Por: Javier Rosales Ortiz12/06/2011 | Actualizada a las 19:33h
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Ubicada por un cibernauta como una de las
siete maravillas de Ciudad Victoria, Tamaulipas, junto con el Centro Cultural y
el complejo Tamaholipa, la Torre
Gubernamental tras su construcción en la famosa época de la Revolución Verde
fue objeto de diversas críticas. Por obra de la casualidad, en mis años de
estudiante en la UNAM,
se me acerco una compañera de grupo chaparrita, algo regordeta y de gruesas
gafas y me pregunto de qué parte de Tamaulipas era. “De Ciudad Victoria”, le
contesté. Ella era una mujer nativa del D.F., que
tenía fama de amable, de inteligente, pero también de incisiva y, así, como una
ráfaga me dejo ir el siguiente comentario: “Todos aquí de Tamaulipas solo nos suena
Tampico y hasta creíamos que era la capital”. “De ciudad Victoria sabemos que es
un pueblo más”. Y prosiguió con la charla, mientras que yo
me conserve sereno, moreno. “Pero bueno, haber si ahora que mi hermano construyó
la Torre Gubernamental,
a la orilla de un río tu pueblo despega, se le conoce nacionalmente y empieza a
sonar”. El nombre de ella era Victoria Aguilar
Maravillas, quien se ostentó como la hermana del arquitecto que edificó esaobra en el gobierno de Enrique Cárdenas
González. Por supuesto que ha un provinciano no le
place que alguien confunda a su tierra con un pueblo bicicletero, sin atractivo
y, sobre todo, casi sin nombre. Nos hicimos amigos y en una ocasión “Vicky”
me confesó secretos sobre la construcción de la Torre de Cristal, uno de
ellos que fue edificada en terreno muy blando y que por lo tanto tendería a
hundirse y a inclinarse con el paso del tiempo. Y los años transcurrieron y la obra allí
está, viendo pasar el tiempo, como La
Puerta de Alcalá. Claro que la Torre ha sido objeto de ajustes,
de remodelaciones desde un inicio y tras el paso de las décadas, pero desde su
lugar y bien erguida, sigue en su calidad de vigía del ritmo y del progreso de
Ciudad Victoria y de sus pobladores. Y narro esto porque ahora la Torre del Parque Bicentenario
está en boca de todos y adolece de las mismas críticas que la otra que en su
tiempo le dio vida a nuestra capital por vistosa, por moderna y por útil. Se podrá decir de esta nueva obra que se
inauguró a un ritmo apresurado, sin planeación y sin prever precauciones, pero
lo cierto es que todo edificio arroja defectos aunque la haya construido el
mejor arquitecto. En un edificio de ese tamaño es obvio que
se tenga que invertir y lo que no se vale es que a estas alturas quienes
estuvieron en el juego y que se desgastaron en alabanzas y en caravanas para
Eugenio Hernández Flores, ahora le lancen dardos por la espalda, con lo que le
atribuyen un valor exacto a la palabra malagradecido. No me sorprende, por el contrario compruebo
lo que ya creía, que la falsedad de aquellos que acompañaron a Eugenio a
inaugurar la Torre Bicentenaria,
que en la última planta compartieron con el ex gobernador el pan y la sal y que
en público lo hartaron con adulaciones como si fuera un maharajá, es digna de
cuidado. Y ya lo dijo aquí el líder nacional del
PAN, Humberto Moreira Valdez, cuando un periodista le pregunto que si metería
las manos al fuego por el ex mandatario: “Qué paso, ya no sean gachos con Eugenio.
Hasta diciembre pasado hablaban muy bien de él y a unos meses ya lo masacran”. Pero bueno, esos son rasgos de la
hipocresía y de la reacción de quienes sufren amnesia, lo que sí se debe de reconocer
es que Eugenio transformó a Victoria y la arrastro con fuerza hacia la
modernización con obras diferentes para que nuestra ciudad ya luzca un buen
nombre y que no sea confundida por cualquier hijo de vecina. Con un pueblo inhóspito y bicicletero. Así, o más claro. Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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