|
Sección: Editoriales / Juego de ojos
Fumer tue
Por: Miguel Ángel Sánchez de Armas
16/06/2011 | Actualizada a las 16:13h
|
La Nota se ha leído 1579 Veces
Fumar
es un vicio que no comparto y que me da miedo. Vi cómo un enfisema consumió a
la madre de uno de mis mejores amigos y mi padre murió de cáncer pulmonar. Un
querido compañero de cabina durante mis tiempos en la radio falleció joven
víctima del vicio… En verdad no tendría espacio para reseñar las historias de
horror asociadas al tabaco que he conocido.
La
Organización Mundial de la Salud calcula que cada año tres millones de personas
se van al cielo (o al purgatorio o al infierno, vaya uno a saber) muy contentas
entre el humo del cigarrillo. Otras fuentes colocan esa cifra en cinco
millones. En nuestro país cada día 150 compatriotas se pelan por su afición a
los Delicados, los Alas, los Elegantes y demás tubitos rellenos de hierba. En
otras palabras, fumar es más peligroso que el crimen organizado. Si pensamos
que esta manera legal de matar a la gente genera miles de millones de dólares
en ganancias e impuestos, es tiempo de considerar la legalización de las otras
drogas igualmente dañinas.
Me parece tonto que jóvenes y viejos, lerdos e
iluminados, se regodeen en un placer que los llevará a la tumba después de
asestarles una lista de males más larga que la Cuaresma. El cigarro es el único
producto mortal que garantiza por escrito sus cualidades y que cada día se
vende más. Incluso personas cuidadosas, de las que leen con lupa la letra
pequeña de los contratos, que tiran a la basura los productos que caducaron
hace dos días y corren a la procuraduría del consumidor a la más leve sospecha
de que malévolos comerciantes los quieren timar, apartan la vista de las
advertencias en las cajetillas de tabaco a la hora de echarse un pitillo. A los
anuncios sólo les falta una calaca con huesos cruzados, pero eso no detiene a
los consumidores.
¿Será
que la publicidad se apodera de las mentes débiles? Unos se anuncian como “El
cigarro de los hombres fuertes”; otros asocian el veneno con los aires del
campo y la vida sana de los rancheros; hay compañías que no sólo intentan
vender su producto sino que además ofertan felicidad, descanso, belleza, glamour,
juventud, excitación y buen desempeño sexual. O sea, ¡el humo sí aniquila las
neuronas!
Hace
poco estuve en una conferencia junto a una mujer joven, bella y de semblante inteligente
que no dejó en paz una cajetilla de Gauloises estampada con un letrero en rojo
que decía “Fumer tue” -que en el idioma de Víctor Hugo significa “fumar mata”.
Hicimos conversación. Me armé de valor para una prueba sociológica y viéndola a
los ojos le pregunté si estaba de acuerdo en que el uso del condón bloquea el
placer sexual además de que es pecado y lleva al infierno. Me miró de arriba
abajo y apenas alzó una ceja antes de espetarme con una sensual voz ronca de
fumadora: “¿Está usted loco? ¡No usarlo es peligrosísimo!” Luego encendió otro
cigarro, sin duda para atenuar la impresión causada por mi imprudente
sugerencia.
Hay
en la condición humana misterios que escapan a mi comprensión. Por ejemplo, que
una mujer tenga seis hijos con el tipo que la golpea desde la noche de bodas; o
que un hombre con doctorado soporte humillaciones públicas de un jefe que no
terminó la primaria; o que trabajadores especializados se dejen conducir como
ovejas por zafios y corruptos líderes. Parecería que la estupidez es uno de
nuestros descriptores. En el aeropuerto de Singapur hay un depósito de basura
con un enorme cartel que en todos los idiomas invita a tirar cualquier
estupefaciente antes de pasar la aduana, ya que en ese país la introducción y
tráfico de drogas se castiga con la pena de muerte. “Y pese a ello”, me dijo un
funcionario, “todos los días llegan dos o tres que creen que pueden burlarnos”.
Además
del mal aliento, la dentadura destruida y la carraspera, el tabaco es causa de
cáncer en laringe, pulmón, boca y estómago; presión alta y cardiopatías. Y a
quien le parezca sensual presentarse a la Bogart en la cita amorosa, resulta
que contrario a la fantasía cinematográfica el cigarro es un eficaz inhibidor
de la libido, además de –ojo señoritas y señoras- causa eficiente la aparición
de arrugas prematuras.
Pero
digamos que usted es un anacoreta o un cartujo y que lo erótico le vale un
cacahuate. Entonces quizá le impresione saber que cada año mueren en el mundo
más seres humanos por causa del tabaco que por la combinación de Sida, alcohol,
sobredosis de drogas, asesinatos, suicidios, incendios y accidentes aéreos y
automovilísticos. Millones de personas literalmente hechas humo. Tan sólo en
Estados Unidos, en donde tienen cifras muy confiables, se estima que han
perecido más fumadores que soldados en todas las guerras en que ese país ha
participado en la historia. Y créame, los gringos han estado en muchas.
Y si
esto tampoco le importa, entonces tal vez le interese saber que si en lugar de
haberse fumado dos cajetillas diarias durante más de veinte años hubiese
utilizado ese dinero en comprar acciones de las grandes tabacaleras, ahora
mismo podría jubilarse con una pensión millonaria. ¿Le vale? Bueno, por lo
menos cuando fume hágalo alejado de quienes no lo hacen, especialmente de los
niños, porque se ha demostrado que los fumadores pasivos también estamos
propensos a terribles enfermedades.
Quizá
lo único positivo acerca del cigarro -además de las enormes fortunas que ha
dado a unos cuantos- es su acción esencialmente democrática. La hierba no
discrimina. De cáncer por tabaco mueren por igual viejos, jóvenes, bellas,
feas, pobres, ricos, famosos, anónimos, genios e idiotas. Recuerdo el caso de Peter
Jennings, el notable conductor de ABC News, llamado “la voz del mundo”: murió
víctima de cáncer pulmonar a los 67 años. Y eso que hacía 20 había dejado de
fumar.
Como
dice un slogan antipublicitario, “Donde hubo tabaco… cenizas (de muerto)
quedan”.
Profesor
– investigador en el Departamento de Ciencias Sociales de la UPAEP Puebla.
15/6/11
Si
desea recibir la columna en su correo, envíe un mensaje a: juegodeojos@gmail.com
|
|
|
Ultimas Columnas del Autor
|