Por: Carlos Santamaría Ochoa02/06/2011 | Actualizada a las 17:35h
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Después
de sus desafortunadas declaraciones ante la opinión pública y posteriores
reivindicaciones, flaco favor le hace el secretario de hacienda mexicano
Ernesto Cordero al rechoncho Agustín Carstens al apoyarlo para ganar la
dirigencia del Fondo Monetario Internacional. El funcionario nacional ha
manifestado públicamente el apoyo a la candidatura de quien ocupó la
titularidad de las finanzas mexicanas.
Hoy, el secretario Cordero ha perdido la muy poca credibilidad que tenía, al
anunciar que México no es un país de pobres ¿Dónde vive el individuo? ¿Nunca ha
viajado hacia San Luis Potosí o al cuarto distrito tamaulipeco?
Mienten los funcionarios de cualquier nivel que aseguran que en México se
combate a la pobreza con éxito. Las políticas del gobierno federal y algunos
gobiernos estatales dicen lo contrario, y los resultados saltan a la visa: hay
más pobres que nunca, y si en sus alegres cuentas tienen menos personas muertas
de hambre es porque ya son únicamente recuerdo o porque han dejado esta vida
como producto de los “daños colaterales” que tanto publicita el presidente de
la República.
En el caso de Cordero, ya hace unas semanas se atrevió a abrir la boca para
afirmar que en México una familia vive perfectamente con seis mil pesos, aunque
nunca precisó si eran antes o después de haber cubierto sus necesidades.
De todos es sabido que hay una crisis económica en la nación y que la más
afectada ha sido la anteriormente llamada clase media, hoy por hoy, clase baja
con unos pocos privilegios.
Los ricos, y suponemos que estos datos no los tiene el secretario Cordero,
siguen siendo ricos y serán por muchos años, gracias a la inteligencia con que
han manejado sus negocios, empresas o porque han sabido aprovechar sus puestos
de elección popular y dentro de cualquier administración pública. Todos sabemos
quién ha sabido desprender de los presupuestos oficiales lo suficiente como
para darse una vida de rey, llenos de lujos y otras cosas que ni tiene caso
mencionar. Vemos todos los días a los “nuevos ricos” que se pasean impunemente
por el país ante la complacencia de las autoridades en turno: todos asumen una
sospechosa complicidad que ofende al pueblo mexicano.
Los pobres… esos siempre serán pobres, dicen algunos, y es que es el grueso de
la población que no sabe lo que es gastar 15 pesos en una tienda de
conveniencia para comprar una bolsa de papas fritas o algo por el estilo. Se
les critica mucho, pero son una enorme mayoría.
La clase media es la que ha sido estrangulada desde tiempos de Luis Echeverría
hasta nuestros días, incluyendo los años de la “decena trágica” cuando México
ha visto reducido su número de habitantes en forma drástica por causa de una
inútil y estéril guerra a nada y a nadie, que solo en la demagoga forma de
conducir discursos se pretende hacer creer que estamos ganando.
La realidad de nuestro país la desconoce el señor Cordero, quien ahora asegura
que hay menos pobres, y nosotros volteamos rápidamente la vista hacia los
estados de Guanajuato o San Luis Potosí, donde la miseria aflora por las
cunetas de las carreteras y tiene rostros: esos personajes que, llenos de
manchas y tierra en sus rostros ofrecen plantas desérticas, víboras y hasta uno
que otro pájaro de rapiña para que lo llevemos como mascota. Esos cientos de
miles de pares de ojos negros y brillantes, ansiosos y tristes que a diario nos
recuerdan que la revolución ha hecho justica a unos cuantos, y que quien llega,
en su nombre, a ocupar algún cargo, vive más que como rey, con todo tipo de
lujos y comodidades, olvidando, como ya desayunaron, al que sigue en ayuno
permanente, por su condición de pobre o un poco más: de muerto de hambre.
Cordero no tiene una jodida idea de lo que es salir, por ejemplo, en ciudad
Victoria, a unos 43 o 44 grados de temperatura, a pie para esperar en el
Boulevard uno de esos ataúdes virtuales con llantas que pomposamente se llaman
peseras y que son un tributo a la permisividad y la ineficiencia en los
sistemas de transporte colectivo. No sabe Cordero lo que es estar formado a las
dos de la tarde esperando un pollo rostizado en la banqueta, en la fila… en el
“fresco” de nuestras calles.
Es natural que tampoco sepa el señorito Cordero lo que es tener sed y no poder
beber agua embotellada porque no tenemos para pagar el garrafón, o que veamos a
nuestros hijos padecer hambre, no tener el uniforme escolar completo o carecer
de medios para salir a pasear –que no vacacionar- aunque sea durante una
jornada laboral.
También entendemos que el titular de SHCP no haya entendido lo que la palabra
“pobre” significa, y que piense que los únicos pobres que hay en el mundo son
los que no ganaron la Champions o los que no llegaron a tiempo al concierto a
donde fueron nuestros hijos.
¡Vaya! Cordero no tiene la menor idea de lo que es el México inseguro, pobre y
difícil que vivimos a diario, sin tener cobertura de servicios básicos que
están garantizados en la Constitución, no sabe lo que es levantarse con miedo
porque cuenta con más de medio centenar de guardias a su servicio, únicamente
personal.
Lo grave es que este pollino pretende ser presidente de México… Uno fue
bastante torpe, el segundo… terco, mentiroso y falaz; el tercero….Por favor,
¡no! Un tercero no lo aguanta la nación y sus pobladores.
(México, D.F., 1957) Licenciado en Relaciones Públicas, Maestro en Trabajo Social y maestro en Comunicación; Doctor en Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (Galicia, España). Diplomado en periodismo y en locución ( U.A.T.) Periodista desde el año de 1979.
Jefe de fotografía del periódico El Heraldo de México (1979).
Ha colaborado en los diarios locales El Mercurio de Tamaulipas, El Diario de Ciudad Victoria, La Verdad de Tamaulipas y en revistas como Poste Restante, A quien Corresponda, entre otras. Fue corresponsal del diario El Nacional, de la revista Época de México y de radio grupo ACIR. Fotógrafo profesional desde el año de 1978.
Fue jefe de prensa del Instituto Estatal Electoral en Tamaulipas y del Hospital General de Ciudad Victoria. Actualmente se desempeña como profesor de periodismo y fotografía en la licenciatura en Ciencias de la comunicación, en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, donde también colabora como investigador.
Es presidente de Vive con Diabetes, A.C., dirige y conduce el programa de radio Al Día en Radio UAT.
Recientemente publicó su primer libro: Diario del Camino, Unidos por la Diabetes.
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