Por: Javier Rosales Ortiz05/06/2011 | Actualizada a las 18:26h
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Se fue físicamente hace casi un año, pero
su esencia sigue entre nosotros. Y es que él fue un ser que si estaba
bordado a mano y es por eso que con tan solo pronunciar su nombre se ponen rojos
los ojos, tiemblan las manos y no se desliza rápido la saliva por la garganta. El ya no está aquí pero una vez más fue la
estrella del evento y se llevo el día como lo hacen los grandes, aquellos que a
su paso cosecharon cariño, admiración y respeto. Fue en el mismo lugar y a la misma hora cuando
aun en vida levantaba las manos al cielo porque fue postulado como candidato al
Gobierno de Tamaulipas y días después, su cuerpo permanecía rígido en un
féretro ante el cual su pueblo lo despidió y le rindió tributo. Si, fue en el Polyforum de Ciudad Victoria,
ese monstruo de varillas y de concreto que muchas veces lo abrigo, que dejo que
retumbara su voz y que permitió que tocara su suelo con esos botines color piel
que prometían imponer moda. Ese lugar donde este domingo Norberto
Mireira Valdez, líder nacional del PRI, se comprometió a trabajar todos los
días para que se esclarezca su asesinato, frente a la apatía de un gobierno
federal que atrajo extrañamente el caso y el que no se ha dignado siquiera a divulgar
una nota sobre este crimen. La sola mención de su nombre provoco que
miles de personas se incorporaran de su asiento, que gritaran fuerte “Rodolfo,
Rodolfo” y que aplaudieran durante varios minutos para mantener vivo el
recuerdo y la imagen de aquel que fue un líder potente, agradable, risueño y
juguetón que dejo un hoyo tan enorme como un cráter, por eso nadie lo va a poder llenar. Con aplomo, casi con coraje, Norberto le
exigió una respuesta a la federación, si a esa que en unos días es capaz de
esclarecer los asesinatos de funcionarios extranjeros que pasean por México y
de hijos de activistas y de otros a base de las presiones populares, de las
maldiciones y del coraje. Y allí, en ese mismo lugar, su hermano, el
Gobernador de Tamaulipas, Egidio Torre Cantú, grito que el pueblo exige
respuestas sobre este suceso y que su tolerancia está por agotarse, por eso
nadie se deben confundir. Y si, en el Polyforum, estaban todos sus
amigos con caras tristes como Blanca Valles, Gabriel de la Garza, Cecilia Robles,
Lupita Flores, Blas Gil, Jorge Abrego, y Enrique de la Garza, entre otros, y sus
numerosos amigos de la prensa que no lo olvidan y quienes con sus aplausos lo
veneran. Pero allí también estaban las cabecitas de
algodón, esos viejecitos que apenas pueden gritar su nombre pero hacen el
esfuerzo y los jóvenes, si aquellos, que con esa energía que los caracteriza
nunca pintaron su raya para apoyarlo, para presumir que el PRI tenia un
excelente candidato y que ahora también exigen justicia. La tan deseada presencia del líder del PRI
nacional en Tamaulipas fue fructífera, porque por un lado Norberto dejo escapar
por su boca lo que todos querían escuchar acerca del asesinato del Doctor
Rodolfo Torre Cantú, un caso que parecía enterrado, y por el otro le inyecto vida
a un partido que ya merecíade ese
cariño fuereño que es tan necesario. El Polyforum lució abarrotado y el PRI
ahora puede presumir que ya recobro el paso y que en Tamaulipas son los tres
colores de la bandera los que pintan el rostro de la mayoría del pueblo. Le dio, Norberto, una bocanada de aire
fresco al PRI de Tamaulipas y a los que bien recuerdan a Rodolfo les regalo una
esperanza, de esas que dicen que nunca muere. El, Rodolfo, sigue entre nosotros y así lo
demostró. Y a nosotros, solo nos consuela el
recuerdo. Correo electrónico: anecdotariorosales@hotmail.com
Javier Rosales
Columnista en Tamaulipas. Su columna Anecdotario es publicada en diversos medios de comunicación.
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