que no habría nada más
grande o similar. Cuán equivocados estábamos. Posteriormente,
nace Daniela y luego Dafne, dos maravillosos regalos de Dios que nos motivan a
ser lo que somos, a estar vivos… son el mejor regalo que nos ha entregado Dios
a cambio de nada, porque no hay aspecto o acción que pueda equipararse a este
enorme regalo. Somos afortunados, tenemos el mejor regalo de Dios. Los
hijos… las espigas, como constó en el libro “Diario del Camino” son lo mejor
que puede tener un individuo, sin duda alguna. Pero
no todo ha quedado ahí: nos ha permitido el Creador y la vida tener momentos
personales, familiares y profesionales únicos: llegar a la etapa en que nos
encontramos dentro de un proyecto académico de vida no es fácil y se agradece
por sobre todas las cosas. El
sueño de conocer ciertos lugares también ha sido concedido. ¿Qué más podemos
pedir a la vida? Si
en este momento nos llamara Dios y nos pidiera cuentas, tendríamos que hacer la
lista de lo que hicimos, bien, regular o mal, para someterla a evaluación, y en
contraparte, si nos dijera: ¿Qué te faltó que te diera? Sin dudarlo, la
respuesta sería “nada, me diste todo y más de lo que merecía”. No
tenemos duda, somos agradecidos con la vida, con Dios, con nuestra existencia,
porque experimentar los momentos con tres espigas a lo largo de venticinco
años, trece y diez años, ha sido la mejor y más grande experiencia. Corajes,
alegrías, tareas, viajes al cine, viajes de vacaciones, preocupaciones, enojos,
tristezas y desvelos, alimentos y vestuario… mil cosas se pueden vivir con los
hijos, y nunca completaríamos ninguna vida para tener esos minutos sagrados en
que convivimos y tratamos de conocerles, de compartir sus inquietudes, sueños,
frustraciones, amistades y amores; los hijos, para nosotros, son el mejor y más
grande regalo que Dios nos entrega en la vida que nos toca experimentar,
compartir y vivir. El
domingo se celebró en México el día del padre, y las llamadas telefónicas de
los tres nos llenaron la existencia. Más aún, cuando pudimos compartir la
comida y una maravillosa película. La tarde redonda nos permite dar un
testimonio de agradecimiento a ese ser divino que nos regala la experiencia de
vivir cada día en la manera que lo hacemos y con quien lo hacemos. Somos
convencidos de que la vida es generosa, de que, pese a lo que vivimos a diario
en este tiempo y país, en lo personal tenemos el mejor regalo: la paternidad,
pero una paternidad que se comparte con el amor filiar, con la manera de
entregarse de los hijos al padre, del padre a los hijos; esa forma de vida que,
cuando estemos cerca del final siempre recordaremos, porque ha sido la mejor de
todas las experiencias. Nada,
mi estimado amigo, se compara con el tiempo que vivimos con los hijos. Ningún
trabajo o actividad vale el dejar a un lado a los herederos, dejar de
demostrarles cariño o por problemas laborales desquitar nuestros enojos en
ellos. Son
lo mejor que nos entrega Dios, no hagamos que se conviertan en seres rencorosos
o vengativos, sembremos amor y agradecimiento en ellos, que seguramente lo
sabrán compartir más adelante, y cumpliremos la tarea sagrada que nos pide el
Creador: “dejad el mundo en mejores condiciones de cómo lo encontrasteis”, muy
bien citadas por Baden Powell, en su tiempo. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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