Por: Carlos Santamaría Ochoa17/06/2011 | Actualizada a las 17:01h
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La
verdad, no nos gusta quejarnos de las cosas que se vienen, que se presentan,
aunque de repente la realidad nos hace ser un poco pesimistas; las situaciones
de algunos tamaulipecos no han sido del todo buenas y están batallando para
sacar sus proyectos avante, un claro ejemplo lo tenemos muy cerca, en donde una
persona está en un tris de truncar su proyecto de vida porque las instancias de
apoyo cambiaron y no llegaron más.
Por otra parte, vemos con tristeza y una risa burlona a los candidatos del
Estado de México que están más preocupados porque la opinión pública sepa que
no se drogan que en proponer un gobierno de soluciones a los problemas. Esa es
la política de muchos. Otros, sin embargo, hablan poco, pero actúan y resuelven
las problemáticas que se vienen presentando a diario.
Claro, hay cosas que no se resuelven por falta de recursos, de oportunidades o
por otras razones. Lo importante, suponemos, es que se siga avanzando.
Los candidatos nos ofrecen muchas cosas: honestidad, trabajo, lealtad, pensar
en nuestra situación cada vez más crítica, en nuestra seguridad, nuestra salud
y demás… y nada: se olvidaron cuando se sentaron en la silla.
Cuando Salomón Rosas hizo el negocio del siglo con la administración municipal,
fuimos perjudicados los que trabajamos cerca del centro de la ciudad y los que
vamos a comprar algo a la calle Hidalgo. Pros y contras, pero el caso es que no
estamos de acuerdo en que Rosas se lleve 70 centavos de cada peso que nos roban
a través de los parquímetros.
Pero la cosa no paró ahí: hoy, terriblemente grotescos se levantan a lo largo
de nuestra otrora hermosa avenida Francisco I. Madero –el 17, para los de
fuera- los aparatos que se encargaran de jorobar a los ciudadanos para cobrar
el estacionamiento, so pena de sufrir la infracción correspondiente.
¿Dónde quedaron las promesas de la administración municipal? La economía de los
tamaulipecos –y los mexicanos en general- está mal pese a lo que dice el
precandidato Cordero y lo que afirma Calderón: no hay salario que alcance y
cada día nos cuesta más todo.
La autoridad y el Cabildo, uno a uno, han traicionado a la sociedad autorizando
más estacionómetros: hoy cobrarán por el 17, la Hidalgo, calle Morelos, Juárez
y las que cruzan.
Se ha convertido en un enorme negocio que perjudica a todos, menos a Salomón y
a unos cuantos.
Y se justifican diciendo que se requieren ingresos, pero no son capaces de
hacer cumplir la ley. Ejemplos: todos los días hay automóviles sin placas, con
placas americanas, con placas vencidas, y ninguno de los elementos de la
autoridad, desde el alcalde hasta el último de los agentes se siente con
autoridad suficiente para evitar que conduzcan en esas condiciones.
Se amparan en siglas fantasmas que solamente esquilman a los ciudadanos como
ONAPPAFA y UCD, entre otras, que cobran por una placa con falsas promesas,
porque NUNCA se van a regularizar esas unidades.
Pero los que han caído y los que lo hacen en forma abierta no pagan impuestos,
no pagan derechos. La autoridad teme –tiene pánico- por hacer cumplir la ley.
No tienen la autoridad moral ni la capacidad para detener a los que circulan
sin placas.
La ley es clara: se requiere pago de tenencia, derechos, placas y demás para
poder circular, y con todo el respeto para quien no lo hace: si no se puede
enfrentar las obligaciones, hay que dejar de gozar de los derechos. Dicho sea
en otras palabras: si no puedes pagar los impuestos del carro, no lo compres,
no lo uses y entonces emplea el transporte público –aunque es una sentencia de
muerte por el salvajismo con que se conducen-, pero eso sería ser justos.
El alcalde, cuando su campaña, así como sus colaboradores, nos dijeron que
habría un gobierno sensible, de cara a la gente, capaz de entender nuestras
necesidades, y ahora nos joroban quitándonos los sitios para estacionarnos.
Claro, no todo es así: los funcionarios municipales, como si fueran una especie
de dioses o gente de sangre azul, tienen sus calles exclusivas: Francisco I.
Madero entre Hidalgo y Morelos, entre otras, y nadie puede osar pararse ahí.
¿Qué tienen? Son ciudadanos comunes y corrientes, son personas, son
tamaulipecos como todos, son servidores públicos, pero pareciera que fueran
entes divinos.
No son una clase especial: son igual que todos los seres humanos y no deben
tomarse esas atribuciones. Siempre aplaudimos la humildad y sencillez del
alcalde en turno, su formación y la de sus cercanos más queridos, pero hoy, la
autoridad nos muestra que no hay la sensibilidad adecuada, que padecemos lo de
siempre: no nos permiten un respiro, pero ellos tienen todos los privilegios
para pararse donde les dé la gana.
¿Y la autoridad? Escondidos, incapaces de detener un automóvil que no porte
placas.
Que nosotros recordemos, en la campaña no quedamos en eso: hicimos compromiso
de votos contra derechos, de apoyo contra sensibilidad, y vemos que no nos
apoyan. Los parquímetros del 17 son, además de una aberrante muestra de
antiestética urbana, una “mentada de madre” para los ciudadanos que pagamos
impuestos y vivimos como cualquiera: en una casa normal, con un empleo normal,
y que no somos objeto de privilegios mesiánicos.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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