Por: Carlos Santamaría Ochoa10/06/2011 | Actualizada a las 15:14h
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No
es el título de una novela, ni nada por el estilo; México tiene dentro de sus
instituciones oficiales y privadas algunas instancias que realmente dejan mucho
que desear: se aprovechan del ciudadano y le “clavan el diente” para sacarle lo
más posible de sus recursos. Cuando comenzó la guerra injusta y unilateral
entre las televisoras y las empresas de Carlos Slim, se escribieron muchas
cosas, y todos sabemos que el problema de fondo es que el señor Slim se ha
convertido en una competencia real y una amenaza seria para los intereses de
Televisa principalmente, lo que la ha orillado inclusive a aliarse con TV
Azteca. Presionaron
a las empresas del Grupo Carso con los dineros de la publicidad y han motivado
a alguna autoridad a que no le otorgue la concesión al hombre más rico del
mundo de algo que ellos sí tienen, es decir, se comete una enorme injusticia
contra el hombre poderoso, empresario y visionario mexicano. Claro que no todo
es como uno quisiera: en el grupo de referencia existen instancias o compañías
cuya intención principal pareciera que es la de quitar el dinero a la gente en
forma por demás ilegal. Telcel es el másclaro ejemplo de ello. Resulta
que le cobran a usted algunos minutos de más, que supuestamente se pasó según
aseguran los muchachitos que, pomposamente se llaman “ejecutivos” y que no
sirven más que para contestar el teléfono y tardar una eternidad en tratar de
resolver un problema por el que les llamamos. Pasan los minutos y ellos, en sus
eficiente sistemas computacionales, nos hacen perder, al menos, unos 20
minutos. La eficiencia en su antítesis más importante, sin lugar a dudas. Ahora
también se atreven a cobrar un seguro que con toda certeza está usted pagando y
que le llaman Rescatel Plus, mismo que es manejado por una institución
bancaria-Inbursa- propiedad del mismo
grupo, para que todo el dinerito quede “en familia”. Hable y pida que le quiten
alguno de estos cargos y tiene que marcar una y otra vez, instancia tras
instancia para que finalmente le digan: “tiene que llevar a un centro de
atención un oficio”. Son finos, no cabe duda. Y
en los centros de atención del país entero, hay que formarse por espacio de
horas para ser atendido por otros pobres muchachos ataviados con saco y corbata
y que también fueron engañados con la idea de que son “ejecutivos” para
atención al cliente. No saben muchas veces tratar personas, y se empeñan en
hacer trámites pequeños en intervalos de tiempo enormes. Esa es la realidad de
la telefonía celular propiedad del hombre más rico del mundo. Triste es la
realidad, porque el mencionado empresario es una persona con una nacionalidad
tremendamente arraigada, que gusta de apoyar a México y tiene un sinnúmero de
programas sociales que, sin embargo, no funcionan a cabalidad por estos
detalles tan nefastos. Y
no solamente las empresas del señor Slim tienen sus “prietitos del arroz”, sino
que hay otras que se dedican también a cargar importes de más a sus clientes y
los que no son. Las
arrendadoras de automóviles ubicadas en el aeropuerto de Reynosa tienen su
responsabilidad en el caso de que a veces hacen cargos extraordinarios y
pretenden que los arrendatarios las paguemos. Si no está usted listo en estos
menesteres, cuídese, que le quitan su dinero. Entra uno a la página web de
estos negocios, hace su reserva y le otorgan inclusive el número de la misma;
posteriormente, al entregar el vehículo es cuando sacan esos cargos “extra” que
no estaban agendados ni contemplados. Es por todas las cosas similares que nos
decepciona enormemente el estar en una nación donde la corrupción es pan de
todos los días, y lo que es peor: muchos dicen que “así somos los mexicanos,
qué le hacemos”. O sea, ¿hay que conformarse con ser tramposo? Las
formas de preparación personal adoptadas en la familia están lejos de ser lo
que fueron para nuestros abuelos, padres y muchos de nosotros mismos: hoy
tenemos que manejar otro tipo de conducta, buscando consentir a los hijos y
tratando de que no se vayan a enojar, porque vienen las consecuencias. Todos
los que nos jactamos de ser mexicanos y compramos la camiseta del Tri, los que
vemos esos partidos contra Cuba o Costa Rica, debemos hacer un gran esfuerzo
por erradicar la trampa y el cochupo de nuestras vidas. México lo necesita, sin
embargo, si no hay una respuesta adecuada de quienes son afectados, nunca
cambiaremos. Es por esa razón que tenemos que revalorar lo que somos y lo que
tenemos, para encontrar el pretexto necesario que nos permita vivir adecuadamente,
honestamente y sobre todo, con dignidad, que es algo que se ha venido perdiendo
en prácticamente todos los rincones de nuestra geografía. Insistimos en que es
responsabilidad de cada uno de nosotros. Hay que actuar, para mejorar, y no hay
más camino que el que decimos. Comentarios:
entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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