Por: Carlos Santamaría Ochoa14/06/2011 | Actualizada a las 15:55h
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Todos,
absolutamente todos los individuos pensamos que las leyes deben respetarse y
que han sido desarrolladas en un afán de los mismos seres humanos por lograr
una convivencia pacífica y cordial, sin afectar a los demás pero sin dejar de
percibir lo que son nuestros derechos. En alguna
ocasión, Monseñor David Martínez Reyna dijo que si el ser humano acatara los
diez mandamientos no habría necesidad de otras leyes, y explicaba cada uno de
ellos y las razones por las que suponía que, respetando estos ordenamientos, el
hombre –y mujer- no tendría problema para convivir pacífica y armónicamente. Las leyes
existen, aunque muchos pensemos que han sido creadas para vejarse, violarse,
para no respetarse, y en el ámbito de tránsito la entidad tiene reglamentos que
poco o nada de observan, por la apatía de las autoridades municipales, porque
los elementos de tránsito no quieren –o no pueden- hacer que se cumplan, porque
somos muy “influyentes” todos, más en Victoria, para que nos levanten una
infracción, o simplemente, como dicen en las calles, porque nos vale ma… Lo mismo todos
los días: infinidad de automóviles que no tienen placas al corriente, es decir,
circulan con juegos de láminas de varios períodos de antelación, o que circulan
sin ellas, con placas de Texas o simplemente, se pasan años obteniendo gracias
a sus amigos los famosos permisos que no son más que un memorándum que avala la
falta de cumplimiento de la ley. En España, por
citar un ejemplo, no puede circular un vehículo sin placa ni seguro; de las
agencias salen “emplacados” y con su póliza, so pena de que si llegan a
circular sin los requisitos mínimos, hay multa para el propietario y para la
agencia que bien puede ser hasta clausurada. Las sanciones son fuertes, duras,
ejemplares. Y aquí, con unos
pesitos lo arreglamos o con una firma de los cuates que están en la presente
administración. Esa es la
aplicación de la ley en los municipios y lo sabemos perfectamente. Hay voces
que critican el hecho de que se pretenda obligar a la gente a circular
legalmente y piensan que es anticonstitucional porque violan sus garantías
individuales. No entendemos cuales, porque circular fuera de la ley no es
garantía de la Carta Magna. En los Estados
Unidos no se le ocurra pararse en un sitio para discapacitados porque no se
acaba la multa y sanciones que son bastante ejemplares. Aquí, se dice que no
puede entrar la autoridad porque se requiere de una denuncia del propietario,
en este caso, del estacionamiento y que son las mismas tiendas de autoservicio.
Lo anterior nos deja una conclusión: no importa lo que pase en la ley, podemos
infringirla tranquilamente porque los dueños de las tiendas temen perder
clientela. Esos son los
pasos que nos están llevando a una anarquía total, a la falta de respeto por la
ley y los demás. Otro ejemplo ya
citado con anterioridad: en la zona centro cualquier casa, consultorio, negocio
o lo que sea pinta de azul el frente de sus propiedades para que ni usted ni yo
nos podamos estacionar. En la calle Francisco I. Madero, frente a la Secretaría
de Salud, resulta que la mayoría de los habitantes de Victoria son
discapacitados y todos tienen azul en sus puertas. ¡Vaya egoísmo y
arbitrariedad!. Distinguidas y
“honorables” familias hacen uso de ese recurso, burlándose de los demás, de la
autoridad y haciendo gala de su influyentismo. Ya en una ocasión pedimos al
secretario del Ayuntamiento se hiciera una revisión a estas concesiones
periódicamente, para que, si ya no hay tal discapacitado, se quiten los colores
azules. Hay casas –el colmo de colmos- que mandan construir rampa en todo el
frente aunque no haya cochera, y piensan que por eso no podemos pararnos ahí. No tiene la culpa
el indio, sino el que lo hace compadre, y en ese tenor, la autoridad municipal
ha fallado totalmente a los ciudadanos que votamos por ellos –o que no, pero
que somos igual de ciudadanos- y ha permitido estas arbitrariedades. ¿Hasta cuándo se
podrá meter orden? Algunos justifican su falta de cumplimiento a la ley
asegurando que se paga mucho de derechos de placas y tenencia. Fácil: si no se
puede pagar el impuesto correspondiente, que se venda el carro y se ande en
transporte colectivo, pero de que la ley debiera aplicarse, no tenemos duda
alguna. Estamos cansados
de tener conciudadanos abusivos, arbitrarios, ventajosos que solo piensan en
ellos mismos, que pintan sus casas con color azul y ponen la placa de personas
con discapacidad, en una franca y abierta burla. Ojalá hicieran el
censo, que castiguen a los mentirosos que hacen uso de este “privilegio” y nos
permitan tener donde estacionarnos a los demás. No es válido que
la autoridad haga un sospechoso silencio en este tenor. Que entren a los
estacionamientos públicos por ley, y a los abusivos, sean los que se estacionan
en lugares especiales o los que tienen esos lugares frente a sus casas, les
apliquen una muy ejemplar sanción. A ver si así
entienden lo que es cultura cívica, honestidad, honorabilidad y sentido ciudadano,
porque en esas materias, están reprobados. Pareciera que hay
más discapacitados que personas sanas en la ciudad, al menos, por las manchas
azules en las calles. Y la autoridad, ¿hará algo por hacer cumplir la ley? Lo
dudamos, para ser honestos, pero no perdemos la esperanza. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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