Por: Javier Rosales Ortiz09/06/2011 | Actualizada a las 16:44h
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Me place sentarme en las mesas de la orilla
porque me puedo reír a mis anchas.
Desde ese lugar se rompe con la solemnidad porque uno puede hablar de lo que desea
sin poses, sin cuidar las formas.
Nada de que no pongas los codos sobre la mesa, no hagas ruido al masticar y
tampoco con los cubiertos, como acostumbra la aristocracia.
Así sucedió durante el rico desayuno que ofreció a los periodistas de Ciudad
Victoria la Presidenta
del Congreso de Tamaulipas, Guadalupe Flores Valdez, para festejar el Día de la Libertad de Expresión, una
mujer firme, siempre pulcra, atenta y respetuosa, porque sabe que quienes
trabajamos en los medios se parten el alma para desarrollar una labor que en
ocasiones es ingrata y en otras más muy peligrosa.
El local de Plaza Mariana estaba repleto, lo que significa que el llamado que
hizo el área de Comunicación Social del órgano colegiado que comanda el buen
amigo José Luis Castillo Gutiérrez y su eficiente equipo tuvo buen efecto,
porque los periodistas sabemos que una invitación de ese tamaño no se
desperdicia, más aun cuando se trata de compartir el pan y la sal con Lupita y
disfrutar de su presencia.
Los diputados que estuvieron presentes fueron distribuidos en distintas mesas y
en la nuestra fue asignado el neolaredense, Héctor Martín Canales González, un
joven legislador que no había tratado y quien en un principio se comporto
caballeroso y algo serio, pero al ritmo de la plática con los periodistas se
fue acoplando al sistema y terminó por levantar el dedo en señal de aprobación.
Junto con él y frente a un sabroso platillo compuesto por un tamal de hoja de
acelga, rajas y frijolitos completaban la mesa Mary Jaramillo, Lily, Eduardo
Oviedo, Paco Mata, Víctor Muñiz, Héctor Sandoval y un servidor y más allá los
diputados Antonio Martínez, Oscar Almaraz Smer y Manglio Murillo Sánchez,
hacían lo propio.
No es por nada, pero nuestra mesa fue la más ruidosa con las carcajadas que
escapaban espontáneas y, cómo no, si el grupito de periodistas nos tomamos un
buen tiempo para destrozar la reputación de los políticos del pasado y para
recordar anécdotas, algunas de ellas de color rojo profundo.
El diputado inició la plática y quería conocer a fondo el trabajo de un
periodista, pero en la medida en que transcurrían los minutos su rostro pasaba
de un color a otro a la velocidad de la luz, sorprendido por las palabritas y por
las palabrotas que aderezaron los diferentes temas.
El legislador, algo tímido, preguntó: ¿Qué piensan de Nuevo Laredo?. “Donde
está eso”, le contesté.
Paco Mata no perdió la ocasión y ofreció su aportación: “Te acuerdas cuando en
una gira de un gobernador el autobús de prensa entro directo a la zona roja de
Nuevo Laredo?. Sí cómo no, si ya era de noche y todos los periodistas nos
distribuimos por distintos antros”, le dije.
¿Recuerdas que en la puerta de uno de esos lugares estaba amarrado un burro?,
insistió Paco. ¿Uno burro?, preguntaron las muchachas. “Si, lo utilizaban para
un show muy encendido que yo presencié”, comentó el camarógrafo.
El, narro con detalle las peripecias que hizo el burro en escena y luego aceptó
que cuando llego al hotel se tiro con ropa a la alberca. ¿Con todo y burro?, le
pregunto Héctor Sandoval.
Eran, aquellos, tiempos de bonanza y no de caras largas que son presas de la
desesperación, por eso los temas fueron fluyendo solos.
Al despedirnos le pedimos al diputado que legisle para que el show del burro se
eternice, porque quienes no lo vimos
podemos morir de curiosidad.
Perdón, Lupita, por esto, pero temas tan colorados nos relajan, nos hacen reír
otra vez y olvidar por unas horas que vivimos en una tierra de nadie.
Y gracias por este ágape que permitió el rencuentro entre los amigos y por
informarnos que el Congreso bajo su liderazgo alcanzo ya el 77 por ciento de
productividad.
Y, también, por soportar nuestras ocurrencias, por inocentes que sean.
Y por comprobar que sigue siendo usted una mujer rodeada de luz.