Por: Carlos Santamaría Ochoa08/06/2011 | Actualizada a las 14:19h
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Decía la canción
de Chava Flores que interpretaba magistralmente Pedro Infante: “Mira Bartola/
ahí te dejo esos dos pesos/ pagas la renta/ el teléfono y la luz/ con lo que
sobre/ coge de ahí para tu gasto/ y guardas el cambio/ para echarme un alipus. Chava Flores es
conocido como el mejor compositor del llamado folklore urbano, sus letras
retrataban una realidad del México de hace más de cincuenta años. Murió el
compositor e intérprete, pero su legado ha quedado para todos. Y como podemos
ver, el tema del salario mínimo siempre ha sido motivo de debate: en tiempos
del siglo pasado muchos se quejaban de que no alcanzaba al igual que ahora.
Resulta inverosímil e irresponsable decir, como lo hace el secretario de
Hacienda de apellido Cordero que hoy alcanza para más. El individuo en
cuestión aseguró el pasado lunes que por primera vez en décadas el poder
adquisitivo del salario mínimo está creciendo en México, y lo que alcanza para
comprar hoy es más que en la década de los ochentas cuando el poder adquisitivo
se contrajo un 50 por ciento y en los noventa un 20 por ciento. Naturalmente,
líderes obreros, que tampoco viven con el salario mínimo y tienen privilegios
económicos insultantemente prolíficos, salieron en defensa de los más de 50
millones de mexicanos que vivimos con un sueldo pequeño para una economía
grande. Según
funcionarios federales como Cordero o Lozano, de Trabajo y Previsión
Social, solamente el 3 por ciento de los “cotizantes” (así llaman a los
empleados pobres) gana un salario mínimo, es decir, somos un país en boga, que
no tiene problemas económicos en sus familias; los padres de familia somos
mentirosos al afirmar que el dinero que ganamos no nos alcanza, y mentimos
también al asegurar que antes comprábamos más despensa y, mandado que hoy. Qué interesante
sería que el secretario Cordero saliera de la burbuja polarizada en que vive y
pudiera darse cuenta de cómo viven en Zacatecas, Aguascalientes o Guanajuato,
donde la mayoría de los hogares depende de la madre porque los jefes de familia
emigraron y viven de indocumentados para poder mantener a los suyos. Qué
interesante, también, sería que el secretario Cordero visitara alguna tienda de
autoservicio y, carrito en mano, surtiera la despensa de su casa –residencia,
pues- y se diera cuenta que la papa, el plátano, la uva y sopas de pasta se han
incrementado en su coste en forma significativa, cuando los salarios suben
únicamente 2 o 3 por ciento anual. El ejemplo más
claro lo tenemos en la tortilla, que costaba 10 pesos el kilogramo y hoy
pagamos 12 pesos, es decir, 20 por ciento más cara. Que supiera también que un
refresco costaba 7 pesos y hoy cuesta 8.50, que significa más del 21 por ciento
de aumento. Si tuviéramos
oportunidad de hacerlo, buscaríamos a los diputados federales para que en un
acuerdo de pleno exigieran a los titulares de las secretarías de estado dejar
de emitir comentarios o declaraciones irresponsables, plenas de mentiras y
falacias que pretenden engañar a la población y ofenden la inteligencia ciudadana. Federico Ovalle,
de la Central Independiente de Organizaciones Indígenas y Campesinas –CIOAC-
se enojó y aseguró que el kilogramo de tortilla ha sufrido un incremento
de 87 por ciento entre 1981 y 2011. Por su parte, el
investigador de la Universidad de Chapingo Emilio López Gámez, según
información del diario El Universal, indicó que en 1981 se compraban 8.3
kilogramos de frijol con un salario mínimo cuando en 2011 se compran solamente
3.2 kilogramos; con el huevo pasa lo mismo: se compraban 6.9 kilogramos y hoy
solo alcanza para 3.13 kilogramitos. Pagaba un asalariado del mínimo 16.34
litros, y hoy paga solamente 5.32 litros. Podríamos
mencionar muchos ejemplos más, pero suponemos que no es necesario, dado que
todos los que trabajamos y no pertenecemos a esa élite sabemos que el
responsable (¿) de las finanzas en México no tiene la menor idea de lo que
cuesta un bolillo o algo más. Tamaulipas tiene
una economía difícil pero no como en otras entidades: acá el poder adquisitivo
no resulta tan grave a pesar de que muchos nos quejamos porque cada vez ganamos
menos, porque pagamos más por la gasolina, el gas y productos de la mal llamada
“canasta básica”. No podemos
quejarnos todo el día y todos los días: hay que buscar alternativas de ingreso
para nuestras familias, propiciar que haya mejores condiciones para que el
empleo sea mejor remunerado, sin embargo, para que esto suceda debe haber
inversión en la entidad, debe proliferar el establecimiento de empresas como
sucede en nuestro estado, y de esa forma, aunado a la garantía de seguridad
para empresarios, empleadores, comerciantes y prestadores de servicio,
podríamos considerar que haya más oportunidades para nuestros jóvenes recién
egresados –un grave, muy grave problema- y también para quienes no somos ya
jóvenes y tenemos la tarea de mantener a una familia, que hemos sido marginados
por mil y una razones, y que las oportunidades laborales han disminuido,
dejándonos condenados a vivir en un estado de extrema pobreza, de dificultad
siquiera para cubrir nuestros gastos y mantener dignamente a nuestras familias. Todos tenemos
derecho a vivir dignamente, y eso, sinceramente, el señor Cordero no lo ha
pensado siquiera. Lo bueno es que ya quedan únicamente 18 meses, y entonces
México se repondrá de estas cosas. Sería saludable
que dejen de compararse con los “70 años anteriores” y se pusieran a trabajar
en bien de los 110 millones de mexicanos. Comentarios: entrenos@prodigy.net.mx
Carlos David Santamaría Ochoa,
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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